lunes, 30 de marzo de 2009

Hoy soy Alfie


No soy el padre, caguen en tó. Yo, que pasé del chupete al chupa-chup y del chupa-chup al chocho en un abrir y cerrar de ojos, me quedo ahora con la miel en los labios. La muy zorra me ha engañado. Tengo 13 años, aparento 9, y me tiré a Chantelle ( también empieza por CH) en una sola ocasión. Pero nos queríamos. O eso pensaba yo. Acababa de pasar a la historia del Reino Unido como el padre más joven del mundo.  Los británicos somos así (de estas tierras salió también la madre más vieja del planeta: 69 años).  Pero, como iba diciendo, la muy cochina se ventiló a medio barrio aunque a mí me dijo una y mil veces que era el único chico con el que se había acostado. Me huelo un gran futuro de cornudo. Y ahora resulta que el niño no es mío. Caguen mis muertos.
Me han hecho la prueba del algodón. Tenn ponen una pelotita en la boca y ¡zás!  tenn dicen en un santiamén si la perla es tuya. 
Creo que aquí todos han sacado tajada de la jugada. Todos, menos yo, por supuesto. Un par de exclusivas por aquí, dos visitas a un plató de televisión por allá. La mamá de Chantelle ( mi ex suegra) ha hecho caja a mi costa.   
Yo he vuelto a los chupa chups. 

miércoles, 18 de marzo de 2009

Hoy Soy Miembro



Llevo media vida presumiendo de ser miembro de la asociación de petanca de mi barrio. Y resulta que el Parlamento Europeo me acaba de quitar de un plumazo esta sudada distinción, ganada a golpe de bola, durante varios lustros. Bueno, a la petanca sigo jugando, lo que pasa es que ya no soy miembro. Ni miembra, por supuesto. 
Los eurodiputados se acaban de sacar de la manga (sacárselo del mango suena un tanto obsceno) un manual de estilo para acabar de una vez por todas con el lenguaje sexista en la Cámara y, por ende, en cualquier parlamento del Europo Comunitario.  Sugieren estos eruditos del lenguaje que sustituyamos "los médicos" por la perífrasis "las personas que ejercen la medicina". Chúpate esa (porque  "chúpate eso" sigue sonando un pelín guarro).  Y por la misma regla de tres, los diputados sugieren que "las azafatas y los pilotos" se conviertan por arte y gracia de la lógica lingüística en "personal de vuelo".  En un arrebato de ingenio, podrían haber propuesto algo así como "especie humana con preparación para pilotar un avión y servir unos snacks, previo pago, en pleno vuelo". 
Hoy se me ha roto una bombilla en casa y he llamado con urgencia al electricista. Ya sé que, al abrir la puerta, me encontraré a un tipo con mostacho, peto azul eléctrico y olor a carajillo matutino. Pero no puedo dejar de ilusionarme con la posibilidad de que aparezca una morenaza siliconada.  Si hubiera contactado desde un principio con un electricisto mi ilusión se habría desvanecido al instante.  
Mi miembro me pide paso. Noto que se eleva entre mis piernas. Le acabo de sugerir que se tranquilice pero no hay forma. Creo que se ha enterado de que dejará de ser  "miembro" para convertirse en un "pedazo de carne colgante que se eleva sin necesidad de ningún artilugio mecánico". De eso nada, me insinúa. Voy a hacerme un pajo a ver si consigo calmarlo.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Hoy Soy Pepe Colubi




Siempre creí que los buenos amigos se cocinaban, como un buen caldo, con mucho tiempo de antelación. Y sólo el Instituto, el barrio o, a lo sumo, la Universidad se convertían en los recipientes adecuados para elaborar tan complicada tarea. Pensaba, erróneamente, que a partir de los 30 la vida te lleva a conocer a gente con la que puedes llegar a consolidar ciertos lazos de afecto. Pero poco más. Justificaba mi planteamiento en el hecho de que uno ya suele tener a esa edad montada toda un estructura en torno a la cual gira su vida: familia, trabajo, amigos de la juventud. Entrar en un nuevo círculo de amistades y pretender convertir a alguno de sus miembros en "amigo de verdad" resulta algo más que una utopía.

