martes, 29 de diciembre de 2009

Hoy Soy 2009


Se me acaba la mecha y estoy abatido por el trato que he recibido por parte de los medios de comunicación, los políticos y bastantes ciudadanos en estos instantes finales de mi existencia. Pasaré a la historia como un año nefasto y creo que no me merezco tampoco tanto. Cierto es que no he aportado bonanza económica en términos absolutos y que el paro se ha disparado pero me produce desasosiego ese contagio de pesimismo que ha invadido todos los rincones del país. Ese regocijo que nos produce la recreación de las miserias propias y ajenas me provoca vómito. Este año, bajo mi mandato, habéis visto como bajaban las hipotecas y el precio de las viviendas, habéis comprobado que la gripe A no era tan mortífera como os indicaron las autoridades sanitarias, habéis aprovechado, queridos papás, los 20 día de baja por maternidad, os habéis esperanzado con la firma del Tratado de Lisboa, habéis disfrutado con la victoria del Barça en la Champions o de España en la Copa Davis e incluso, probablemente, habéis sonreído con el puñetazo en la jeta a Berlusconi. Esperáis como agua de mayo la llegada de mi compadre 2010 convencidos de que con él llegará un cambio de ciclo. Y llenáis vuestras felicitaciones navideñas con frases del tipo “Ójala el nuevo año sea mejor que el que ahora acaba”, dejando al destino las decisiones que en el fondo os pertenecen a vosotros. Despojaos de esta capa de oscurantismo, valorad lo bueno que os he aportado a lo largo de estos 365 días y dad la bienvenida a mi primo sin más pretensiones que las de vivir el día a día con cierto grado de optimismo. Y si España no gana el Mundial de fútbol de Sudáfrica no imploréis de nuevo al destino y acabéis , otro año más, resumiendo que también ese año ha sido un desastre. La vida os pertenece, queridos humanos. Disfrutadla porque cuando llegue 2080 todos los que ahora estáis leyendo este texto seréis ceniza. Y eso sí que es para estar jodido.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Hoy Soy Hermann Tertsch


No gano para pijamas. Durante mi reciente intervención televisada desde la cama del hospital en el que me recupero de mi supuesta agresión se me escapó un pedo de derechas. En el preciso momento en que esa inesperada flatulencia conservadora se desprendió silenciosamente de mi ojete, yo echaba mierda sobre Wyoming, al que he culpado desde un inicio de ser el instigador moral de la paliza que recibí en un bar de Madrid una noche de copas.

Noté que ese tufillo pestilente, propio de aquellas ventosidades que se pegan a la prenda y permanecen allí largo rato, se extendía por la habitación como una mancha de aceite. Pero yo, en ese instante, no tenía ojos para mi ojete. Estaba en otros menesteres: “Nos veremos en los tribunales”, recuerdo que acerté a decir en clara alusión al presentador de “El Intermedio”, al que considero responsable moral de mis dos costillas rotas, a pesar de no tener ni puta idea de cómo ocurrieron los hechos.

Pensé que lo peor ya había pasado. Estaba a punto de finalizar mi primer editorial televisado de “Diario de la Noche” desde que estoy hospitalizado cuando noté de nuevo que algo se removía en mi estómago. Alcancé a amenazar a la audiencia con un ”En enero cuenten conmigo. Hasta Pronto” y se produjo la gran explosión. Como si mi ano se hubiera asustado por lo que acababa de escuchar, una gran flatulencia resonó entre las cuatro paredes de la sala.

Cuando cortaron la emisión, decidí cambiarme el pijama. He de confesar que no me costó nada porque, a lo largo de mi vida profesional, he estado muy acostumbrado a cambiar de chaquetas: antes de entrar en nómina en la cadena de mi amiga Esperanza Aguirre, pasé veinte años como periodista de El País, tres de ellos como subdirector y jefe de Opinión de ese diario. Para desempeñar estas funciones hace falta un grado de integridad moral y de compromiso con una ideología -progresista en este caso- que me he pasado por la entrepierna. Chaquetero, me llaman.

Y, vista mi capacidad para llenar de mierda, sin pruebas, a alguien que se gana las lentejas con algo tan fascinante como el humor, también podéis llamarme pijamero.

Feliz Navidad.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Hoy Soy Tiger Woods


"Coge bien el palo con las dos manos y mete las bolas en los agujeros". De esta forma tan simple aprendí a dominar un deporte que ha acabado haciéndome millonario y terriblemente popular. Siempre he llevado esta máxima hasta sus últimas consecuencias porque nadie me avisó, siendo aún un niño, que la frase se circunscribía exclusivamente a los campos de golf. He sido consecuente con este principio vital y lo he aplicado con rigor en bares de carretera, clubs de alterne, casas de citas y puticlubs: durante años he agarrado fuertemente mi palo y he sido capaz de meter mis dos bolas en, al menos, una decena de agujeros fuera del Green.
Durante el día, las cadenas de televisión retransmitían mis logros bajo la mirada de satisfacción de mis patrocinadores. Por la noche, los focos de neón eran testigos de mis fechorías bajo la sonrisa canalla de las madames, que se frotaban las manos ante mi torrente de efusividad sexual (algunos diarios aseguran que me he dejado varios millones de dólares en putas). Y, al llegar a casa, agotado de tanto hoyo, besaba con ternura a mi mujer a y mis dos hijos. Como si nada, olé mis huevos.
He decidido tomarme un largo periodo de reflexión, aparcando el golf por tiempo indefinido. Dicen los medios de comunicación que lo hago para tratar de reconducir mi vida marital, recuperar a mi mujer -que ya ha hecho las maletas- e intentar salvar un matrimonio que hace aguas por todos los lados. Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que me voy a ir un tiempo a vivir a Italia. Allí, su primer ministro (ese tipo sin nariz) defiende a los infieles, promueve el adulterio y anima a la fornicación. El paraíso, vamos.
He apostado por un palo largo para esta nueva aventura transalpina. Mi mejor especialidad es un Approach (golpe de aproximación) seguido de un contundente Back Spin (golpe con efecto de retroceso). Se van a cagar estas latinas.

martes, 15 de diciembre de 2009

Hoy Soy Silvio Berlusconi (segunda parte)


