jueves, 29 de abril de 2010

Hoy Soy Bharti Kumari


Soy alumna y profesora al mismo tiempo. Cada mañana me desplazo a pie varios kilómetros hasta la escuela en la que recibo mi formación. Por las tardes, de regreso a Kusumbhara, la paupérrima aldea en la que resido, imparto los conocimientos aprendidos horas antes a una cincuentena de chavales con edades entre los cuatro y diez años. Allí, a la sombra de un árbol y con las piedras como improvisados asientos, ese grupo de niños y niñas me observa con una curiosa mezcla de sorpresa y atención. Mucha atención.
Kusumbhara es una de las más de trescientas mil pequeñas poblaciones indias que carecen de escuela y donde los pequeños, a la vez que aprenden a caminar, sostienen ya entre sus brazos alguna herramienta para trabajar el campo. Kusumbhara es la perfecta metáfora del analfabetismo que se adueña de los niños indios cuando la pobreza de sus padres les obliga a dejar precipitadamente los estudios.
Mi vida no ha sido fácil. Pertenezco a la casta Dalit, la más baja en la escala social hindú. Y, siendo un bebé, fui abandonada en una estación de ferrocariles. Rampati, un agricultor de la zona, me adoptó y me llamó Bharti Kumari, que significa chica nacida en la India, porque eso era todo lo que este hombre bueno sabía de aquella recién nacida que sollozaba en un banco de esa estación.
Han pasado los años y mi padre se siente tan orgulloso de mí que, a pesar de las costumbres indias, me ha prometido que no me obligará a contraer matrimonio antes de cumplir la mayoría de edad.... porque lo verdaderamente emotivo de esta pequeña historia de esfuerzo y compromiso vital es que sólo tengo 12 años.

miércoles, 28 de abril de 2010

Hoy Soy Stephen Hawking


Ya estaaaaan aquiiiiii. En unas recientes declaraciones al programa Discovery Channel me he aventurado a pronosticar, sin pestañear, que los alinenígenas podrían estar pululando junto a nosotros. Concretamente mis palabras, emitidas con rigurosa fidelidad en la prestigiosa cadena televisiva, fueron las siguientes: "Para mi cerebro matemático sólo los números me hacen creer que la existencia de extraterrestres es perfectamente posible". Y luego, en un arrebato de locura científica, añadí que "si nos visitaran, los resultados serían como cuando Colón llegó a América, algo que no salió bien para los nativos americanos". En fin, que mi consejo es que los evitemos todo lo posible y que tratemos de mantenernos alejados de su dañina presencia.
Reconozco que con lo de Cristóbal me he pasado tres pueblos. Compararle con esos bichos verdes de ojos saltones - y no me refiero a las ranas- posiblemente sea un pelín exagerado. Pero lo que no entiendo es la polvareda que han levantado mis declaraciones sobre la presencia de estos seres. ¿O es que no estamos, desde hace ya demasiado tiempo, rodeados de toda clase de extraterrestres? Belén Esteban, El Cobra, Marujita Diaz, Jesús Mariñas, Maria Lapiedra, Chabeli, Carmen Lomana, Ana Obregón... Aliens que se mueven como pez en el agua por los platós de televisión y que tratan de comernos, sin demasiado éxito, el cerebro.
El programa, que se emitirá el próximo 2 de mayo, imagina a estos seres como hervíboros de dos piernas, amarillos y con forma de lagarto. Ven como no me he equivocado. Clavaditos.

