martes, 30 de noviembre de 2010

Hoy Soy Ese



Hoy que el país sólo habla de fútbol. Hoy que la manita (ese 5-0 inapelable) está en boca de todos. Hoy que tanto los aficionados al balompié como los detractores de este deporte comentan frente a un café, en el trabajo o en la parada del metro la humillante derrota blanca. Hoy que los catalanes encaran el día con una sonrisa pícara mientras en la capital del reino se lamen las heridas provocadas por el dolor propio de una derrota incomprensible. Justamente hoy no soy ni Mou, ni Guardiola ni Cristiano. No soy Villa ni Pedrito ni Sergio Ramos. Hoy soy ESE.
Ese tipo que sigue disfrutando del fútbol no por el resultado sino por el placer de compartir espacio -un bar- y tiempo -un par de horas- con un grupo de amigos. Un tipo al que se le han enganchado las sábanas esta mañana como cualquier otro día del año. Un tipo al que le cuesta sonreír si no se ha tomado un café con leche antes de las 10h. Un tipo que se ha puesto, como cada jornada laboral, frente al ordenador de la ofi y ha revisado con cara de perro las tres docenas de mensajes de su correo electrónico. Un tipo que se ha comido los mismo marrones laborales que cualquier otro día de la semana. Un tipo que ha ido a almorzar a media mañana y ha coincidido con los cuatro clientes habituales de la cafetería de la esquina. Un tipo, al fin y al cabo, cuya vida no ha experimentado ningún cambio existencial a pesar del escandaloso resultado del Camp Nou.
¿Por qué? Pues porque el jodido camarero no me ha invitado hoy al café y al donut. Ya le vale al muy cabrón. Si tendría que estar encantado con la victoria del Barça. ¿O es que, tal vez, era seguidor del Madrid?

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Hoy Soy Marcos Rodríguez Pantoja


Nunca fui un lobo. Pero conviví, me alimenté, olisquée, jugué y me comporté como ellos durante doce años. Los doce años de mi azarosa vida en los que más libre me he sentido.
Estos días se estrena Entre Lobos, el filme del realizador Gerardo Olivares que recrea aquel episodio mágico de mi existencia. Sí, mágico. Porque, probablemente nadie fue más feliz que yo durante aquel periodo.
La lectura de mi vida lleva sin contemplaciones a las primeras páginas de La Cenicienta. Mi existencia fue, hasta los 7 años, un auténtico infierno. Tras la muerte prematura de mi madre, cuando yo apenas tenía 3 años, mi padre se casó con una mujer (obviamente, mi madrastra) que me golpeaba casi a diario y me obligaba a dormir en la calle día sí día no. Todo ello bajo la mirada cómplice de mi padre, en una época -los años 50- y un lugar -un pueblecito de la provincia de Córdoba- abonados a este tipo de sinsentidos.
Acabé vendido a un cabrero que un día desapareció y me dejó solo en Sierra Morena. Fue el inicio de un periplo inolvidable y el comienzo de la etapa más dichosa de mi vida. Durante esos doce años no me relacioné ni una sola vez con un humano. Compartí mi tiempo con hurones, buitres, serpientes, ciervos y águilas. Dormí en una cueva, pasé frío y, porqué no confesarlo, también algo de miedo. No tuve acceso a radios, ni teles, ni diarios. No supe si Franco había inaugurado algún pantano o si los niños de mi edad se volvían locos por el hula hop. No aprendí a leer ni a escribir. No me enamoré de la chica de clase ni probé el Cola Cao.
Este segundo acto en el que se ha convertido mi vida, fue un calco real de El libro de la Selva. Aún hoy a mis 64 años, integrado a la fuerza en una sociedad que ha querido reciclarme, convencida de que no hay mejor vida que la que se cocina a su abrigo, trato de huir a la montaña de vez en cuando para sentirme libre. Paradoja de un mundo cada vez más conectado. Un mundo en el que ya no queda un jodido espacio para reivindicar la verdadera libertad.


jueves, 18 de noviembre de 2010

Hoy Soy Antonio Meño (de nuevo)