¡¡Cómo está el patio, señor!! Ser político en un país occidental en el siglo XXI se está convirtiendo en una tarea poco menos que heroica. Hace unos meses a mi colega y gran amigo, George Bush, le tiraron un zapato y casi le rompen la crisma. Yo creo que le salvó su afición a la bebida en su juventud. De tanto ir doblado, supo esquivar el zapatazo que, de haber logrado su objetivo, le habría obligado a comer sopitas una buena temporada.
Eso es poco más o menos lo que me va a pasar a mi en los próximos meses. Comer sopas... bueno y, supongo, algún coño, que en estos menesteres nunca le he hecho ascos a nada.
Lo que más me preocupa, sin embargo, es saber si la jeta se me quedará como un mapa de carreteras comarcales o podré volver a lucir mi palmito por los foros internacionales. A mis 73 años me importa un nabo hacer política pero no puedo renunciar a mi afición a seducir a jovencitas. Precisamente por esto, la jugarreta de Massimo Tartaglia, el perturbado que me lanzó la réplica del Duomo, me tiene enfurecido. Siempre me quedará el consuelo de saber que no me lanzó a los huevos el crucifijo de escayola que también llevaba en su mochila. Por ahí ya no hubiera pasado: que me toquen la tocha, me jode, pero que me dejen sin mi fábrica de espermatozoides me hubiera parecido el colmo.
En fin, quiero dejar claro que nadie se merece estas actitudes violentas, pero no es menos cierto que nuestras políticas neoliberales, que han fomentado la crispación y el enfrentamiento de las clases sociales, no han ayudado demasiado. Tal vez sea momento de reflexión, Señor Rajoy y Señor Zapatero. Sería una pena que tuviera que invitarles a mi mansión a comer sopita caliente porque un energúmeno les ha lanzado una réplica en bronce del toro de Osborne.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Hoy Soy Belén Esteban


Año nuevo, napia nueva. Que sí, que la mía la tengo hecha un cromo. Las malas lenguas afirman que me meto mucha farlopa. ¿faaarla yo? A los que van de listillos por la vida les quiero decir que me he operado la tocha p´abrir mis agujeros nasales. Aire, ha de entrar mucho aire, pa respirar. Que presuntamente luego también entren otras cosas no le importa a nadie. No te digo.
Yo soy una madraza. A mi Andreita que no se le acerque nadie. Por ella, mato, vamos que si. Y por ella, me he operado el narizón. Pá que esté muuu orgullosa de su mami.
Me han ofrecido la gran oportunidad profesional de mi vida: presentar las campanadas de año nuevo. Ahí es nada. Y con la maricona loca de Jorge Javier. Joé, que dúo, caguen la leche. El próximo 31 de diciembre, deseando a los españoletes un feliz año, estrenaré tocha.
Sólo espero que no me ocurra lo que a Berlusconi. Tanta pasta gastada en liftings, estiramientos y retoques, para que luego llegue un chalao, le lance un souvenir a la jeta y le parta la tocha. Si algún día alguien me lanza un objeto, quiero que sea un trozo de mierda. Nada refleja mejor la televisión pestilente que hacemos personas como yo bajo la mirada cómplice y maloliente de los directivos y programadores de Tele5 (por cierto, propiedad de Silvio, el hombre con la cara rota)
¿Y qué puede hacer una tipa como yo el primer día de 2010 con una nariz nueva? Pues, qué coño, meterme un tiro de medio metro pa celebrarlo. Uy, perdón, que yo no me drogo. Aire, coger mucho aire por la nariz.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Hoy Soy Larry Ochs


He pasado toda mi vida - estoy a punto de jubilarme- tocando aquí y allá mi saxo y ofreciendo, junto al grupo Rova Quartet, del que soy fundador, mi peculiar versión del Jazz, revisando clásicos y aportando una lectura diferente a este género. Soy de Nueva York y durante más de cuatro décadas he actuado en todos los rincones del planeta. El último de ellos, Sigüenza.
Y lo que viví hace unos días en esta pequeña localidad castellana aún me mantiene en estado de shock. Poco antes de mi última actuación, el pasado 7 de diciembre, un espectador consideró que mi música no podía definirse como jazz sino "música contemporánea". Y tuvo los santos cojones de denunciarme, alegando en la hoja de reclamación que mi aportación al jazz estaba "contraindicada psicológicamente por prescripción facultativa".
Hasta aquí todo suena a cachondeo: a un tipo se le va la olla y trata de denunciar al músico. La cosa no tenía que haber ido a más. Borrón y cuenta nueva: una palmadita en la espalda al cafre en cuestión y una invitación a que se vaya a su casa a escuchar algo de house.
Sin embargo, lo verdaderamente glorioso, aquello que, de verdad, convierte a España en una república bananera, es lo que ocurrió a continuación: una pareja de la Guardia Civil se plantó en la sala y me sometió a un juicio sumarísimo para determinar si era o no jazz aquello que salía de mi saxo. Insisto (para que aquellos que aún se frotan los ojos): un tipo con pistola y tricornio me instó a que tocara el saxo con la intención de enjuiciar mi música. Y ese señor uniformado determinó, con su coeficiente mental de rana saltarina, que no, que lo que yo he hecho durante más de 40 años sobre los escenarios de medio mundo no es jazz. Tal vez otra cosa pero no jazz. No se le movió ni un pelo del bigote al pronunciar su dictamen musical.
Oye, aceituno sin cerebro, ¿qué te hubiera parecido si me presento una mañana en tu cuartel y te pido que te metas una bala de tu cartuchera por el culo para conocer el tamaño de tu ano? Y luego diagnostico que no, que no puedes ser guardia civil porque para formar parte de un cuerpo que lo da todo por la patria hay que tener el ojete del tamaño de una moneda de euro.
Nunca una localidad definió tan bien al agente que supuestamente la custodia: SiNVERgüenza


martes, 24 de noviembre de 2009

Hoy Soy James Partridge


Llegas a casa reventado tras un agotador día de trabajo. Abres la nevera, te enchufas un sandwich y te tumbas en el sofá. Coges el mando y vas directo a Channel Five, presentado en horario estelar por Natasha Kaplinsky, una exuberante rubia que cada noche te la pone dura contando las noticias. No debería ser así porque la tipa tiene como única misión relatar los hechos acontecidos durante la jornada: que si un atentado en Afganistán deja una docena de fiambres, que si el precio de los tomates ha arrastrado al IPC, que si un constructor de Alcobendas -o de Cambridge, poco importa- ha vuelto a ser pillado infraganti con una bolsa de basura llena de billetes, que si Irlanda ha puesto precio a la cabeza de Thierry Henry. Pero tú no dejas de quitarle los ojos a esta muñeca cuyos labios inferiores (esos que no se ven) te cuentan muchas más cosas que los superiores.

Y de repente, el 16 de noviembre aparezco yo en escena, sentado en el lugar de Natasha, y trato de poner patas arriba todo el sistema. Durante una semana he ocupado su silla en el plató de Channel 5. Desfigurado tras un accidente de circulación cuando tenía 18 años, mi careto se parece más al campo de fútbol del Villarobledo tras un botellón de fin de semana que a un rostro propio de un hombre normal. Esta cara de hombre elefante me ha llevado a presidir en la actualidad la ONG Changing Places, que representa a medio millón de personas en el reino Unido con deformidades en su cuerpo.

Todo este cambio forma parte de un experimento para evaluar los prejuicios de la audiencia. ¿Qué es lo realmente importante: una buena apariencia o los contenidos informativos? En fin, el eterno debate entre el fondo o la forma.