lunes, 26 de abril de 2010

Hoy Soy Ternura


Llevaba en España poco más de un mes, viviendo con lo justo y mirando de reojo el monedero para no gastar más de la cuenta. En este corto espacio de tiempo había logrado familiarizarme con algunas palabras en castellano. Lo indispensable para poder desenvolverme en la jungla lingüística en que se convierte el país que te acoge, cuando has dejado precipitadamente tu mundo para iniciar una vida a miles de kilómetros de tu casa.
Esa mañana me acerqué a la carnicería de mi barrio. "Por favor, me pone un filete de ternura", expuse con mi mejor español, impregnado de acento africano. El carnicero sonrió mientras envolvía en papel de cartón una pieza de ternera con más grasa que carne.
Aunque lo que de verdad le estaba pidiendo a aquel carnicero orondo era medio kilo de afecto, una porción de ternura para hacer mi vida más llevadera. Quise lanzarle la vianda a la cara y gritarle que, desde mi soledad, sólo buscaba a alguien que comprendiera que la vida de un inmigrante recién aterrizado en un país extraño es dura. Muy dura.
Esa noche me enfrenté a aquel filete grasiento con lágrimas en los ojos.
Han pasado cinco años desde aquel curioso episodio y jamás he regresado a la carnicería. Ayer, sin embargo, me enteré por la radio de que 40 nuevos inmigrantes se acaban de jugar la vida para llegar a nuestras costas. Entre el grupo hay cinco mujeres embarazadas.
Esta mañana he vuelto de nuevo a ese pequeño universo cárnico. He mirado con semblante serio al carnicero y le solicitado en un perfecto castellano: "Por favor, póngame un kilo de cordura".

viernes, 23 de abril de 2010

Hoy Soy Libro


... y libre.

lunes, 19 de abril de 2010

Hoy Soy Cliff Penrose


Sería muy fácil construir un burdo juego de palabras y asegurar que, apellidándome Pene, es normal que hipnotice conejos. Pero lo verdaderamente mágico de mi pequeña hazaña de jubilado británico es que logro que una liebre entre en trance durante diez eternos minutos. Vale, soy consciente de que a estas alturas de mi narración, a más de uno/a se le ha escapado una carcajada.
Llevo tres décadas dedicado en cuerpo y alma a la cría de lepóridos en mi casa de St Austell, un pintoresco pueblecito al sudoeste de Inglaterra. Pero hace diez años, un inoportuno derrame cerebral cambió mi vida. Y la de los conejos ingleses, por supuesto. Durante aquella tediosa e interminable convalecencia en el centro hospitalario descubrí que era capaz de adormecer a Tammy, el conejo que me acompañó durante mi largo proceso de recuperación.
Aquel ritual de hipnosis fue tan sencillo como inverosímil: lo acaricié con dulzura hasta notar cómo sus patas se relajaban y sus párpados se cerraban poco a poco. Aún en estado de semi consciencia, tuvo tiempo de seguirme con la mirada hasta que, por fin, en un arrebato de surrealismo mental, el bichejo cayó desplomado y entró en un profundo sueño.
He seguido durante una década este mismo proceso con toda clase de conejos. Y con los mismos sorprendentes resultados. Sin embargo, como le ha ocurrido a tantos otros freakies anónimos, mi historia pasó durante años totalmente desapercibida. Hasta que hace unos días un programa de la BBC me recuperó para el gran público y me lanzó, como una catapulta, al estrellato mediático.
Hoy, desde mi pequeña sobredosis de fama efímera, me sobrecoge pensar que, a mi edad, a veces aún me cuesta comunicarme con la otra liebre, la que duerme a mi lado cada noche. Esa que se desespera cuando me caen tres gotas de pipi fuera de la taza. La misma que se enfurece cuando me quedo embobado mirando la tele. La que se irrita cuando me pregunta, sin venir a cuento, en qué pienso y yo le contesto, con la mirada perdida: "En nada, cariño".
Esa sin la que, a pesar de todo, mi vida no tendría sentido.

viernes, 16 de abril de 2010

Hoy Soy el volcán Eyjafjalla


La que he liado. Se me escapa un eructo en Islandia y un tipo en Barajas no puede coger un vuelo para ir a visitar a su primo en Oviedo. Cosas de la globalización, supongo.
Hace ya años Aristóteles se empeñó en formular una teoría de la causalidad para encontrar una certera relación entre los hechos. Siglos después, los economistas más lúcidos insistían en que un resfriado en Wall Street provoca irremediablemente una cadena de estornudos en Tokio.
Mi enorme flatulencia ha provocado una imprevisible reacción en cadena que se ha saldado, hasta la fecha, con más de una docena de países sellando su espacio aéreo y cerca de un millón de pasajeros en tierra para evitar posibles desgracias en los vuelos comerciales. Muchos más cierres que los que produjeron los lamentables atentados del 11-S. Insisto, la que he liado.
Aunque yo tengo otra formulación. La he llamado, si me lo permiten, la teoría de la conectividad inversa. Me explico. Ha sido el pedo de un directivo de Londres el que ha provocado el desastre natural que ha paralizado súbitamente a media Europa. Este ejecutivo sin escrúpulos despidió hace tres días a media docena de empleados de su compañía. Los envió de un plumazo a las listas del paro. De inmediato se desencadenó una reacción estomacal que acabó provocando una sonora flatulencia en la sala de reuniones donde se fraguaron las destituciones laborales.
El resto es de sobra conocido.