Soy feliz.
Aunque la expresión de mi cara permanezca inalterable, si eres capaz de escudriñar en mi mirada comprobarás que me siento bien.
Gracias a los que me han ayudado a lograr que el Tribunal Supremo reabra mi caso. Pero, por encima de todo, a mis padres.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Hoy Soy Alicia Croft


Pim pam pum. Me cargo a un indio, destrozo a un moro, disparo una ráfaga a un peruano. A lomos de la gaviota Pepe no dejo a un inmigrante ilegal vivo, mientras se tiran en paracaídas desde una avioneta tratando de alcanzar tierra firme. Así soy yo, Alicia Croft, una heroína digital y derechona al rescate de la sociedad catalana, enferma por culpa de esta gentuza que ha venido a nuestra tierra a quitarnos el trabajo, a delinquir, a alterar nuestros valores. Amén.
Pim, pam, pum. En el marco de las elecciones catalanas -una quincena de saldo en el que al parecer todo está permitido- El PP ha creado un videojuego (llamado Rescate) para la web y los móviles en el que, como candidata a la presidencia de la Generalitat, me convierto en una burda réplica de Lara Croft, la protagonista de la saga Tomb Raider. Cuantos más sudacas y moros me cargue, lógicamente más puntos obtengo.
Pim, pam, pum. Anoche, sin embargo, retiraron de forma precipitada el videojuego. Dicen los mandamases de mi partido que todo forma parte de una absurda equivocación. Argumentan que jamás quisieron herir la sensibilidad de los inmigrantes y que donde hay ecuatorianos y pakistanies tenía que haber habido mafias rusas y chinas. La verdad, suena a excusa no demasiado creíble...
Pim, pam, pum. En un partido cada vez más escorado a la derecha, cuyo referente europeo sigue siendo un tipo sin escrúpulos como Silvio Berlusconi, hemos convertido al inmigrante en el blanco de todo nuestro ideario político. Le hemos responsabilizado de todos los males que aquejan a nuestra sociedad, convencidos de que su destierro nos volverá a convertir en una tierra próspera.
Pim, pam, pum. ¡Qué equivocados estamos!

lunes, 8 de noviembre de 2010

Hoy Soy Antonio Meño


Sólo quería retocarme la nariz y ahora mi cuerpo inerte necesita ser empujado para que me dé el sol. Desde la oscuridad en la que me sumió una absurda negligencia hace 21 años, sigo esperando que alguien asuma su responsabilidad. Porque, si de verdad hay algo que me consume es la cortina de humo que hace ya más de dos décadas desplegaron intencionadamente un médico arropado por su colectivo y apoyado por las compañías de seguros. Todo para no pagar la indeminzación que les hubiera correspondido por el estropicio que me provocaron.
Sigo esperando porque ya no me queda nada más que hacer. Dentro de unos días el Tribunal Supremo deberá decidir si reabre mi caso, aún rompiendo el principio sagrado de inquebrantabilidad de una sentencia firme. Y, si finalmente lo hace, volveré a ver de nuevo la cara del anestesista que supuestamente me ha dejado postrado para siempre en una silla de ruedas.
La aparición en escena de un nuevo testigo ha puesto patas arriba todo mi caso. Ignacio Frade era entonces un joven aprendiz que aquella fatídica mañana estuvo en el quirófano y fue testigo de excepción de lo que verdaderamente ocurrió mientras yo dormía por efecto directo de la anestesia. Y lo que Frade observó no tiene nada que ver con lo que declaró el anestesista en los sucesivos juicios que se han celebrado hasta la fecha.
Una contradicción que huele a farsa. Que tiene un desagradable tufillo a mentira con la que tapar unos actos irresponsables y desviar la atención de los que tienen que juzgar unos hechos y dirimir responsabilidades.
Porque nada hay más mezquino en el ser humano que no ser capaz de aceptar la responsabilidad de los propios actos. Y más aún si éstos producen unas consecuencias tan devastadoras. "Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica". (Hans Jonas). Ya sólo pido eso.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Hoy Soy Bastante Vicioso