Aunque gane esta batalla, soy consciente de que la guerra está perdida....y me alegro. Sara Carboneros, Pilar Rubio, Helena Resano, Beatriz Montañez o María Zabay no pueden estar equivocadas. Los atentados en Bagdad siempre serán mucho más llevaderos si nos los cuenta Cristina Saavedra en lugar de José María Carrascal.


lunes, 23 de noviembre de 2009

Hoy Soy Thierry Henry


La mano con la que acaricio a mis hijos, con la que hago una paja a mi chica, con la que me masturbo (cuando no le hago una paja a mi chica) o con la que me afeito por obra y gracia de mi patrocinador, Gillette, me ha traicionado. En sólo un segundo metí mano a mi libreta de “juego sucio” y envié a Irlanda al infierno por la puerta de atrás, echándole, de paso, una mano a mi país. Soy un canalla cuya acción resume las miserias de un deporte que dejó de serlo hace mucho tiempo para convertirse en un espectáculo donde sólo importa el dinero y la gloria.

Trataré, por unos segundos, de rebobinar: doy el pase de gol con mi mano y una vez la pelota en la red, me acerco al árbitro y le susurro al oído que he hecho trampa, que el gol no vale, que anule la jugada. En ese instante me gano el cielo, me convierto en un héroe a ojos de toda Irlanda, de los amantes del fair play, de los utópicos, de los idealistas. A ojos de mis hijos. A ojos de los millones de niños a los que día a día se les inculcan valores de respeto por el contrario, de que lo importante es jugar, divertirse. A ojos de los presentadores de los informativos de medio planeta, embelesados por una reacción tan impropia de un jugador como loable. Y en el mejor escenario posible: jugándose un billete para participar en una cita mundialista. Resulta alentador.

Pero dejo pasar el tren. Escondo la mano y corro a abrazar a mi compañero. Francia me rinde pleitesía y yo, una ficha más en este circo pestilente, espero a que pase el tiempo y cicatricen las heridas del juego sucio. Hasta Zinedine Zidane, experto rompenarices, sale en mi defensa alegando que no hay para tanto. Tuve una opción irrepetible de demostrar que la integridad de un ser humano debería estar por encima de los intereses deportivos. Ya tengo mi “mano de cera” en el club de los tramposos, junto a la de Maradona. Otra oportunidad perdida.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Hoy Soy Josep Mediñà


Decía Aristóteles que la más excelente de todas las virtudes es la Justicia. Me imagino que el tipo, desde su duplex con vistas a la Acrópolis, nunca vivió una experiencia tan surrealista como la mía. Hace casi un año y medio que no puedo entrar en mi casa porque unos intrusos la ocuparon cuando yo estaba de vacaciones con mi familia. No es una broma. Al regresar a mi hogar - ese espacio inviolable en el que uno guarda las fotos de familia, los cromos de la infancia y los recuerdos de viajes - la cerradura había sido cambiada. Dentro, un grupo de okupas se había hecho dueño y señor de mi cama, de la habitación de mis hijos, de mi vida.
16 meses después la Justicia no ha sido capaz de desalojarlos. Sigo pagando la hipoteca, la luz, el agua, el gas. Pero en vez de poseer y disfrutar aquello que me pertenece, el espacio está ocupado por unos desaprensivos que incluso nos han dado de baja del padrón para ser ellos los nuevos empadronados. Y, para convertir definitivamente este drama en un vodevil surrealista, un juez acaba de rechazar el desalojo de estos usurpadores argumentando que carecen de recursos económicos. No, no es una broma propia de un guión juvenil de una serie de terror americana. Esta historia inverosímil ocurre en Barcelona en pleno siglo XXI.
En Estados Unidos, la Constitución ampara al propietario de una vivienda que descerraja un tiro al tipo que ha entrado en su casa. Nunca he apoyado estas formas extremistas de preservar la propiedad privada pero, en este caso, me gustaría acceder con un fusil de asalto a MI vivienda y no dejar a un solo canalla con vida. Hoy, más que nunca, desearía hacer una libre interpretación de las palabras del escritor francés Jean de Bruyere: "Una cualidad de la justicia es hacerla pronto y sin dilaciones; hacerla esperar es una injusticia". ¿Alguien me puede dejar un rifle y media docena de balas? Prometo devolverlo sin dilación... y sin las balas, claro.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Hoy Soy André Agassi


No me toquéis los cojones que los tengo más pelados que mi calva. ¿A qué viene escandalizarse de esta manera? Que si mis declaraciones han hecho mucho daño al tenis mundial, que si debo ser sancionado, que si me han de dar un castigo ejemplar. Vaya, vaya con estos mojigatos puritanos. Podía no haber publicado nunca mi biografía o haberlo hecho de manera parcial, recortando esa parte de mi vida. Pero no. He cogido el toro por los cuernos y he contado que me puse hasta las trancas de metanfetamina, un potente psicoestimulante sintetizado en Japón hace ahora un siglo.
Poco importa si publico "Open", mi libro autobiográfico, por dinero, por placer o porque sencillamente me sale de los huevos. Lo único cierto es que siempre acaba escandalizando a todos aquellos hipócritas que defienden la bandera de la moral frente a cualquier hipotética perversión del ser humano. ¿Sólo vale encontrar a Maradona con los ojos fuera de si tras un atracón de farlopa o a Marco Pantani definitivamente cadáver para explicar que a veces el exceso de fama y dinero nos hace más vulnerables ante los placeres de la droga? Qué coño. Yo me he adelantado y he explicado que durante un año me puse morado de "cristal" no con la intención de ganar torneos si no de ganar una batalla librada contra mi mismo. Y salí. ¿Hay alguien ahí que pueda entenderlo sin echarse las manos a la cabeza?
Eso sí, lo de jugar con peluca la final de Roland Garros en 1990 es otra historia.

jueves, 29 de octubre de 2009

Hoy Soy Schwarzenegger


Fuck you. Repito: fuck you. Que os jodan. A muchas personas les resulta complicado aceptar la obviedad de ser manipulados por su subconsciente. Pero el estímulo de lo invisible no pasa desaparecibido para las grandes agencias de publicidad, que cuelan intencionadamente sus mensajes. Yo, como gobernador de California y, sobre todo, actorucho de películas facturadas por la rama más casposa de la industria de Hollywood, he recogido el guante y he puesto a mi servicio tan loable maquinaria de mensajes subliminales.
Traté durante años de meterme en el bolsillo al público estadounidense fabricando películas bélicas y algún pasable producto de acción. Lugo di el salto a la política con la firme intención de convencer al electorado de que los gays no tienes los mismo derechos que los heteros, que la pena de muerte es un bien necesario. Mi herencia es esta, qué le vamos a hacer.
Ahora he vuelto a demostrar mis dotes de guerra sucia, con una carta a los miembros de la Asamblea del Estado de California en la que veto una ley por razones que ahora no vienen al caso. Una lectura vertical de la primera letra de cada una de la decena de líneas de la misiva pone de manifiesto la verdadera intención de la carta: se lee claramente "Fuck you" (que os jodan). Poco importa la esencia real del texto. Me quedo con esta ordinariez, tan propia de personajes como yo, que ridiculiza a todo el poder legislativo de mi país. Pronunció en una ocasión el humorista Perich una frase ciertamente ingeniosa: "La prueba de que en Estados Unidos cualquiera puede llegar a presidente la tenemos en su presidente". Me aplico el cuento.

