martes, 29 de diciembre de 2009

Hoy Soy 2009


Se me acaba la mecha y estoy abatido por el trato que he recibido por parte de los medios de comunicación, los políticos y bastantes ciudadanos en estos instantes finales de mi existencia. Pasaré a la historia como un año nefasto y creo que no me merezco tampoco tanto. Cierto es que no he aportado bonanza económica en términos absolutos y que el paro se ha disparado pero me produce desasosiego ese contagio de pesimismo que ha invadido todos los rincones del país. Ese regocijo que nos produce la recreación de las miserias propias y ajenas me provoca vómito. Este año, bajo mi mandato, habéis visto como bajaban las hipotecas y el precio de las viviendas, habéis comprobado que la gripe A no era tan mortífera como os indicaron las autoridades sanitarias, habéis aprovechado, queridos papás, los 20 día de baja por maternidad, os habéis esperanzado con la firma del Tratado de Lisboa, habéis disfrutado con la victoria del Barça en la Champions o de España en la Copa Davis e incluso, probablemente, habéis sonreído con el puñetazo en la jeta a Berlusconi. Esperáis como agua de mayo la llegada de mi compadre 2010 convencidos de que con él llegará un cambio de ciclo. Y llenáis vuestras felicitaciones navideñas con frases del tipo “Ójala el nuevo año sea mejor que el que ahora acaba”, dejando al destino las decisiones que en el fondo os pertenecen a vosotros. Despojaos de esta capa de oscurantismo, valorad lo bueno que os he aportado a lo largo de estos 365 días y dad la bienvenida a mi primo sin más pretensiones que las de vivir el día a día con cierto grado de optimismo. Y si España no gana el Mundial de fútbol de Sudáfrica no imploréis de nuevo al destino y acabéis , otro año más, resumiendo que también ese año ha sido un desastre. La vida os pertenece, queridos humanos. Disfrutadla porque cuando llegue 2080 todos los que ahora estáis leyendo este texto seréis ceniza. Y eso sí que es para estar jodido.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Hoy Soy Hermann Tertsch


No gano para pijamas. Durante mi reciente intervención televisada desde la cama del hospital en el que me recupero de mi supuesta agresión se me escapó un pedo de derechas. En el preciso momento en que esa inesperada flatulencia conservadora se desprendió silenciosamente de mi ojete, yo echaba mierda sobre Wyoming, al que he culpado desde un inicio de ser el instigador moral de la paliza que recibí en un bar de Madrid una noche de copas.

Noté que ese tufillo pestilente, propio de aquellas ventosidades que se pegan a la prenda y permanecen allí largo rato, se extendía por la habitación como una mancha de aceite. Pero yo, en ese instante, no tenía ojos para mi ojete. Estaba en otros menesteres: “Nos veremos en los tribunales”, recuerdo que acerté a decir en clara alusión al presentador de “El Intermedio”, al que considero responsable moral de mis dos costillas rotas, a pesar de no tener ni puta idea de cómo ocurrieron los hechos.

Pensé que lo peor ya había pasado. Estaba a punto de finalizar mi primer editorial televisado de “Diario de la Noche” desde que estoy hospitalizado cuando noté de nuevo que algo se removía en mi estómago. Alcancé a amenazar a la audiencia con un ”En enero cuenten conmigo. Hasta Pronto” y se produjo la gran explosión. Como si mi ano se hubiera asustado por lo que acababa de escuchar, una gran flatulencia resonó entre las cuatro paredes de la sala.

Cuando cortaron la emisión, decidí cambiarme el pijama. He de confesar que no me costó nada porque, a lo largo de mi vida profesional, he estado muy acostumbrado a cambiar de chaquetas: antes de entrar en nómina en la cadena de mi amiga Esperanza Aguirre, pasé veinte años como periodista de El País, tres de ellos como subdirector y jefe de Opinión de ese diario. Para desempeñar estas funciones hace falta un grado de integridad moral y de compromiso con una ideología -progresista en este caso- que me he pasado por la entrepierna. Chaquetero, me llaman.

