martes, 24 de noviembre de 2009

Hoy Soy James Partridge


Llegas a casa reventado tras un agotador día de trabajo. Abres la nevera, te enchufas un sandwich y te tumbas en el sofá. Coges el mando y vas directo a Channel Five, presentado en horario estelar por Natasha Kaplinsky, una exuberante rubia que cada noche te la pone dura contando las noticias. No debería ser así porque la tipa tiene como única misión relatar los hechos acontecidos durante la jornada: que si un atentado en Afganistán deja una docena de fiambres, que si el precio de los tomates ha arrastrado al IPC, que si un constructor de Alcobendas -o de Cambridge, poco importa- ha vuelto a ser pillado infraganti con una bolsa de basura llena de billetes, que si Irlanda ha puesto precio a la cabeza de Thierry Henry. Pero tú no dejas de quitarle los ojos a esta muñeca cuyos labios inferiores (esos que no se ven) te cuentan muchas más cosas que los superiores.

Y de repente, el 16 de noviembre aparezco yo en escena, sentado en el lugar de Natasha, y trato de poner patas arriba todo el sistema. Durante una semana he ocupado su silla en el plató de Channel 5. Desfigurado tras un accidente de circulación cuando tenía 18 años, mi careto se parece más al campo de fútbol del Villarobledo tras un botellón de fin de semana que a un rostro propio de un hombre normal. Esta cara de hombre elefante me ha llevado a presidir en la actualidad la ONG Changing Places, que representa a medio millón de personas en el reino Unido con deformidades en su cuerpo.

Todo este cambio forma parte de un experimento para evaluar los prejuicios de la audiencia. ¿Qué es lo realmente importante: una buena apariencia o los contenidos informativos? En fin, el eterno debate entre el fondo o la forma.

Aunque gane esta batalla, soy consciente de que la guerra está perdida....y me alegro. Sara Carboneros, Pilar Rubio, Helena Resano, Beatriz Montañez o María Zabay no pueden estar equivocadas. Los atentados en Bagdad siempre serán mucho más llevaderos si nos los cuenta Cristina Saavedra en lugar de José María Carrascal.


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