jueves, 28 de octubre de 2010

Hoy Soy Tanja Kiewitz


"Mírame a los ojos, he dicho a los ojos". En 1994, una espectacular Eva Herzigova, ataviada únicamente con un Wonderbra que dejaba ver la silueta de unos pechos firmes, nos proponía que no fijáramos la mirada por debajo de su barbilla. El acertadísimo slogan dio la vuelta al mundo y la firma de sujetadores se hizo de oro vendiendo unas prendas que a la mayoría de las mujeres, sin embargo, no les quedaba como a la top checa. Cosas de la publicidad, imagino.
Ahora, 16 años más tarde soy yo la que protagonizo una campaña publicitaria con el mismo slogan. "Mírame a los ojos. He dicho a los ojos". Pero, a diferencia de Eva, en mi caso, la vista del público se dirige mecánicamente al muñon adherido a mi brazo izquierdo. Inmediatamente después, todo sea dicho, la mayoría de hombres centra su mirada canalla en mis pechos. Eso, no nos engañemos, también forma parte de la publicidad.
A este muñón, que me acompaña desde mi nacimiento por culpa de una enfermedad genética, le llamo cariñosamente "el filtro de la estupidez". Cuando un tipo me echa los trastos y, al ver el bulto, huye despavorido o cuando alguien me mira con desprecio, ignorancia o compasión, mi filtro carnoso me avisa de que esa persona no merece la pena. "Odio ver repugnancia en los ojos de la gente cuando me miran como a un extraterrestre". Afortunadamente mi hija de seis años, ha convertido esta extremidad en algo tan natural que se duerme encima y la acaricia. La auténtica discapacidad está sólo en los ojos del que mira.
Mi vida ha transcurrido durante años con la indignación propia de aquellos que, conviviendo con una minusvalía, tratamos de gritar cada mañana al mundo que somos personas totalmente normales a pesar de las zancadillas que aún siguen poniendo personas e instituciones en demasiadas partes del mundo. Hasta que la casualidad me ha llevado a protagonizar una campaña de concienciación que, gracias a un muñón y una elevada dosis de sensualidad, ha recaudado más de cuatro millones de euros a favor de CAP48, una de las muchas asociaciones que luchan a diario por la integración de los discapacitados.
Alguna voz (pocas, afortunadamente), clama al cielo y lamenta que haya tenido que enseñar escote para que la gente mueva el culo. Pero yo les contesto: miradme de verdad a los ojos y decidme, con franqueza, que esta acción publicitaria no ha valido la pena.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Hoy Soy el Walkman


Nací en 1979. Probablemente, uno de los años más prolíficos de la historia del Rock. Motivo más que suficiente para sentirme especialmente orgulloso. Ese año veían también la luz cinco de los discos más influyentes de la música. A saber: London Calling (The Clash), The Wall (Pink Floyd), Reggatta de Blanc (Police), Highway to Hell (AC/DC) y Slow Train Coming (Bob Dylan). Sin olvidar otras producciones como Breakfast in América (Supertramp), Communiqué (Dire Straits) o Three Imaginary Boys (The Cure).
Hoy, 31 años más tarde, mi creador -Sony- ha anunciado oficialmente que deja de comercializarme... al menos en Occidente, ya que la empresa nipona posiblemente ceda la licencia de fabricación para que otros países, en la antípodas de la revolución digital, puedan seguir disfrutando aún de un viejo casete.
Echando la vista atrás he de confesar que viví una década, la de los ochenta, sencillamente maravillosa. Sí, posiblemente mis declaraciones tengan cierto tufillo carca pero nadie podrá negar que los Ipod de hoy en día son mis nietos tecnológicos.
No tengo nada que objetar a las ventajas de llevar hoy encima a cualquier parte cinco mil canciones comprimidas en 10G (poco parece importarles el sacrilegio de meter en el mismo saco a Enrique Iglesias junto a The XX) pero no es menos cierto que nunca volverá la magia de sacar de la mochila, en una reunión de amigos, media docena de casetes, seleccionados concienzudamente en casa durante más de media hora. Este sí, este no. Y, una vez reunidos, conformarse con lo que había. Disfrutando de esa selección sin prisas, sabiendo que, una vez acabada, sólo quedaba la opción de repetirla.
Entonces, darle al play y escuchar los primeros acordes del "Hey you" con el que se abre el segundo disco de El Muro tenía un valor emocional infinitamente superior. Porque todo aquello que exige esfuerzo y paciencia tiene el premio simbólico de la felicidad. Esperar unos segundos mientras me rebobinaban hasta llegar a "Lost in the supermarket" era una pequeña recompensa musical que jamás entenderán los que hoy acceden a la canción con un solo click.
STOP.