Y, vista mi capacidad para llenar de mierda, sin pruebas, a alguien que se gana las lentejas con algo tan fascinante como el humor, también podéis llamarme pijamero.

Feliz Navidad.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Hoy Soy Tiger Woods


"Coge bien el palo con las dos manos y mete las bolas en los agujeros". De esta forma tan simple aprendí a dominar un deporte que ha acabado haciéndome millonario y terriblemente popular. Siempre he llevado esta máxima hasta sus últimas consecuencias porque nadie me avisó, siendo aún un niño, que la frase se circunscribía exclusivamente a los campos de golf. He sido consecuente con este principio vital y lo he aplicado con rigor en bares de carretera, clubs de alterne, casas de citas y puticlubs: durante años he agarrado fuertemente mi palo y he sido capaz de meter mis dos bolas en, al menos, una decena de agujeros fuera del Green.
Durante el día, las cadenas de televisión retransmitían mis logros bajo la mirada de satisfacción de mis patrocinadores. Por la noche, los focos de neón eran testigos de mis fechorías bajo la sonrisa canalla de las madames, que se frotaban las manos ante mi torrente de efusividad sexual (algunos diarios aseguran que me he dejado varios millones de dólares en putas). Y, al llegar a casa, agotado de tanto hoyo, besaba con ternura a mi mujer a y mis dos hijos. Como si nada, olé mis huevos.
He decidido tomarme un largo periodo de reflexión, aparcando el golf por tiempo indefinido. Dicen los medios de comunicación que lo hago para tratar de reconducir mi vida marital, recuperar a mi mujer -que ya ha hecho las maletas- e intentar salvar un matrimonio que hace aguas por todos los lados. Nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que me voy a ir un tiempo a vivir a Italia. Allí, su primer ministro (ese tipo sin nariz) defiende a los infieles, promueve el adulterio y anima a la fornicación. El paraíso, vamos.
He apostado por un palo largo para esta nueva aventura transalpina. Mi mejor especialidad es un Approach (golpe de aproximación) seguido de un contundente Back Spin (golpe con efecto de retroceso). Se van a cagar estas latinas.

martes, 15 de diciembre de 2009

Hoy Soy Silvio Berlusconi (segunda parte)


¡¡Cómo está el patio, señor!! Ser político en un país occidental en el siglo XXI se está convirtiendo en una tarea poco menos que heroica. Hace unos meses a mi colega y gran amigo, George Bush, le tiraron un zapato y casi le rompen la crisma. Yo creo que le salvó su afición a la bebida en su juventud. De tanto ir doblado, supo esquivar el zapatazo que, de haber logrado su objetivo, le habría obligado a comer sopitas una buena temporada.
Eso es poco más o menos lo que me va a pasar a mi en los próximos meses. Comer sopas... bueno y, supongo, algún coño, que en estos menesteres nunca le he hecho ascos a nada.
Lo que más me preocupa, sin embargo, es saber si la jeta se me quedará como un mapa de carreteras comarcales o podré volver a lucir mi palmito por los foros internacionales. A mis 73 años me importa un nabo hacer política pero no puedo renunciar a mi afición a seducir a jovencitas. Precisamente por esto, la jugarreta de Massimo Tartaglia, el perturbado que me lanzó la réplica del Duomo, me tiene enfurecido. Siempre me quedará el consuelo de saber que no me lanzó a los huevos el crucifijo de escayola que también llevaba en su mochila. Por ahí ya no hubiera pasado: que me toquen la tocha, me jode, pero que me dejen sin mi fábrica de espermatozoides me hubiera parecido el colmo.
En fin, quiero dejar claro que nadie se merece estas actitudes violentas, pero no es menos cierto que nuestras políticas neoliberales, que han fomentado la crispación y el enfrentamiento de las clases sociales, no han ayudado demasiado. Tal vez sea momento de reflexión, Señor Rajoy y Señor Zapatero. Sería una pena que tuviera que invitarles a mi mansión a comer sopita caliente porque un energúmeno les ha lanzado una réplica en bronce del toro de Osborne.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Hoy Soy Belén Esteban