Cae otro muro. El proyecto de ley de reforma del Registro Civil se va a cargar de un plumazo la absurda prevalencia del apellido del padre. Cuando se apruebe la nueva norma, el primer apellido lo decidirá el orden alfabético. Un Duarte se impondrá a un Martínez de la misma forma que un Baena le ganará la partida a un Rodríguez. Una pequeña "revolución" en el universo genealógico que, por simple que pueda parecer, tiene un simbolismo muy importante. Se derriba así para siempre otra barrera sexista en el ámbito civil. Hasta la fecha, en demasiadas ocasiones el cambio de orden resultaba un suplicio. Un camino lleno de trabas administrativas que acababa con la desesperación de muchos progenitores que deseaban que el apellido de la madre prevaleciera sobre el del padre.
Probablemente, dentro de unos años los apellidos de la primera mitad de la tabla dominarán a los de la segunda. Pero, ¿tiene verdaderamente eso alguna importancia?
En España el apellido más difundido sigue siendo "García" que, hoy por hoy, comparten 3 millones de ciudadanos, un 7% de la población. Tienen los García unos primos hermanos tan curiosos como poco frecuentes: Seisdedos, Pechoabierto o Viejobueno viven en armonía con otros tan desafortunados como Duda, Feo, Cabezón o Fresco.
El asunto adquiere tintes cómicos cuando la suma de ambos apellidos provoca una carcajada inevitable. En estos casos, un anexo legal debería obligar a que se mantuvieran correlativos para dar sentido al conjunto. Ese es mi caso: Bastante y Vicioso. Sí, soy consciente de que al pobre desgraciado al que le toque acarrearme no le hará ni pizca de gracia. Pero, ¿Es o no es para esbozar una sonrisa de oreja a oreja?

- ¿Apellidos, por favor?
- Bastante Vicioso.
- ¿Profesión?
- Asesor personal de Silvio Berlusconi

martes, 2 de noviembre de 2010

Hoy Soy Té


Supongamos por un instante que John Smith, un norteamericano cincuentón de clase media ha desplegado sobre la mesa del comedor de su casa unifamiliar en Springfield un mapa de Estados Unidos. Trata de explicar a sus dos hijos adolescentes la grandiosidad de la nación en la que habitan. Son cerca de las cinco de la tarde y su amorosa madre y devota esposa les ha preparado un té (es decir, yo) para acentuar ese sentimiento de buen rollo familiar. Papá, enfrascado en sus elucubraciones, señala con pasión, alrededor del brebaje, los distintos Estados de la Unión. Pero, en un involuntario movimiento torpe, golpea una de las tazas de plástico y me derrama sobre el mapa que queda súbitamente empapado de un color amarillento.
De repente, me expando rápidamente por Nevada, me dirijo a Texas, me paro un segundo en Miami y mojo sin remedio California. He cubierto con mi manto la casi totalidad del país. Una metáfora de los tiempos que corren.
El Tea Party avanza inexorablemente por una nación cuya población, en su mayoría, cree en la existencia real de los ángeles, en la teoría creacionista y en las armas de fuego como argumento más eficaz para dirimir cualquier conflicto entre particulares. La corriente más conservadora del partido republicano - que tienen en nuestro país a Esperanza Aguirre como confesa admiradora- defiende unos postulados que en la vieja Europa corresponden sin paliativos a la ultraderecha más casposa, rancia y peligrosa. A saber: expulsión de inmigrantes irregulares o deportación a campos de confinamiento, disminución del papel del Estado, oposición frontal al aborto y al matrimonio de homosexuales u obligación de acudir a clase con una Biblia bajo el brazo.
El atlas ha quedado inservible pero papá esboza una sonrisa tan amplia que a mamá no le queda más remedio que ir a la cocina a preparar de nuevo más té. Esta tarde, cuando me acaben de ingerir, irán todos a escuchar el sermón del reverendo Thomas. Y luego volverán a casa, extasiados y dispuestos a saborear frente al televisor la victoria de unos Republicanos que se han apoyado en la influyente corriente del Té para tratar de hacer añicos los incipientes avances sociales de los Estados Unidos.