miércoles, 15 de febrero de 2012

Hoy Soy Miguel Montes Neiro

Esta mañana he abandonado el centro penitenciario de Albolote, en Granada. Entre pitos y flautas he pasado 36 de mis 61 años en prisión.  Ostento ya, por derecho propio, el discutible título de "preso más antiguo de España". Ahí es ná. Lo primero que he hecho, una vez recobrada la ansiada libertad, ha sido reunirme con ellos para invitarles a unas tapas en un bar cercano a la Alhambra. Ellos son Francisco Camps, Jaume Matas, Felix Millet, José Barrionuevo, Julián Muñoz y Carlos Fabra. 
Seis grandes corruptos que jamás han dado con sus huesos en la cárcel o que, si lo han hecho, no han pasado, en el mejor de los casos, ni cuatro años entre rejas. Seis magníficos delincuentes que se han convertido en el paradigma de la chapuza judicial en la que está inmerso este país. Seis granujas a todo ritmo, con el culo pelao de presentar recursos, apelaciones y diversas artimañas para eludir la ley. Todos ellos tenían tanto que contarme que no he podido evitar reunirlos para escuchar sus fechorías en primera persona, para que me expliquen porqué yo he pasado dos tercios de mi vida entre barrotes y ellos, en cambio, por delitos mucho más graves - evasión fiscal, corrupción, fraude, malversación y un largo etcétera- no saben casi a qué huelen las letrinas de la cárcel. 
El camarero me pregunta "¿Qué van a tomar los señores?" y yo, sin vacilar, respondo: "Seis raciones de chorizo". "¿Picante?", indaga. Y, de nuevo, contesto sin dudar: "Por supuesto, muy picante, que los señores se merecen lo mejor". 
Sonríen y nos zambullimos en una conversación que aún, a estas horas del día (¿o ya es de noche?), nos mantiene absortos. Me queda tanto por aprender de ellos....

martes, 7 de febrero de 2012

Hoy Soy Caroline Lowell

Fallecí el pasado 23 de enero tras dar a luz en mi casa de Melbourne. Un repentino ataque al corazón y una hemorragia no controlada acabaron con mi vida. Afortunadamente mi hija Zahra logró sobrevivir. Probablemente mi historia no hubiera llamado la atención de los medios de comunicación si no fuera por un detalle: durante años fui una firme defensora del parto en casa. 
Frente a una excesiva medicalización, cada vez más extendida en los hospitales de medio mundo, luché durante años para que el momento del alumbramiento se convirtiera en un instante íntimo entre madre y recién nacido. Con la ayuda de una matrona y acondicionando la vivienda para que el parto sea lo más seguro posible, no hay razón para que haya complicaciones. Así han parido millones de madres a lo largo de la historia. Algunas se quedaron en el camino pero la gran mayoría dieron a luz, incluso en condiciones mucho más precarias que las actuales. 
Mi muerte ha dado alas a los detractores de los partos en casa. Argumentan que sigue sin ser seguro, que es peligroso, casi insalubre. Sin embargo, esta defunción no hace más que reafirmar el convencimiento de que hice lo que quería.  Si nos atuviéramos sólo a las recomendaciones de las grandes Aseguradoras, a los lobbys farmacéuticos o a las empresas de salud que cotizan en bolsa, probablemente la mayoría de las mujeres darían a luz en días programados. Esa es la tendencia cada vez más extendida en las clínicas y hospitales privados donde los ginecólogos evitan tener que trabajar los fines de semana. 
Yo la guiñé un lunes. No me alegro, por supuesto, de haber dejado a mis dos hijos huérfanos de madre pero estoy segura de que algún día entenderán que mi opción de traerlos al mundo fue tan válida como cualquier otra.