lunes, 26 de octubre de 2009

Hoy Soy Susan Boyle


Arggg!!!!! Lo que es la vida. Durante años me he entretenido ojeando Heat y Closer, cuyos equivalentes en España son publicaciones del estilo de Cuore y ¡Qué Me dices! Decenas de famosas enseñando pelos del sobaco, lamparones en sus vestidos D&G, resbalones desternillantes, sucias bragas de encaje bajo ceñidos pantalones , granos del tamaño de una nuez cubriendo sus rostros, miradas perdidas y celulitis bochornosas. Todo vale en el universo del corazón menos piadoso. Me he reído a carcajadas comprobando que Paris Hilton se saca los mocos como todo hijo de vecino, que a Kate Moss le gusta la farlopa más que a Maradona o que Britney Spears tiene más trasero que Falete.
Pero esta semana el destino me ha pagado con la misma moneda. El domingo me tocó cantar en el intermedio del partido que los Celtics, el equipo de mi sueños, jugaba contra el Hamburgo. Y allí, uno de esos fotógrafos capaces de retratar lo imposible dejó constancia de su profesionalidad.
Salí de casa esa mañana con los primeros pantalones que encontré en el armario. Y no me los abroché. ¿Para qué? pensé en su momento. Ahora las publicaciones del corazón de medio planeta y los medios digitales del mundo entero se parten la caja y hacen caja con mi supuesta patética imagen: brazos en alto, portando la banderola de los Celtics, dejo al descubierto mi grotesca pancha. Junto a ella, una cremallera a medio abrir. Arggggg!!!!!
Algo, sin embargo, me distingue de toda esta colla: me importa verdaderamente un bledo enseñar mis bragas. Que les den.

martes, 13 de octubre de 2009

Hoy Soy Romell Broom


Hay que ser chapuceros. En el paraíso de las armas, en el Olimpo de los asesinatos, en la cuna de los pistoleros, media docena de matarifes profesionales, amparados por unas leyes que defienden la pena de muerte, no han sido capaces de acabar con mi vida. 18 pinchazos necesitaron estos profesionales de la muerte para tratar de aniquilarme. Más de dos horas tratando de encontrar una vena donde clavar la mortal aguja, como aquel alpinista que corona el pico del Everest y clava con ilusión la bandera de su país para dejar constancia de su proeza. Incluso, ante la dificultad para lograr su propósito, me animaron a que me relajara, haciéndome participe de esta "fiesta de la sinrazón". Sólo lograron que llorara desconsoladamente deseando que todo acabara lo antes posible.
Esa jeringuilla preparada para la ocasión con algo de barbitúricos de acción rápida en combinación con un producto químico paralizante es una triste metáfora de los contrastes vitales de un país como los Estados Unidos.
El 15 de septiembre tenía que haberme ido al otro barrio por obra y gracia de las leyes del Estado de Ohio. Pero aquí sigo, de momento, vivito y coleando, a la espera de que alguien reflexione con algo de cordura sobre los propios límites de algo tan absurdo como la pena de muerte.
Si me han de matar, digo yo, al menos que no me hagan sufrir. Porque si el temor a la muerte es algo comprensible, mucho más lo es el temor al sufrimiento. Y no existe ni un sólo país en el planeta, por muy retrógradas que sean sus normas, que dé cobertura legal el dolor como paso previo a la muerte. ¿Salvo los Estados Unidos de América? Insisto, hay que ser chapuceros.

viernes, 9 de octubre de 2009

Hoy Soy Silvio Berlusconi


Ché sta succedendo? Io sono il rei de tutto este sarao y nadie me va a quitare el trono. Uy qué dolor de huevos me está entrando, por cierto. Ministro, dove sono le ragazze? que me traigan ya a dos velinas, las más cerdas de la República, que necesito con urgencia que me la chupen un rato mientras pienso qué fare con el cisma institucional que tengo abierto.
Buscaba a toda costa una inmunidad frente a las atrocidades cometidas en mis dos mandatos como presidente del gobierno y por eso elaboré unas leyes a medida. Pero el Tribunal Constitucional ha echado por tierra mis planes. Y por aquí no paso. Io no sonno una merda, io sonno il Cavallieri !!!!! Me cago en el presidente de la República, en el Tribunal Constitucional, en los periodistas ( il uomini, non le donne, per supuesto), en los jueces, en la oposicione, tutta llena de comunistas y rojos de mierda.
Ayer aproveché la situación para entrar por teléfono en uno de mis programas favoritos - Porta a porta- y escupire una de mis perlas machistas mientras intervenía en directo en plató una diputada: "Eres más guapa que inteligente". Ma, e certo. Qué trasero, que chintura!!!! Mama mía, veo tetas en vez de leyes, culos en lugar de órdenes ministeriales y putas en vez de diputadas.
Ministro, dove sone le ragazze, pronto? Io quiero una de 16 añitos con la boca molto molto grande que estoy muy tenso y no puedo pensar bien.
Voy a ganar esta batalla. Hay demasiadas ragazze en Italia come para desperdichiare la oportuninate de follármelas a tuttis. La Repubblica è mia. Dove e la velina? Caro Ministro, andiamo que tengo el chipoti a punto de estallare.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Hoy Soy Ricardo Costa


Jope, chema, creo que la estoy liando parda. Hace casi un año -en febrero, para ser exactos- me compré un Infiniti de 70.000 euros. Un Infiniti, para aquellos paletillos que no lo sepan, es un cochazo al alcance sólo de unos pijos como yo. Fardón, deportivo, tres puertas y con capota para que no se me vaya la gomina. Puesto que soy político y mi sueldo no da para estos caprichos solicité a papuchi un préstamo de 30.000 euritos. Que sí, que papuchi es la bomba, jope. Y me los dejó. Luego rompí mi Snoopy-hucha y saqué un dinerito que fui ahorrando durante años. Jolines, el Infiniti merecía este esfuerzo.
Cuatro meses más tarde me di un ostiazo -uy, perdón, que estas palabrotas no se dicen- y dejé el Infiniti infinitamente destrozado. Recuerdo mis palabras a los medios de comunicación, que se preocuparon un montonazo por mi salud: "El Infiniti me ha salvado la vida". Y luego, con mi sentido del humor super guay añadí: "Si volviera a encontrarme en la misma situación lo único que pediría es llevar el mismo coche porque con ése he pasado la prueba del algodón". joé, es que reviso mis declaraciones y me troncho de risa. Soy la super pera de gracioso.
Ahora resulta que el Infiniti me lo podría haber regalado el Bigotes, implicado en la trama Gürtel. Jopetas, no lo entiendo. Yo estaba convencido de que fue papuchi el que me dejó los 30.000 euros. Todo esto de jugar con la pasta del pueblo llano es infinitamente super divertido. Perdón, os tengo que dejar porque he quedado a almorzar con el dueño de un concesionario Bugati. Para la ocasión me he puesto mi polo favorito: un La-Costa. Y voy a prometerle que no lo destrozaré hasta dentro de seis meses. Ja, ja, ja, si es que soy un cachondo.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Hoy Soy Tu Móvil


