miércoles, 27 de julio de 2011

Hoy Soy Connie Kopelov


Miradme en la imagen que acompaña a este post. Soy la mujer de la izquierda, esa que se deja besar -o tal vez simplemente abrazar- por una septuagenaria. No le veis la cara pero os aseguro que sus ojos trasmiten mucha felicidad.
La escena tiene lugar en la Oficina de la Administración Municipal de Manhattan. Allí, ante un pequeño grupo de testigos que aplauden con pasión, me acabo de casar con Phyllis Siegel, mi novia desde hace casi 25 años. Nos hemos convertido de esta manera en la primera pareja homosexual que contrae matrimonio en la ciudad de Nueva York. Algo que me hace especial ilusión, no sólo por el hecho de abrir una puerta contra la intransigencia, sino porque ya tengo 84 años y, a esta edad, una ya no está para demasiadas filigranas.
Pocos minutos después de esta instantánea salí a la calle en la silla de ruedas en la que me desplazo a diario, empujada por mi flamante nueva esposa. Allí alcé los brazos para enseñar con orgullo el documento legal que confirmaba nuestro enlace (fotografía de la que se hicieron eco la mayoría de diarios del mundo, al menos los de talante más progresista). Pero, como siempre, la sinrazón se apodera de los extremistas. Frente a esas oficinas, cientos de manifestantes de ideología retrógrada mostraron su rechazo a nuestro enlace con un discurso demasiado próximo al fanatismo religioso: "El gobernador ha traído la ira de Dios a todo el Estado".
De nuevo dios y sus rabietas celestiales para sesgar nuestros derechos. De nuevo, la intolerancia del supuesto creador universal para justificar lo injustificable. Esas son las armas que han mostrado durante años aquellos que se niegan a que los gays ejerzamos nuestros derechos.
Os voy a confesar un pequeño secreto, pero que quede entre nosotros. Recuperad la instantánea que ilustra este texto. Phyllis no me besa ni me abraza. Realmente me está susurrando: "Qué les jodan, que les jodan a todos, porque esta es nuestra vida. Y lo que nos queda de ella la vamos a vivir a tope."

martes, 19 de julio de 2011

Hoy Soy David Rivas


En un mundo dominado por gente que conduce como el culo, me acabo de sacar el carné B1, que me permitirá manejar el coche sólo con los pies (porque no tengo brazos).

Me he convertido, así, en el primer europeo que conducirá exclusivamente con sus extremidades inferiores. Pero no os asombréis más de la cuenta porque mi historia es sólo una más. Una más de las muchas que construimos a diario los minusválidos. Por ejemplo, la de Alison Lapper

Y tantas otras.....


martes, 12 de julio de 2011

Hoy Soy Rick Perry


Por encima de consideraciones de tipo religioso, el día en que cualquiera de vosotros estéis en el lecho de muerte, conscientes de que os queda muy poco rato en este barrio, rendiréis cuentas a la vida, a Dios o al vecino del quinto. Os reencontraréis durante unos instantes con vuestro Yo y repasaréis de forma efímera vuestra existencia. Si, tras ese breve pero intenso análisis, sentís que estáis en paz con vuestras acciones pasadas, que habéis amado la vida y habéis disfrutado aquello que os ha proporcionado, posiblemente os entreguéis a la dama de la guadaña con media sonrisa. En caso contrario, moriréis igual. Me refiero a que vuestro corazón dejará de latir pero la mueca que se perpetuará en vuestro rostro antes de ser quemados o engullidos por los gusanos será otra muy distinta.
En mis 8 años como gobernador de Texas (tras sustituir al presidente de los EEUU más inepto que han dado estas tierras en toda su historia), 200 personas han sido ejecutadas en este estado. Son exactamente la mitad del total de fiambres aniquilados bajo la complicidad de la nación más poderosa de la Tierra. Vamos, que el vasto territorio que gobierno con mano de hierro se vanagloria de haber borrado del mapa al 50% de los presos del Corredor de la Muerte.
Nunca me tembló el pulso, nunca acepté una conmutación de pena, nunca pospuse una ejecución. Nunca. Tanto si eran menores de edad al cometer el delito (Texas ha liderado siempre este atroz ranking) como si padecían enfermedades mentales. Si eran inocentes o extranjeros privados de derechos consulares.
Esto último es precisamente lo que le ocurrió al último de los condenados. Humberto Leal García asesinó en 2004 a una adolescente y ha pagado su pena, según las leyes tejanas. El pasado 9 de julio murió por inyección letal en la prisión de Hunstville tras pronunciar estas irónicas y premonitorias palabras: "Qué comience el espectáculo".
Poco importó que no recibiera asistencia diplomática al ser detenido, violando así tratados internacionales, que (por cierto) EEUU suele meterse por la entrepierna. Poco importó que el propio Obama me solicitara un retraso en la ejecución. Poco importó que las Naciones Unidas me suplicaran una revisión que nunca llegó.
Siempre he creído que, en mi lecho de muerte, se me quedará una media sonrisa pero, si miráis mi rostro con detenimiento, veréis que aquello que parece una sonrisa será, en verdad, una mueca. Una jodida mueca de terror.

lunes, 4 de julio de 2011

Hoy Soy Rich Lam


Ya nada es lo que parece. Incluso, tal vez, no estés leyendo ahora mismo este post. Quién sabe, a lo mejor tú eres yo y yo soy tú.
Hace un par de semanas tomé una fotografía (la que acompaña a este post) que dio la vuelta al mundo. Bajo el sugerente título de "El beso de Vancouver" (término acuñado por la prensa) una pareja anónima se fundía en una apasionado beso durante los disturbios provocados tras una final de Hockey sobre Hielo en Canadá. El descarado atrevimiento con el Justificar a ambos ladosque estos dos enamorados desafiaban a las fuerzas del orden (supuestamente, la policía) y las del desorden (supuestamente, los aficionados) causó admiración planetaria. Allí, retozando en medio del caos, estaban Scott Jones y su chica, ajenos al desmadre que se había montado a su alrededor.
La desilusión llegó unos días más tarde. Este supuesto desafío era en realidad algo muy distinto. Scott no besaba a su novia como una original forma de protesta. No la achuchaba tratando de enviar al mundo un mensaje de no beligerancia. Scott estaba allí porque ella lloraba desconsoladamente tras una inoportuna caída. Estaba asustada y él trató de consolarla agarrándola con fuerza entre sus brazos. Nada más. Y yo capté ese instante, que no era lo que parecía a pesar de que todos quisieron ver lo que no era.
En el siglo del photoshop, en la era de la mentira digital, en tiempos de engaños, tomé una foto real, sin trampa ni cartón, si modificaciones posteriores, sin alteraciones fraudulentas y se convirtió, de repente, en algo que no es pero que muchos creyeron ver. Jodida paradoja.
Ahora vuelve a fijarte con detenimiento en la foto. A lo mejor los tortolitos siempre estuvieron allí, besándose con ternura, haciendo planes para el verano, programando un noche de sexo en casa de los suegros. Y el resto es todo ficción. Los policías del fondo no existen y ese agente, porra en mano, que ocupa el primer plano es simplemente un monigote fallero. Tal vez son ellos - Scott y su novia Alex- los que están en su sitio y todos los demás personajes de quita y pon sobran en esta instantánea. ¿Nunca te has planteado que no eres tú sino los demás los que están desenfocados?
Ya nada es lo que parece.