lunes, 6 de febrero de 2012

Hoy Soy Leigh Van Bryan

Llego con una amiga al aeropuerto de Los Ángeles. Nuestra intención es disfrutar de unas pequeñas vacaciones en Estados Unidos. Beber, bailar, reventar la urbe. De repente, varios agentes del aeropuerto y  funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional nos abordan y nos invitan formalmente a que les acompañemos. Durante cinco horas, estos gorilas al servicio del supuesto bienestar nacional nos interrogan y examinan nuestras maletas en busca de picos y palas. Remueven nuestras pertenencias y nos someten a un exhaustivo e intimidante interrogatorio. Me esposan y me confinan en una celda junto a dos narcotraficantes mexicanos. Aderezan su búsqueda con dos preguntas que aún hoy me taladran la cabeza y que no evitan que se dibuje una media sonrisa de perplejidad e ironía en mi rostro: "¿Por qué queréis destruir América?" y "¿Por qué queréis desenterrar a Marylin Monroe"?
Trato de sobreponerme a ese despropósito. Tiene que haber un malentendido. Se han equivocado de pareja, han de comprender que no somos las personas que andan buscando. Pero los armarios se mantienen en sus trece. De repente, todo cuadra. Las piezas del puzzle se van armando, mientras asistimos atónitos a este esperpento policial. 
Todo tiene su origen una semana antes. Escribí en mi cuenta de Twitter que me escapaba a EEUU a "destruir América" y "desenterrar a Marylin". Un juego de palabras, resumido en 140 caracteres, que sólo trataba de expresar mi deseo de disfrutar de Los Ángeles, de su vida nocturna, de todo lo que encierra la ciudad.
El Departamento de Seguridad Nacional consideró que aquellas palabras eran una verdadera amenaza potencial para el país. Que yo pretendía cargarme la nación, que la vida de los norteamericanos estaba en peligro porque un joven turista irlandés de 26 años había escrito un texto terrorista en su cuenta de Twitter. 
Al parecer el FBI pretende crear una aplicación de software para identificar y geolocalizar rápidamente a cualquier desalmado que, como nosotros, pretenda cargarse el país. 
¿Nos estamos volviendo locos?

jueves, 26 de enero de 2012

Hoy Soy Taylor (homenaje a Camps)


Aquí en España también podemos estar orgullosos de tener un Taylor. Apostaría, de hecho, a que en un ranking de famosetes patrios del nuevo siglo resultaría tanto o más popular que Elisabeth. 
Nuestro Taylor en concreto se hizo famoso por hacer trajes a un presidente corrupto. Un tal Francisco Camps, que en Estados Unidos sonaría algo así como Frank Fields.
Nuestro Taylor, sin embargo, no ha hecho películas, ni se ha metido nunca en la piel de Cleopatra. Probablemente no haya figurado de extra ni en un anuncio de Zumosol.
Nuestro Taylor no se ha casado ocho veces. Ni se desplaza en limousina. No ha sido amigo íntimo de Michael Jackson ni ha trabajado con Montgomery Clift o con Ava Gardner. Pero, joder, nuestro Taylor, que tiene nombre de torero, los tuvo bien puestos cuando decidió plantarle cara a Fields y denunciarle por no haber pagado la media docena de trajes que se llevo a casa por la jeta. By the face, vamos.
Nuestro Taylor se dedicaba a confeccionar trajes, que en inglés se llaman jackets. Y lo hacía, como cualquier hijo de vecino, para ganarse la vida, que en inglés no se dice "to win the life" pero que yo lo pongo porque me sale de los cataplines.
A nuestro Taylor, la plana mayor del PP (que en Estados Unidos se escribiría igual -PP- y que tendría entre su electorado a gente tan derechona y carca como aquí) le ha tildado siempre de mentiroso y de inventarse toda la historia de los jackets. Y él ha tenido que aguantar el chaparrón. Es decir, the hard rain.
A nuestro Taylor, que tiene un enorme bigote en vez de glamour y lleva gafas de pasta en vez de joyas de Tiffany´s, lo despidieron de su trabajo por destapar un caso de corrupción.
Es cierto, a nuestro Taylor nadie le conoce al otro lado de los Pirineos pero, ahora que la gran (y a la vez retaca) Liz se ha ido a vivir con los gusanos para siempre, quería rendirle un pequeño tributo.
Hoy salgo a la calle en americana. Lo juro. Y así, de una tacada, homenajeo a los dos Taylors.