Oye Paqui, que me se ha olvidao que compres un kilo de rábanos y media docena de güebos...uy si yo te contara... que sí, nena, que al Josué le han suspendido todas las asignaturas, qué le vamos a hacer si el chico no da pá más. Oye, que te voy a dejar que estoy ahora mismo en Brouei (Brodway) en una representación del Jiu Llacman (Hugh Jackman), si, Paqui, ese que está tan buenote. Pues, ná, que mi Manolo me ha traído a Nueva York porque le tocó un viaje en una promoción de Panrico. Paqui, llámame tú que me está costando un riñón la broma.
Riiing, riing, riiiiing
Ostias, el Llacman acaba de dejar la función y se dirige hacia mí. "¿Quieres coger el teléfono?, coge el puto teléfono de una vez por todas, no importa". Oigo risas y aplausos. Yo no lo cojo ni de coña, que se espere la Paqui o se va a enterar todo cristo que soy yo la que está hablando. Joé, que le importará al buenorro de Llacman si le digo a mi cuñá que ponga las lentejas al fuego.

Me cuelo, sin permiso, en la vida de los otros. A Hugh le destrocé su función Steady Rain, del dramaturgo Keith Huff, en un teatro de Broadway. Pero la culpa no es mía sino tuya. Me apagas o me dejas en casa. Una buena obra de teatro bien vale un OFF. Medítalo.

jueves, 20 de agosto de 2009

Hoy Soy Koichi Wakata


Regresé el 1 de agosto a la Tierra tras cuatro meses en la Estación Espacial Internacional. El balance ha sido pá cagarse. Y lo digo en el sentido literal del término. Durante todo este tiempo, me he cambiado de calzoncillos en cuatro ocasiones. Una al mes, para ser más exactos. 30 días en los que mi culo ha soportado con estoicismo el contacto con el mismo trozo de tela. 30 días de pedos, flatulencias varias y amagos de cagadas sin cambiar de prenda. En fin, 30 días conviviendo que unos slips, fabricados con poliéster y un revestimiento de plata, desarrollados por la JAXA, Agencia Espacial Japonesa, y especialmente diseñados para aguantar situaciones extremas.

Ahora, de nuevo en casa, mi ojete no se acostumbra al contacto con una prenda de algodón limpia cada mañana. Me aterroriza pensar que se pueda cerrar como una Mimosa y exija volver a esa condensación de olores vivida en el espacio. Y yo deje de cagar por un capricho suyo.

Llevo ya una semana sin poner un huevo, plantar un árbol, soltar un cirullo. Por eso esta mañana he dicho basta y he tenido una conversación con mi trasero junto a la taza del váter. He tratado de explicarle que ciertos inventos espaciales tienen una práctica aplicación posterior en nuestro planeta. Los códigos de barras, el velcro o la comida hidratada, por poner sólo tres ejemplos. Pero no hay manera de convencerle y la situación se está haciendo insostenible. Creo que voy a solicitar cagando leches mi regreso a la Estación Espacial Internacional.


jueves, 18 de junio de 2009

Hoy Soy la Mosca de Obama


Estoy muerta. Era consciente de que mis expectativas de vida al llegar a este mundo no superaban de media las dos semanas pero tenía una prima en Connecticut que llegó a vivir un mes. Por eso me ilusioné pensando que, con un poco de suerte, podría duplicar mi presencia vital en este mundo. Nada mejor que residir junto al presidente de los Estados Unidos. Su interés prioritario por lograr acuerdos de paz en Oriente Medio, su deseo expreso de crear nuevos vínculos con las autoridades cubanas, su  obstinación por finiquitar Guantánamo me animaron a compartir mi existencia cerca de Barak, hombre no beligerante. Conviví con él en la Casa Blanca, que convertí con agrado en mi nueva residencia. Viajé en limusina, disfruté de sus discursos, dormí en su alcoba  e incluso alguna mañana me colé en su retrete, atraído por el olor a mierda presidencial. Pero, sobre todo, consciente del privilegio de vivir a su lado, siempre me impuse una norma: no incordiarle. El problema es que soy una mosca. Y las moscas somos cojoneras porque lo llevamos en los genes. Así que durante aquella entrevista de la cadena de televisión CNBC se me fue la olla. Que si un vuelo rasante a media altura, que si un provocador paseo frente a sus narices, que si una inoportuna parada en su mano izquierda. Me avisó y no le hice caso. Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos. Su mano derecha cayó sobre mí y no tuve tiempo de reacción. Me ha matado el presidente de los Estados Unidos. No sé si sentirme orgullosa por fallecer a manos de un mandatario que ha hecho de las actitudes dialogantes su bandera o lamentar mi mala suerte por ser el primer ser vivo que fallece por una acción directa suya. Destino de mierda. 

martes, 16 de junio de 2009

Hoy Soy Tina Asmus


Acabo de recibir una citación de la policía de Chicago para que retire en un plazo no superior a 30 días los dos inodoros que tengo instalados en el jardín de mi casa a modo de originales maceteros. En caso contrario, me enfrento a una multa de 500 dólares. Al parecer a alguno de mis vecinos le incordia visualmente que utilice un par de retretes como tiestos.  Cada cosa en su sitio, viene a argumentar este vecino desaprensivo que trata de amargarme la existencia y que ha recurrido a las autoridades para privarme de mi derecho a disfrutar de una original letrina en mi vivienda.  El cagarro en el excusado y las florecitas en la maceta. Como si todo tuviera que tener un espacio previamente asignado y nada pudiera romper este pacto tácito entre objeto y destino. Me niego a aceptar que las cosas vengan predeterminadas.  En la taza del water de mi casa puedo cagar pero también puedo bailar hasta caer extasiada. Puedo vomitar tras una noche frenética o follar apasionadamente con mi chico. En la taza de un lavabo puedo llorar, descansar, meditar o leer el periódico. Y, por supuesto, puedo plantar flores. Porque, para que las flores crezcan, hace falta mucho estiércol, que no es otra cosa que mucha caca. 

viernes, 12 de junio de 2009

Hoy Soy Julio César Grassi.


Me he levantado con un extraño cosquilleo entre los huevos. Creo que ayer soñé que me follaba a ese par de imberbes a los que vi sentados con sus padres en segunda fila. He tratado de ponerme la sotana pero al llegar a la entrepierna, mi cipote erecto me ha avisado de que no estoy para oficiar misa alguna. Llevo tal empalme que creo que voy a llamar a mi monaguillo favorito para que me la chupe un rato. Ring, ring, ring, oye chico, que necesito que te pases por la sacristía para que hagas un pequeño recuento de las ostias que he de repartir en la misa de esta tarde. Y no tardes. Joder, este puto calentón no baja y tengo el nabo a punto de estallar. 