martes, 26 de octubre de 2010

Hoy Soy Roser Reverté


El azar coquetea en ocasiones con nuestras vidas de manera tan cruel que uno no puede dejar de preguntarse porqué es el elegido. En mi caso, el lado más oscuro del destino me zarandeó con tanta fuerza en dos ocasiones seguidas que jamás llegaré a entender las razones que le llevaron, sin avisarme, a interponerse de esta forma en mi camino.
La madrugada del 22 de julio de 2008 mi vida cambió para siempre. Ese día recibí una llamada de los Mossos d´Esquadra alertándome que mi hijo pequeño David, de 16 años, había sido mortalmente atropellado por un camión en la N-340, a la altura de Alcanar, en la provincia de Tarragona. El drama provocado por un aviso de esta índole no es tan infrecuente. Cada año, tres mil familias (es el número de muertes anuales en las carreteras de nuestro país) reciben en algún momento una llamada que altera, de repente, sus vidas.
Sin embargo, hay algo en mi historia que la convierte en excepcionalmente dura: David tenía previsto someterse voluntariamente, sólo un mes más tarde, a un trasplante de médula ósea para tratar de salvar a su hermano mediano, enfermo de cáncer, en fase avanzada. Era el único donante 100% compatible, la única persona capaz de darle una oportunidad para que siguiera vivo. Pero ese camión se cruzó con violencia en su vida y en las nuestras.
El 22 de febrero, exactamente siete meses después (de nuevo el destino quiso que la fecha de ambas muertes fuera el mismo día) mi hijo murió de cáncer, esperando un trasplante que nunca llegó. Los he perdido a los dos en siete meses. Hoy, dos años más tarde, las sonrisas de mis nietos y de mi único hijo vivo logran, a duras penas, que no me derrumbe.
Pero hay, además, otro elemento trágico y actual en toda esta desgarradora crónica vital. Hace tres semanas un juzgado nos notificó que Logtravi, la empresa propietaria del camión que mató a mi hijo, ha presentado una reclamación de daños y perjuicios por un importe de casi cinco mil euros por los deterioros que el cuerpo inerte de David produjo en el radiador del vehículo (el juicio está previsto para el mes de marzo del año que viene).
De nuevo la desolación golpea mi mundo y trata de hacerlo añicos cuando había logrado empezar a levantarme.
¿Por qué?

lunes, 25 de octubre de 2010

Hoy Soy Bob Guccione


Me hubiera gustado haber fallecido mientras mi nabo era literalmente devorado por alguno de los centenares de pibones a los que concedí una portada. Pero ha sido finalmente un cáncer de pulmón quien me ha acompañado en mi lecho.
He sido, para aquellos a los que mi nombre no les suene de nada, el fundador de uno de los imperios editoriales del mundo del erotismo y la pornografía más influyentes del siglo XX, junto a mediáticos, Hugh Hefner (Playbloy) y Larry Flint (Hustler).
Ahora, desde mi tumba, me río a carcajadas recordando cómo la Red ha cambiado en algo más de una década los hábitos sexuales de millones de personas. En 1965 lancé al mercado la revista Penthouse, una publicación dirigida a "hombres normales" frente a Playboy, que cultivaba una imagen mucho más snob. Envié por correo ejemplares a clérigos, amas de casa, mujeres de diputados, pensionistas y jubilados. Y, a pesar de la sanción económica por "indecente", logré a principios de la década de los 80 una tirada mensual de casi 5 millones de ejemplares en todo el mundo. El imperio, sin embargo, empezó a desinflarse con la aparición de Internet.
Casualidades del destino, mi muerte -el pasado día 21 de octubre- coincidió con la venta del dominio de internet más valioso del planeta: sex.com ¿Su precio? 13 millones de dólares (cerca de diez millones de euros). Clover Holding, la empresa que se ha hecho con este trozo de pastel digital, está envuelta en el misterio propio de las enigmáticas multinacionales del sexo a golpe de ratón. Tiene su sede en la isla caribeña de San Vicente y desde aquí ofrecerá a cambio de tu tarjeta de crédito un listado interminable de japonesas calientes, negritas viciosas, latinas ardientes, adolescentes succionadoras, orgías imposibles, machos con cipotes de dimensiones descomunales , amas de casa que dejan entrar a butaneros con torsos esculturales y enanos viciosos.
Porque, no nos engañemos, nada vende más en la Red que el sexo y, en algunos casos, de forma demasiado perversa. Un reciente estudio de Symantec Corp. ha revelado que entre las 10 palabras más buscadas por niños, "sexo" ocupa el cuarto lugar y "porno" el sexto. Imaginad los resultados entre adultos.
Hagamos por un instante la prueba: polla, coño, métemela hasta el fondo, conejo, te follo, cómo me gusta, pechos gigantes, me va a estallar, chúpamela, mamada, qué gustito, por el culo, cipote muy duro, más, tetazas...
Este post recibirá hoy, gracias a decenas de motores de búsqueda externos, más visitas que nunca. ¿Alguien se apuesta algo?
Mañana, los resultados.