Nota del Autor: Este post fue publicado en marzo de 2011 en la cara B de este blog (www.hoysoyo.com)  Hoy, tras la sentencia absolutoria a Camps, adquiere más actualidad que nunca.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Hoy Soy Chita


He querido ser yo y no otro (recordad que siempre fui macho a pesar de llamarme Chita)  quien recupere de nuevo este maltrecho blog, abandonado a su suerte hace ya demasiados meses por la desidia de su creador. Y lo he hecho pocos días después de mi fallecimiento, anunciado a bombo y platillo por medio mundo. El diario El País, por ejemplo, me dedica un extenso obituario al que titula "El cine pierde un icono animal". Dicho así, parece que la haya palmado Robert de Niro. Nada más lejos de la realidad. Basta escarbar un poco en las cloacas del periodismo necrológico para averiguar que la defunción es realmente la de un servidor.  Al leer la noticia, publicada ayer, más de uno/a debió de sonreír con cierta malicia, mientras recordaba la fecha: 28 de diciembre, día de los jodidos Santos Inocentes. 
Pues bien, no hay broma en la información. Oficialmente me fui al otro barrio el día de nochebuena y los medios de comunicación se hicieron eco el mismo día en que Inocencio se parte la caja gastando bromas a todo hijo de vecino. 
Sin embargo, algo no cuadra en todo esto. Si nos atenemos al comunicado emitido por la Fundación Santuario Primate Suncoast de Florida, la he guiñado a la edad de 80 años. Y eso, técnicamente es imposible. Más que nada porque el primate macho que más ha vivido hasta la fecha es Keo, un mono del Lincoln Park Zoo de Chicago, que dijo adiós para siempre al cumplir los 53 años. Una cosa es vivir un lustro más y otra estirar como un chicle mi existencia  casi tres décadas.
Vamos, que es todo una jodida farsa. Llevo muerto tantos años que los putos gusanos del cementerio de primates de cualquier lugar de Estados Unidos donde me enterraron ya se han comido hasta mi hígado. El resto es un estudiado proceso de marketing para sacar tajada a esta defunción de cartón piedra, ahora que en Navidad estáis todos algo más sensibles. No me extrañaría que algún estudio de cine ya haya comprado los derechos para llevarme a la gran pantalla.
En fin, sólo pretendo deciros que nada es lo que parece. Tal vez estéis más allí que aquí. Tal vez no seáis conscientes de que el tiempo no os pertenece. Tal vez no estéis ni siquiera leyendo estas líneas. Tal vez penséis que algún día este blog volverá a dar señales de vida. Tal vez. 
Feliz 2012. ¿O entramos ya en el 2013?

miércoles, 31 de agosto de 2011

Hoy Soy Ilse Uyttersprot


En el sexo, como en la vida, traspasar los límites tienes riesgos y recompensas. Tan cachondo resulta ser penetrada en un torreón del Palacio Real de Olite como arriesgado ser visto por alguno de los más de quinientos turistas que lo visitan a diario. Probablemente radique ahí el morbo: follar sin ser vistos. O incluso sabiendo que puedes ser vista.
El polvo del que soy protagonista tuvo lugar hace tres años. Mi chico me la clavó hasta las entrañas en las alturas, durante una programada y aburrida visita a esta emblemática construcción medieval. Desde lo lejos, unos turistas grabaron la escena y la colgaron en la Red para disfrute de voyeurs ocasionales y usuarios digitales ávidos de noticias curiosas. Ahí, entre los millones de páginas de youtube, ha permanecido, sin pena ni gloria, todo este tiempo este vídeo casero en el que se observa con claridad una follanda breve y placentera.
Y ahí hubiera seguido indefinidamente de no ser porque ayer mismo alguien destapó mi identidad: soy la alcaldesa de una pequeña localidad belga cercana a Bruselas. Y, de repente, todo ha cambiado. Ese polvo anónimo ha cobrado una nueva dimensión planetaria. Los medios de medio mundo (con especial incidencia, claro está, en los de mi país) se hacen eco de estos dos minutos de placer al aire libre e incluso ponen en duda mi capacidad como regidora municipal.
Aquí está, precisamente, la perversión del sistema. Por mucho que me coma un rabo en un baño turco o me metan un cipote por el culo en la Torre Eiffel, seguiré dirigiendo los destinos municipales de mi ciudad con la misma eficacia. Aunque les pese a esos que hoy claman al cielo y piden mi cabeza.
Os digo más... si tenéis oportunidad, probadlo.