Año nuevo, napia nueva. Que sí, que la mía la tengo hecha un cromo. Las malas lenguas afirman que me meto mucha farlopa. ¿faaarla yo? A los que van de listillos por la vida les quiero decir que me he operado la tocha p´abrir mis agujeros nasales. Aire, ha de entrar mucho aire, pa respirar. Que presuntamente luego también entren otras cosas no le importa a nadie. No te digo.
Yo soy una madraza. A mi Andreita que no se le acerque nadie. Por ella, mato, vamos que si. Y por ella, me he operado el narizón. Pá que esté muuu orgullosa de su mami.
Me han ofrecido la gran oportunidad profesional de mi vida: presentar las campanadas de año nuevo. Ahí es nada. Y con la maricona loca de Jorge Javier. Joé, que dúo, caguen la leche. El próximo 31 de diciembre, deseando a los españoletes un feliz año, estrenaré tocha.
Sólo espero que no me ocurra lo que a Berlusconi. Tanta pasta gastada en liftings, estiramientos y retoques, para que luego llegue un chalao, le lance un souvenir a la jeta y le parta la tocha. Si algún día alguien me lanza un objeto, quiero que sea un trozo de mierda. Nada refleja mejor la televisión pestilente que hacemos personas como yo bajo la mirada cómplice y maloliente de los directivos y programadores de Tele5 (por cierto, propiedad de Silvio, el hombre con la cara rota)
¿Y qué puede hacer una tipa como yo el primer día de 2010 con una nariz nueva? Pues, qué coño, meterme un tiro de medio metro pa celebrarlo. Uy, perdón, que yo no me drogo. Aire, coger mucho aire por la nariz.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Hoy Soy Larry Ochs


He pasado toda mi vida - estoy a punto de jubilarme- tocando aquí y allá mi saxo y ofreciendo, junto al grupo Rova Quartet, del que soy fundador, mi peculiar versión del Jazz, revisando clásicos y aportando una lectura diferente a este género. Soy de Nueva York y durante más de cuatro décadas he actuado en todos los rincones del planeta. El último de ellos, Sigüenza.
Y lo que viví hace unos días en esta pequeña localidad castellana aún me mantiene en estado de shock. Poco antes de mi última actuación, el pasado 7 de diciembre, un espectador consideró que mi música no podía definirse como jazz sino "música contemporánea". Y tuvo los santos cojones de denunciarme, alegando en la hoja de reclamación que mi aportación al jazz estaba "contraindicada psicológicamente por prescripción facultativa".
Hasta aquí todo suena a cachondeo: a un tipo se le va la olla y trata de denunciar al músico. La cosa no tenía que haber ido a más. Borrón y cuenta nueva: una palmadita en la espalda al cafre en cuestión y una invitación a que se vaya a su casa a escuchar algo de house.
Sin embargo, lo verdaderamente glorioso, aquello que, de verdad, convierte a España en una república bananera, es lo que ocurrió a continuación: una pareja de la Guardia Civil se plantó en la sala y me sometió a un juicio sumarísimo para determinar si era o no jazz aquello que salía de mi saxo. Insisto (para que aquellos que aún se frotan los ojos): un tipo con pistola y tricornio me instó a que tocara el saxo con la intención de enjuiciar mi música. Y ese señor uniformado determinó, con su coeficiente mental de rana saltarina, que no, que lo que yo he hecho durante más de 40 años sobre los escenarios de medio mundo no es jazz. Tal vez otra cosa pero no jazz. No se le movió ni un pelo del bigote al pronunciar su dictamen musical.
Oye, aceituno sin cerebro, ¿qué te hubiera parecido si me presento una mañana en tu cuartel y te pido que te metas una bala de tu cartuchera por el culo para conocer el tamaño de tu ano? Y luego diagnostico que no, que no puedes ser guardia civil porque para formar parte de un cuerpo que lo da todo por la patria hay que tener el ojete del tamaño de una moneda de euro.
Nunca una localidad definió tan bien al agente que supuestamente la custodia: SiNVERgüenza