Me relaja pensar que en España, país de profundo arraigo moral y cuna del Opus Dei, el cardenal Cañizares considera más delictivo el aborto que la violación de niños. Romperle el culo a media docena de chavalines no es para tanto, viene a decir esta autoridad en asuntos divinos. Pero cargarse un embrión es atentar contra las leyes más sagradas. Me caguen la puta, yo aquí divagando y el pequeñajo sigue sin aparecer. 

Por cierto, prefiero a los niños que a las niñas. Si dejara a una ninfa preñada me vería obligado a exigirle que abortara para ocultar mi paternidad. Pero, ¿qué estoy diciendo? ¿Aborto? No, señor, eso nunca. Ante todo, coherencia moral. Ring, ring, ring , pero coño, chaval, ¿por qué tardas tanto?

miércoles, 6 de mayo de 2009

Hoy Soy Beyoncé



De repente me encuentro en Viena, una urbe que me importa un coño si la comparamos con Houston, mi ciudad natal. Que me ponen delante a ese tal Mozart, yo les respondo que donde esté Britney Spears  que se quite el sordo. Que me llevan a visitar la Ópera, les replico que no hay nada como el estadio de los Yankies de Nueva York repleto de fans gordas, hinchadas a palomitas, jaleando mi nombre. Que me llevan a comer al  restaurante Sacher a probar el plato más famoso de Austria, el tafelspietz,  contraataco con un Whopper, doble ración de queso y mucha mostaza. Que me llevan a un museo,  acude mi doble y así les doy esquinazo. 

Eso es precisamente lo que ocurrió hace escasos días en la capital austriaca: me programaron una visita al museo Albertina. Y por aquí no paso. Yo prefiero cultivar mi gran pasión: comprar trapitos. Por eso envié a un peazo negra, calco de servidora, a cubrir el marrón.  Mientras los responsables del museo, uno de los más importantes del mundo, con obras de Cézanne y Picasso, se deshacían en elogios y “me” dedicaban todos los honores imaginables, yo paseaba mi culo por la principal arteria comercial de la ciudad. Que si un bolsito de Louis Vuitton, que si un pañuelo de Prada, que si.... 

Bajo el breve pero esperanzador título “Cultura”  iniciaba Manuel Vicent  un inolvidable artículo escrito hace ya casi dos décadas  con la siguiente pregunta: ¿Sabría Ortega y Gasset distinguir un nabo de una zanahoria? La cultura, venía  decir el escritor valenciano, es la suma de vivencias que se adquieren a lo largo de nuestra existencia. Cultura es  leer a Capote pero también plantar una lechuga. Cultura es engullir un Big Mac pero, sobre todo, conocer a los grandes pintores.

No leo ni cultivo hortalizas. En cambio he desarrollado la complicada “virtud” de  gastar dinero. Yo, a la que millones de jóvenes de todo el planeta toman como ejemplo, prefiero pasearme por unas galerías comerciales antes que disfrutar de una obra de Klimt. Sí, soy una inútil. Forrada, pero inútil. 

lunes, 4 de mayo de 2009

Hoy Soy Ivonete Pereira


Me había ganado unas pequeñas vacaciones en Lauro de Freitas, no muy lejos de Salvador de Bahía. Cogí el autobús con la ilusión de quien abandona la ciudad para perderse unos días en el campo. A la altura del barrio Boca do Río, unos tipos asaltaron el autocar. En estos casos, por desgracia demasiado frecuentes, una suele acceder a las exigencias de los asaltantes, consciente de que su vida vale más que un puñado de monedas. 
Pero la inesperada aparición de un policía cambió el rumbo de los acontecimientos. Se produjo un tiroteo y una bala perdida impactó en la parte izquierda de mi tórax. Tenía todos los boletos para engrosar la lista de aquellos desgraciados que abren las páginas de Sucesos de cualquier diario local en Brasil. Pero ocurrió algo maravilloso. Los 150 reales (unos 60 euros) que escondía en la parte izquierda de mi sujetador amortiguaron el impacto del proyectil. Y me salvaron la vida. 
Estoy hecha un lío. Si no hubiese ahorrado en estos momentos sería un maldito fiambre. Pero ahora que estoy vivita y coleando quiero gastarlo todo para celebrar que sigo viva. Lo que son las cosas.
Más de un banco podría utilizar mi historia para argumentar que el ahorro es la base sobre la que se cimienta nuestra salvación económica y se construye un futuro seguro. Yo, en cambio, prefiero pensar que gracias a aquel proyectil me pagaré una farra inolvidable. A vuestra salud. 

miércoles, 29 de abril de 2009

Hoy Soy Frank Sinatra


Llevo once años a dos metros bajo tierra. Voy tirando como puedo. Vale, no es el paraíso pero, coño, es que estoy muerto. Estos días, sin embargo, me siento especialmente feliz porque, según una encuesta que acaba de ver la luz ( ¡Ay, la luz, cómo la echo de menos!), "My way" ha sido elegida la canción preferida por el público de medio mundo para despedir a sus seres queridos. Vamos, que al sonar los primeros acordes "And now, the end is near,  and so I face the final curtain, My friend, I'll say it clear, I'll state my case, of which I'm certain...", con el fiambre en primera fila, les pongo los pelos de punta. Nunca se me pasó por la cabeza que también lograría el Top Ten del Más Allá. La banda sonora de una vida no se puede resumir con unas notas musicales pero me parece emotivo que la gente recurra a la música para homenajear a un ser que se ha ido.   Yo, en cambio, si volviera a morirme, desearía que en mi funeral sonaran unas notas de la canción "Margarita", de Manzanita. 
Aunque si hay algo que me ha provocado una sonrisa que no puedo borrar de mi cara es saber que, entre los temas favoritos para iluminar musicalmente un entierro, se ha colado el Highway to Hell, de AC/DC. Esta inolvidable autopista al infierno es el mejor guiño para hacerle un divertido corte de mangas a la muerte. Sólo entendiendo que no hay nada ahí abajo sabremos disfrutar de cada uno de los placeres que nos pone en bandeja la vida. Os lo digo yo, que llevo más de una década enterrado. Que otro muerda el polvo, querido Mercury. 

martes, 14 de abril de 2009

Hoy Soy Mark Coghill


Nos besamos con ardor y sin pudor, como habíamos hecho tantas veces antes. Era mi cumpleaños y quisimos celebrarlo por todo lo alto.  Mi noche, nuestra noche. Vodka y una caja de preservativos.  Tracy (en la imagen) me recriminó  no poder quedarse embarazada. Sé que le hacía especial ilusión tener un hijo pero no respondo de mis espermatozoides. Van a su aire.  La abracé y traté de consolarla. Ella me miró y me pidió que la besara de nuevo.  Noté un fuerte dolor en la lengua. Traté de separarme pero ella chillaba y movía la cabeza de un lado a otro, los ojos hinchados, las mejillas rojas. Abrió su boca y, entre sus dientes, pude observar, desconcertado, un pedazo de mi lengua. La escupió con desdén, emitió un sonido que asemejé a un pequeño orgasmo y desapareció.  Creí adivinar en su mirada que aquella lengua olvidada en el suelo era su particular trofeo por no haberle procurado el añorado vástago. Lo que son las cosas: la inapetencia sexual de mis espermatozoides me puede dejar mudo para el resto de mi vida.
Creemos que, de alguna forma, nos pertenece la vida de aquellos que nos quieren. Bajo esta errónea percepción vital se esconde una de más atroces formas de violencia: la de género. El único consuelo que me queda es que, además de los 3 años de cárcel, Tracy no volverá a darme un beso. Ni uno de esos de tornillo que tanto nos gustaban...

