miércoles, 31 de agosto de 2011

Hoy Soy Ilse Uyttersprot


En el sexo, como en la vida, traspasar los límites tienes riesgos y recompensas. Tan cachondo resulta ser penetrada en un torreón del Palacio Real de Olite como arriesgado ser visto por alguno de los más de quinientos turistas que lo visitan a diario. Probablemente radique ahí el morbo: follar sin ser vistos. O incluso sabiendo que puedes ser vista.
El polvo del que soy protagonista tuvo lugar hace tres años. Mi chico me la clavó hasta las entrañas en las alturas, durante una programada y aburrida visita a esta emblemática construcción medieval. Desde lo lejos, unos turistas grabaron la escena y la colgaron en la Red para disfrute de voyeurs ocasionales y usuarios digitales ávidos de noticias curiosas. Ahí, entre los millones de páginas de youtube, ha permanecido, sin pena ni gloria, todo este tiempo este vídeo casero en el que se observa con claridad una follanda breve y placentera.
Y ahí hubiera seguido indefinidamente de no ser porque ayer mismo alguien destapó mi identidad: soy la alcaldesa de una pequeña localidad belga cercana a Bruselas. Y, de repente, todo ha cambiado. Ese polvo anónimo ha cobrado una nueva dimensión planetaria. Los medios de medio mundo (con especial incidencia, claro está, en los de mi país) se hacen eco de estos dos minutos de placer al aire libre e incluso ponen en duda mi capacidad como regidora municipal.
Aquí está, precisamente, la perversión del sistema. Por mucho que me coma un rabo en un baño turco o me metan un cipote por el culo en la Torre Eiffel, seguiré dirigiendo los destinos municipales de mi ciudad con la misma eficacia. Aunque les pese a esos que hoy claman al cielo y piden mi cabeza.
Os digo más... si tenéis oportunidad, probadlo.