miércoles, 27 de julio de 2011

Hoy Soy Connie Kopelov


Miradme en la imagen que acompaña a este post. Soy la mujer de la izquierda, esa que se deja besar -o tal vez simplemente abrazar- por una septuagenaria. No le veis la cara pero os aseguro que sus ojos trasmiten mucha felicidad.
La escena tiene lugar en la Oficina de la Administración Municipal de Manhattan. Allí, ante un pequeño grupo de testigos que aplauden con pasión, me acabo de casar con Phyllis Siegel, mi novia desde hace casi 25 años. Nos hemos convertido de esta manera en la primera pareja homosexual que contrae matrimonio en la ciudad de Nueva York. Algo que me hace especial ilusión, no sólo por el hecho de abrir una puerta contra la intransigencia, sino porque ya tengo 84 años y, a esta edad, una ya no está para demasiadas filigranas.
Pocos minutos después de esta instantánea salí a la calle en la silla de ruedas en la que me desplazo a diario, empujada por mi flamante nueva esposa. Allí alcé los brazos para enseñar con orgullo el documento legal que confirmaba nuestro enlace (fotografía de la que se hicieron eco la mayoría de diarios del mundo, al menos los de talante más progresista). Pero, como siempre, la sinrazón se apodera de los extremistas. Frente a esas oficinas, cientos de manifestantes de ideología retrógrada mostraron su rechazo a nuestro enlace con un discurso demasiado próximo al fanatismo religioso: "El gobernador ha traído la ira de Dios a todo el Estado".
De nuevo dios y sus rabietas celestiales para sesgar nuestros derechos. De nuevo, la intolerancia del supuesto creador universal para justificar lo injustificable. Esas son las armas que han mostrado durante años aquellos que se niegan a que los gays ejerzamos nuestros derechos.
Os voy a confesar un pequeño secreto, pero que quede entre nosotros. Recuperad la instantánea que ilustra este texto. Phyllis no me besa ni me abraza. Realmente me está susurrando: "Qué les jodan, que les jodan a todos, porque esta es nuestra vida. Y lo que nos queda de ella la vamos a vivir a tope."

martes, 19 de julio de 2011

Hoy Soy David Rivas


En un mundo dominado por gente que conduce como el culo, me acabo de sacar el carné B1, que me permitirá manejar el coche sólo con los pies (porque no tengo brazos).

Me he convertido, así, en el primer europeo que conducirá exclusivamente con sus extremidades inferiores. Pero no os asombréis más de la cuenta porque mi historia es sólo una más. Una más de las muchas que construimos a diario los minusválidos. Por ejemplo, la de Alison Lapper

Y tantas otras.....