viernes, 22 de octubre de 2010

Hoy Soy Francisco Javier León de la Riva


"Cada vez que veo esa cara y esos morritos pienso en lo mismo". Lo verdaderamente desconcertante de mi improperio a la recién nombrada Ministra de Sanidad es el hecho de que soy ginecólogo. Si un médico como yo es capaz de mencionar con lujuria manifiesta los carnosos labios de una fémina (sea o no representante púbica...perdón pública) imaginando ese trozo de carne chupando mi rabo erecto, cualquiera puede preguntarse qué habré sido capaz de hacer cuando atendía desde mi consulta a centenares de mujeres.
¿Qué impide hoy a cualquiera imaginarse una tarde en mi despacho? Pongamos algo de imaginación...
- Ella (joven de 30 años). Buenas tardes, doctor León, mire, es que desde hace unos días noto algo hinchados mis labios inferiores. Aquí... ¿lo nota?
- Yo (para mis adentros): ¡Joder! Cada vez que veo estos "morritos" pienso en lo mismo...
- Ella: ¿Es grave doctor?
- Yo (me dirijo a ella): Vamos vístete ya que si no....
- Ella: ¿Qué si no qué, doctor?
- Yo: Nada, nada, qué si no... te vas a resfriar
La política tiene estas cosas. Basta, a lo sumo, con pedir disculpas ( he manifestado en varios medios mi más sentido arrepentimiento), para mantener intacto el discurso político y que jamás rueden cabezas. Probablemente en países con más tradición democrática y un mayor respeto por las instituciones, comentarios como el mío habrían supuesto, al menos, un serio tirón de orejas y una llamada de atención. Pero aquí, en España, nunca pasa nada.
Por cierto, también dejé caer que la nueva ministra iba a "repartir condones a diestro y siniestro". Eso espero que lo cumpla a rajatabla, sobre todo porque no me vendría nada mal tener un par de cajitas en mi consulta. Nunca se sabe cuando puede aparecer una paciente con unos morritos como los de Leire. Entonces sí que voy a desenfundar mi escopeta de caza.

jueves, 14 de octubre de 2010

Hoy Soy La Mina San José


Se acabó. En mis entrañas vuelve a reinar el silencio. Hace 69 días me tragué a 33 mineros y los guardé durante todo este tiempo en mi barriga rocosa. Como una madre, he cuidado de estos hombres rudos y he disfrutado con sus historias. Mis paredes cavernosas han sido testigo de excepción de sus miserias y de sus esperanzas. Les he visto llorar, reír, angustiarse e ilusionarse. He sufrido con ellos horas de insomnio y desesperanza. De llanto desconsolado. Pero también he disfrutado cuando observada en sus miradas la ilusión por el rescate. La esperanza de reencontrase algún día con los suyos. Creí adivinar en más de uno sus planes de futuro una vez estuvieran lejos de mí. Les vi esbozar sonrisas al leer las cartas de sus seres queridos que un pequeño tubo les hacía llegar, de forma permanente, desde el exterior. Les vi organizarse, hacer turnos para todo, jugar a cartas, pasar el rato -matarlo, a veces- meditar, descansar en una poltrona y rezar. Rezar mucho.
Pero, por encima de todo, hay algo que me ha conmovido: su solidaridad. El ejemplo que dieron al mundo al ofrecerse a ser los últimos en abandonarme es el testimonio de compañerismo en situación extrema más emotivo que uno puede recordar.
Posiblemente sus vidas no vuelvan a ser nunca más las mismas ahora que ya están en el exterior. Unos conseguirán enderezar sus rumbos y, con el tiempo, alcanzarán la felicidad. Otros, tal vez, entren en un túnel tan oscuro como la profundidad en la que han permanecido estos 69 días. Pero, sea como sea, esa solidaridad espontánea de la que han hecho gala permanecerá en nuestro recuerdo durante años.
Ahora que me los han quitado, ya les echo de menos. Tratad de ser felices ahí arriba. Y exprimid vuestras vidas al límite. Os lo habéis ganado, canallas.