miércoles, 8 de abril de 2009

Hoy Soy María D´Antuono


Cuando noté que la tierra temblaba se me vino el mundo encima. Morir, a mi edad - tengo 98 años-, no es algo que me obsesione.  Pero no acabar los calcetines de lana que llevo días tejiendo es un castigo que no merezco. Si he de palmarla, que sea con los guantes puestos. Y con el jersei que tejí hace unos días para mi nieto. Y con la chaquetita de punto para mi nuera. Y con los calzoncillos de macramé para mi hijo.  Hacer ganchillo durante treinta horas ha sido mi tabla de salvación.  
Recuerdo aquel terremoto de hace unos años en algún país asiático de influencia musulmana. Tras cuatro días sepultada bajo un montón de escombros, los equipos de rescate encontraron a una mujer con vida. Y ahí estaban también las cámaras de televisión para dejar constancia de aquel momento de esperanza. Ella, que había pasado tantas horas bajo centenares de piedras, ella que le vio las orejas al lobo, ella que sollozó durante más de setenta horas, volvía a ver la luz. Pero no olvidaré jamás su primer gesto al comprobar que había periodistas frente a ella. Se dio media vuelta y se colocó su velo.  Ese fue su primer gesto. Nada de sollozos, nada de abrazos, nada de agradecimientos. Aún hoy, aquella imagen me acompaña. 
La capacidad del ser humano ante situaciones que le llevan al límite no dejará jamás de sorprenderme. Yo me dejé seducir por el ganchillo. Entre agujas, hilo de coser y ovillos de lana, nunca perdí la esperanza en ser rescatada. Sólo así se puede llegar a entender porqué la vida es tan grande.  

lunes, 6 de abril de 2009

Hoy Soy James Brewer


Con un hilo de voz me propuse confesar el secreto que supe guardar durante más de tres décadas. Estaba al borde de la muerte por culpa de un inesperado derrame cerebral y pensé que había llegado el momento de contar la verdad. En 1977 maté en Tennessee, cuna de un güisqui excelente, a mi vecino, un chaval que entonces sólo tenía 20 años de edad. ¿El motivo? Un ataque de celos. Jimmy Carroll, que así se llamaba el imberbe, intentó seducir a Dorothy, mi mujer. Y por ahí no paso, no señor. Me lo cargué de un certero tiro en el abdomen y me largué con ella a Oklahoma donde he logrado evitar mi encarcelamiento durante estos 32 años. Hasta que el maldito derrame ha hecho aflorar en mí ese sentimiento de culpa que me ha acompañado (o eso creo) durante todo este tiempo.  Y he confesado ante la policía, consciente de que me quedaban pocas horas de vida. Sí chicos, yo la maté. Pero lamento anunciaros que me muero y que ya no me podrán juzgar por aquello. Así que, au revoir.
¿Hasta siempre?
No sé cuanto tiempo llevo durmiendo. Continúo en la misma habitación en la que confesé a unos polis mi implicación en el asesinato. Sigo vivo pero estoy atado con unas esposas a la cama. Y lo más fascinante de todo es que ahora me enfrento a una pena de muerte por asesinato. 
¿Quieres que te cuente un secreto? Pon el corazón. No suelo fallar con mi primer disparo. 

miércoles, 1 de abril de 2009

Hoy Soy Bus


Me he levantado pronto esta mañana. Tenía preparado un gran bol de leche, como cada día. Uniforme oficial, gorra y al trabajo. Soy jefe de estación de Aizuwakamatsu, en la provincia de Fukushima, en pleno centro de Japón. Mi principal misión es reactivar el alicaído uso de los ferrocarriles en mi país. Hasta aquí todo normal, salvo por un pequeño detalle al que no le doy la menor importancia: soy un gato. Sí, coño, un felino. Ya sabéis: mostacho, cuatro patas, pelos por el cuerpo y siete vidas. 
Pero he de confesar que estoy un pelín jodido. Esto no es lo mío. De entrada porque llamarme Bus y promocionar trenes me parece una absurda contradicción. Además, prefería mi anterior trabajo como meteórologo en un canal de televisión local. Ya sé que más de uno estará pensando que todo esto suena a coña. Pues hablo muy en serio, queridos. 
Todo empezó hace tres años, cuando a una colega, Tama (la que aparece en la foto que ilustra esta crónica), la nombraron responsable de la estación de Kishi. La idea era reactivar el número de viajeros, que últimamente ha caído en picado por culpa de esta crisis galopante. Ella tiene suerte: luce una vistosa capa y se deja ver con orgullo y cierta pedantería en la cabina del conductor. Su presencia ha logrado incrementar en cerca de trescientos mil el número de pasajeros que cada año se acercan a la estación. 
Ahora espero con ilusión mi próximo destino. Me he negado en redondo a que me paguen en especies -nada de sardinas-, he exigido una casa cerca de la de Mónica Bellucci y, por supuesto, jornada reducida. Acabo de contratar a un representante que me ha prometido que está a punto de alcanzar un jugoso acuerdo. De entrada me ha sugerido que le añada una H a mi nombre. Asegura que, como Bush, tengo un prometedor futuro haciendo mil guarradas. Ya lo veo en letras grandes: Bush, el gatoporno. Para que luego digan que de la crisis no se pueden extraer oportunidades laborales. Por 30 euros te la chupo mientras te avanzo el tiempo que hará mañana. ¿Te interesa?

lunes, 30 de marzo de 2009

Hoy soy Alfie


No soy el padre, caguen en tó. Yo, que pasé del chupete al chupa-chup y del chupa-chup al chocho en un abrir y cerrar de ojos, me quedo ahora con la miel en los labios. La muy zorra me ha engañado. Tengo 13 años, aparento 9, y me tiré a Chantelle ( también empieza por CH) en una sola ocasión. Pero nos queríamos. O eso pensaba yo. Acababa de pasar a la historia del Reino Unido como el padre más joven del mundo.  Los británicos somos así (de estas tierras salió también la madre más vieja del planeta: 69 años).  Pero, como iba diciendo, la muy cochina se ventiló a medio barrio aunque a mí me dijo una y mil veces que era el único chico con el que se había acostado. Me huelo un gran futuro de cornudo. Y ahora resulta que el niño no es mío. Caguen mis muertos.
Me han hecho la prueba del algodón. Tenn ponen una pelotita en la boca y ¡zás!  tenn dicen en un santiamén si la perla es tuya. 
Creo que aquí todos han sacado tajada de la jugada. Todos, menos yo, por supuesto. Un par de exclusivas por aquí, dos visitas a un plató de televisión por allá. La mamá de Chantelle ( mi ex suegra) ha hecho caja a mi costa.   
Yo he vuelto a los chupa chups. 