martes, 12 de julio de 2011

Hoy Soy Rick Perry


Por encima de consideraciones de tipo religioso, el día en que cualquiera de vosotros estéis en el lecho de muerte, conscientes de que os queda muy poco rato en este barrio, rendiréis cuentas a la vida, a Dios o al vecino del quinto. Os reencontraréis durante unos instantes con vuestro Yo y repasaréis de forma efímera vuestra existencia. Si, tras ese breve pero intenso análisis, sentís que estáis en paz con vuestras acciones pasadas, que habéis amado la vida y habéis disfrutado aquello que os ha proporcionado, posiblemente os entreguéis a la dama de la guadaña con media sonrisa. En caso contrario, moriréis igual. Me refiero a que vuestro corazón dejará de latir pero la mueca que se perpetuará en vuestro rostro antes de ser quemados o engullidos por los gusanos será otra muy distinta.
En mis 8 años como gobernador de Texas (tras sustituir al presidente de los EEUU más inepto que han dado estas tierras en toda su historia), 200 personas han sido ejecutadas en este estado. Son exactamente la mitad del total de fiambres aniquilados bajo la complicidad de la nación más poderosa de la Tierra. Vamos, que el vasto territorio que gobierno con mano de hierro se vanagloria de haber borrado del mapa al 50% de los presos del Corredor de la Muerte.
Nunca me tembló el pulso, nunca acepté una conmutación de pena, nunca pospuse una ejecución. Nunca. Tanto si eran menores de edad al cometer el delito (Texas ha liderado siempre este atroz ranking) como si padecían enfermedades mentales. Si eran inocentes o extranjeros privados de derechos consulares.
Esto último es precisamente lo que le ocurrió al último de los condenados. Humberto Leal García asesinó en 2004 a una adolescente y ha pagado su pena, según las leyes tejanas. El pasado 9 de julio murió por inyección letal en la prisión de Hunstville tras pronunciar estas irónicas y premonitorias palabras: "Qué comience el espectáculo".
Poco importó que no recibiera asistencia diplomática al ser detenido, violando así tratados internacionales, que (por cierto) EEUU suele meterse por la entrepierna. Poco importó que el propio Obama me solicitara un retraso en la ejecución. Poco importó que las Naciones Unidas me suplicaran una revisión que nunca llegó.
Siempre he creído que, en mi lecho de muerte, se me quedará una media sonrisa pero, si miráis mi rostro con detenimiento, veréis que aquello que parece una sonrisa será, en verdad, una mueca. Una jodida mueca de terror.

lunes, 4 de julio de 2011

Hoy Soy Rich Lam


Ya nada es lo que parece. Incluso, tal vez, no estés leyendo ahora mismo este post. Quién sabe, a lo mejor tú eres yo y yo soy tú.
Hace un par de semanas tomé una fotografía (la que acompaña a este post) que dio la vuelta al mundo. Bajo el sugerente título de "El beso de Vancouver" (término acuñado por la prensa) una pareja anónima se fundía en una apasionado beso durante los disturbios provocados tras una final de Hockey sobre Hielo en Canadá. El descarado atrevimiento con el Justificar a ambos ladosque estos dos enamorados desafiaban a las fuerzas del orden (supuestamente, la policía) y las del desorden (supuestamente, los aficionados) causó admiración planetaria. Allí, retozando en medio del caos, estaban Scott Jones y su chica, ajenos al desmadre que se había montado a su alrededor.
La desilusión llegó unos días más tarde. Este supuesto desafío era en realidad algo muy distinto. Scott no besaba a su novia como una original forma de protesta. No la achuchaba tratando de enviar al mundo un mensaje de no beligerancia. Scott estaba allí porque ella lloraba desconsoladamente tras una inoportuna caída. Estaba asustada y él trató de consolarla agarrándola con fuerza entre sus brazos. Nada más. Y yo capté ese instante, que no era lo que parecía a pesar de que todos quisieron ver lo que no era.
En el siglo del photoshop, en la era de la mentira digital, en tiempos de engaños, tomé una foto real, sin trampa ni cartón, si modificaciones posteriores, sin alteraciones fraudulentas y se convirtió, de repente, en algo que no es pero que muchos creyeron ver. Jodida paradoja.
Ahora vuelve a fijarte con detenimiento en la foto. A lo mejor los tortolitos siempre estuvieron allí, besándose con ternura, haciendo planes para el verano, programando un noche de sexo en casa de los suegros. Y el resto es todo ficción. Los policías del fondo no existen y ese agente, porra en mano, que ocupa el primer plano es simplemente un monigote fallero. Tal vez son ellos - Scott y su novia Alex- los que están en su sitio y todos los demás personajes de quita y pon sobran en esta instantánea. ¿Nunca te has planteado que no eres tú sino los demás los que están desenfocados?
Ya nada es lo que parece.