Hasta que un día entró Pepe Colubi en mi vida. Un magazine vespertino y una dosis de fortuna lograron que coincidiéramos en un plató de televisión. Una semana y después otra y después otra más.  Antes de lanzarnos al ruedo del directo compartimos momentos en el mismo camerino. Charlas informales, risas, mucha complicidad (Ramoncín, que grande eres) y me percaté de que allí, cada viernes, había un tipo estupendo. 

Un tipo que acaba de publicar un libro, Pechos Fuera, que desmenuza con hilarante sentido del humor todo lo que ha escupido la caja tonta en las últimas décadas. Y un tipo que publicó hace unos meses una  novela, California 83, que es puro entretenimiento. Un placer sólo al alcance de aquellos que quieran sumergirse en el mundo de un adolescente de provincias (Asturias, para más señas) dispuesto a zamparse de un bocado (sin atragantarse) todos los placeres que le ofrecía una América en la que ya reinaba un actor de cine. Sólo lamento que el destino me haya puesto en su camino en 2005. Y no en el 83. Estoy seguro de que habría compartido en California o en Oviedo momentos inolvidables. Afortunadamente aún queda un largo recorrido juntos. 

viernes, 6 de marzo de 2009

Hoy Soy Zariff


Zariff, el peluquero de barrio más famoso del globo sale en defensa de su cliente más ilustre: "Es normal para su edad que empiecen a salirle canas". Habla de Barak Obama, que desde hace tres lustros acude religiosamente al encuentro con este profesional de las tijeras.  44 días en la Casa Blanca le han bastado al presidente negro para cambiar el color de su pelo. Todo un record.    
Viendo la foto, observo que Zariff, ya en la cincuentena, no tiene ni una cana.  Los peluqueros, por ley, deberían tener canas. Al menos, unas poquitas que acreditasen su formación en materia de pelos. Lo mismo que el título académico, el diploma de postgrado o la  orla rancia colgada en la pared del dentista de toda la vida.  Pero  si la genética les impidiera lucir tan preciado tesoro blanco, nada mejor que unas gotas de Just For Hairdresser que aporta ese tono blanquecino necesario para elevar el prestigio del local y del profesional que lo regenta. 
Dicen los expertos que las canas salen por efecto directo del estrés.  Ahora  entiendo a Bill Clinton: echó una cana al aire... por ser tres. 
Hoy, más que nunca, digo en voz alta: YES, WE CAN-AS

jueves, 5 de marzo de 2009

Hoy Soy Ameneh Bahrami


"Cierra los ojos durante cinco minutos y entonces me entenderás". Desde la terrible oscuridad a la que le sometió hace ya casi cinco años un desaprensivo, Ameneh defiende su derecho a aplicar la ley del Talión. Ojo por ojo, diente por diente. Así es la sharia -ley islámica. 
Un día de estos viajará a Irán, su país, y quemará los ojos a su verdugo. Para eso tiene el visto bueno de la justicia iraní, que ha condenado al hombre que le tiró una jarra de ácido sulfúrico a la cara a perder la vista del mismo modo. Unas gotitas  en sus ojos y asunto arreglado.  Ameneh  asegura que no busca venganza. "Deseo que la gente como él sepa que no puede actuar así", justifica. 

Yo acabo de cerrar los ojos unos instantes. Podría haber aguantado los cinco minutos que sugiere Ameneh pero no ha hecho falta. He comprendido que lo que ella quiere decir es que la vida a ciegas es dura. Muy dura. Y aún más cuando ha tenido la oportunidad de ver el mundo durante 25 años y, de golpe, un día deja de hacerlo.  Me he levantado y, entre tinieblas, he caminado unos metros sin saber muy bien a dónde iba. Y me he asustado. Me he asustado mucho. 
Tienes razón, Ameneh. Este desalmado al que rechazaste en matrimonio, te ha destrozado la vida.  Pero, por mucho dolor que acumules, al oírte decir "no cogeré el dinero de la indemnización pero sí sus dos ojos", sigo pensado que hay cierto olor a venganza en tus palabras. 
No sé, Ameneh, estoy confuso. Por eso vuelvo a cerrar los ojos. Pero esta vez no los abriré durante un largo rato....