miércoles, 18 de marzo de 2009

Hoy Soy Miembro



Llevo media vida presumiendo de ser miembro de la asociación de petanca de mi barrio. Y resulta que el Parlamento Europeo me acaba de quitar de un plumazo esta sudada distinción, ganada a golpe de bola, durante varios lustros. Bueno, a la petanca sigo jugando, lo que pasa es que ya no soy miembro. Ni miembra, por supuesto. 
Los eurodiputados se acaban de sacar de la manga (sacárselo del mango suena un tanto obsceno) un manual de estilo para acabar de una vez por todas con el lenguaje sexista en la Cámara y, por ende, en cualquier parlamento del Europo Comunitario.  Sugieren estos eruditos del lenguaje que sustituyamos "los médicos" por la perífrasis "las personas que ejercen la medicina". Chúpate esa (porque  "chúpate eso" sigue sonando un pelín guarro).  Y por la misma regla de tres, los diputados sugieren que "las azafatas y los pilotos" se conviertan por arte y gracia de la lógica lingüística en "personal de vuelo".  En un arrebato de ingenio, podrían haber propuesto algo así como "especie humana con preparación para pilotar un avión y servir unos snacks, previo pago, en pleno vuelo". 
Hoy se me ha roto una bombilla en casa y he llamado con urgencia al electricista. Ya sé que, al abrir la puerta, me encontraré a un tipo con mostacho, peto azul eléctrico y olor a carajillo matutino. Pero no puedo dejar de ilusionarme con la posibilidad de que aparezca una morenaza siliconada.  Si hubiera contactado desde un principio con un electricisto mi ilusión se habría desvanecido al instante.  
Mi miembro me pide paso. Noto que se eleva entre mis piernas. Le acabo de sugerir que se tranquilice pero no hay forma. Creo que se ha enterado de que dejará de ser  "miembro" para convertirse en un "pedazo de carne colgante que se eleva sin necesidad de ningún artilugio mecánico". De eso nada, me insinúa. Voy a hacerme un pajo a ver si consigo calmarlo.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Hoy Soy Pepe Colubi




Siempre creí que los buenos amigos se cocinaban, como un buen caldo, con mucho tiempo de antelación. Y sólo el Instituto, el barrio o, a lo sumo, la Universidad se convertían en los recipientes adecuados para elaborar tan complicada tarea. Pensaba, erróneamente, que a partir de los 30 la vida te lleva a conocer a gente con la que puedes llegar a consolidar ciertos lazos de afecto. Pero poco más. Justificaba mi planteamiento en el hecho de que uno ya suele tener a esa edad montada toda un estructura en torno a la cual gira su vida: familia, trabajo, amigos de la juventud. Entrar en un nuevo círculo de amistades y pretender convertir a alguno de sus miembros en "amigo de verdad" resulta algo más que una utopía.

Hasta que un día entró Pepe Colubi en mi vida. Un magazine vespertino y una dosis de fortuna lograron que coincidiéramos en un plató de televisión. Una semana y después otra y después otra más.  Antes de lanzarnos al ruedo del directo compartimos momentos en el mismo camerino. Charlas informales, risas, mucha complicidad (Ramoncín, que grande eres) y me percaté de que allí, cada viernes, había un tipo estupendo. 

Un tipo que acaba de publicar un libro, Pechos Fuera, que desmenuza con hilarante sentido del humor todo lo que ha escupido la caja tonta en las últimas décadas. Y un tipo que publicó hace unos meses una  novela, California 83, que es puro entretenimiento. Un placer sólo al alcance de aquellos que quieran sumergirse en el mundo de un adolescente de provincias (Asturias, para más señas) dispuesto a zamparse de un bocado (sin atragantarse) todos los placeres que le ofrecía una América en la que ya reinaba un actor de cine. Sólo lamento que el destino me haya puesto en su camino en 2005. Y no en el 83. Estoy seguro de que habría compartido en California o en Oviedo momentos inolvidables. Afortunadamente aún queda un largo recorrido juntos. 

viernes, 6 de marzo de 2009

Hoy Soy Zariff


Zariff, el peluquero de barrio más famoso del globo sale en defensa de su cliente más ilustre: "Es normal para su edad que empiecen a salirle canas". Habla de Barak Obama, que desde hace tres lustros acude religiosamente al encuentro con este profesional de las tijeras.  44 días en la Casa Blanca le han bastado al presidente negro para cambiar el color de su pelo. Todo un record.    
Viendo la foto, observo que Zariff, ya en la cincuentena, no tiene ni una cana.  Los peluqueros, por ley, deberían tener canas. Al menos, unas poquitas que acreditasen su formación en materia de pelos. Lo mismo que el título académico, el diploma de postgrado o la  orla rancia colgada en la pared del dentista de toda la vida.  Pero  si la genética les impidiera lucir tan preciado tesoro blanco, nada mejor que unas gotas de Just For Hairdresser que aporta ese tono blanquecino necesario para elevar el prestigio del local y del profesional que lo regenta. 
Dicen los expertos que las canas salen por efecto directo del estrés.  Ahora  entiendo a Bill Clinton: echó una cana al aire... por ser tres. 
Hoy, más que nunca, digo en voz alta: YES, WE CAN-AS

jueves, 5 de marzo de 2009

Hoy Soy Ameneh Bahrami


"Cierra los ojos durante cinco minutos y entonces me entenderás". Desde la terrible oscuridad a la que le sometió hace ya casi cinco años un desaprensivo, Ameneh defiende su derecho a aplicar la ley del Talión. Ojo por ojo, diente por diente. Así es la sharia -ley islámica. 
Un día de estos viajará a Irán, su país, y quemará los ojos a su verdugo. Para eso tiene el visto bueno de la justicia iraní, que ha condenado al hombre que le tiró una jarra de ácido sulfúrico a la cara a perder la vista del mismo modo. Unas gotitas  en sus ojos y asunto arreglado.  Ameneh  asegura que no busca venganza. "Deseo que la gente como él sepa que no puede actuar así", justifica. 

Yo acabo de cerrar los ojos unos instantes. Podría haber aguantado los cinco minutos que sugiere Ameneh pero no ha hecho falta. He comprendido que lo que ella quiere decir es que la vida a ciegas es dura. Muy dura. Y aún más cuando ha tenido la oportunidad de ver el mundo durante 25 años y, de golpe, un día deja de hacerlo.  Me he levantado y, entre tinieblas, he caminado unos metros sin saber muy bien a dónde iba. Y me he asustado. Me he asustado mucho. 
Tienes razón, Ameneh. Este desalmado al que rechazaste en matrimonio, te ha destrozado la vida.  Pero, por mucho dolor que acumules, al oírte decir "no cogeré el dinero de la indemnización pero sí sus dos ojos", sigo pensado que hay cierto olor a venganza en tus palabras. 
No sé, Ameneh, estoy confuso. Por eso vuelvo a cerrar los ojos. Pero esta vez no los abriré durante un largo rato....