lunes, 4 de octubre de 2010

Hoy Soy Alessandro Pluchino


Acabo de ganar el Nobel.... el IG Nobel para ser más exactos. Al frente de un equipo de la Universidad de Catania (Italia) he demostrado matemáticamente que las organizaciones serían más eficaces si ascendieran a sus miembros al azar. Y por este hallazgo me he llevado el gato al agua en el apartado de Gestión de Empresas, uno de los premios que cada año reconoce la decena de investigaciones científicas más sorprendentes y absurdas (por llamarlo de alguna manera) del planeta.
No, el IG Nobel no es una coña, aunque lo pueda parecer. Algo de guasa sí que hay detrás de este evento que cada mes de octubre, desde hace ya dos décadas, impulsado por la Universidad de Harvard, rastrea entre los descubrimientos más inverosímiles para premiar aquellos logros que hacen que la gente primero se ría y luego piense. Unos premios que desean celebrar lo atípico, exaltar lo imaginativo y estimular el creciente interés por la tecnología y la ciencia en general. De hecho, el propio nombre - ig nobel- es una parodia de ignoble (en castellano, innoble), es decir todo aquello que denota bajeza, vileza o mezquindad.
Pero volvamos por un instante a mi premio, del que, lógicamente, me siento profundamente satisfecho. Lo que he venido a decir es que si la selección de personal la realizase a dedo un mono de circo en lugar de los directivos de las empresas, los mandamases de las multinacionales o los ejecutivos de las grandes marcas, posiblemente los resultados operativos empresariales serían mucho mejores. En otras palabras: si hubiéramos confiado en una primitiva, en el juego de la pajita más larga, en un boleto de lotería o en el infalible piedra,papel,tijera posiblemente nos habríamos evitado sufrir en primera persona cómo decenas de ineptos han movido durante años, con muy poca fortuna, los hilos de las finanzas mundiales hasta dejarnos literalmente en bragas (o calzoncillos).
La bolita del Bingo, ¿dónde estaba la bolita cuando más la necesitábamos?

viernes, 1 de octubre de 2010

hoy soy Christine O´Donnell


"La masturbación es algo muy egoista". La frase es mía. Y, analizada, en detalle, he de reconocer que es fantástica. Yo me refería, desde mi educación profundamente cristiana, al hecho de que meterse el dedo en el coño y disfrutar profundamente (literal) es un acto despreciable. Pero otra lectura, más pragmática, permite intuir que la masturbación es un acto neoliberal, que en el fondo es la política que defiendo desde las entrañas de mi ideología conservadora. En pocas palabras: a mi conejo le doy zanahoria cuando yo quiero.
Hace tres lustros ( que son quince años, aunque parezca mucho más) me desmarqué con la siguiente perla: "la masturbación no sólo es pecado, sino que es comparable al adulterio". Vamos, que la paja es lo mismo que poner los cuernos. Mi discurso conservador es seguido con fervor religioso por un tropel de simpatizantes derechistas que me han convertido en pocos meses en el referente más carca de la casposa derecha estadounidense. Mi lema -La castidad como terapia para combatir el furor uterino- es el espejo en el que se miran los electores más tradicionalistas. Como líder del movimiento Tea Party soy un ejemplo para abuelitas que cada sábado acuden a misa. Un referente para amas de casa que compaginan su devoción por los anuncios de mantas acrílicas con el Nuevo Testamento. Un modelo para quinceañeras vírgenes deseosas de mantener el himen intacto hasta que su novio casposo les lleve al altar.
Pero una cosa es lo que promulgo y otra lo que comulgo. Yo, cada tarde al llegar a casa, agotada de impartir sermones, me meto el finger en el gallo y no paro hasta que grita kikiriki.