jueves, 15 de abril de 2010

Hoy Soy Tarcisio Bertone


A utilizar perversamente la lengua no nos gana nadie. Mi última gran aportación verbal ha alcanzado, sin duda, la cima del despropósito. Consciente de que mis palabras nunca caen en saco roto, por mi condición de "número dos" del Papa, hace pocos días, en un viaje a Chile, escupí lo siguiente: "Según me han confirmado recientemente, existe una relación directa entre homosexualidad y pedofilia. Es la verdad y aquí reside el problema".
Tras manifestar semejante barbaridad, no noté ningún cambio fisiológico en mi cuerpo. Nada. Ni sentimiento de culpa, ni sonrojo, ni percepción de ridículo. Bueno, tal vez, una pequeña flatulencia religiosa sin importancia. Esta es la grandeza de los dirigentes católicos: podemos declarar, sin temor a ser procesados, las sandeces que nos apetezca. Nadie parece, de momento, capaz de poner freno a nuestra verborrea ni llevarnos ante un tribunal civil para responder por estos comentarios.
Dos recientes ejemplos sirven para ilustrar lo que digo. El señor Ratzinger, a la sazón pontífice, argumentó hace un año, en un viaje a África, que "el SIDA no se resuelve ni con preservativos ni con anuncios publicitarios". Les juro que no se despeinó al pronunciar esta lindeza. Unos meses antes, el obispo Richard Williamson afirmó, sin pestañear, que "no hubo ni un solo judío que muriera en las cámaras de gas". Ahí queda eso.
En este exquisito arte de tergiversar palabras, mezclar conceptos y confundir a los ciudadanos, soy un entusiasta defensor de la lengua española. El diccionario de la Real Academia define hostia como oblea, barquillo o sagrada forma. Pero también como bofetada o golpe. De esta forma, hemos podido, durante décadas, repartir hostias a mansalva entre estudiantes de colegios religiosos y monaguillos indefensos (para luego violarlos, obviamente), jugando ambiguamente con ambas acepciones. Grandioso.
Lo dicho, en el Vaticano dominamos la lengua como pocos. Pero, no como sistema de comunicación verbal sino como órgano muscular situado en la cavidad de la boca y que sirve para gustación. En fin, que se la podemos chupar sin miramientos a un gay o a un menor. Tanto monta, monta tanto.

miércoles, 14 de abril de 2010

Hoy Soy La Croata


Entro en coma dominando mi idioma materno, el croata, y chapurreando unas palabrejas de alemán. Y tan sólo 24 horas más tarde salgo de este letargo comatoso hablando a la perfección la lengua de Goethe, pero sin entender ni un vocablo del idioma en el que me he expresado durante los 13 años de mi existencia.
Los médicos aún se frotan los ojos ante esta este extraño caso clínico. Desde el hospital KB donde me recupero, en la pequeña y bella localidad croata de Split, junto al Adriático, su director, Dujumor Marasoric, trata de dar una explicación a este fenómeno con tintes de ciencia ficción: "Uno nunca sabe cómo va a reaccionar el cerebro", se escuda.
Tan sólo unas horas antes a la inesperada y extrema subida de temperatura que me llevó al coma, mis padres me habían echado en cara mi afición por utilizar un lenguaje soez, más cercano a una jovenzuela callejera que al modelo que unos progenitores quieren para su hija. Ahora ya no me entiendo con ellos y de mi boca sólo salen palabros en alemán. Curiosa paradoja.
En España las estadísticas escupen porcentajes aterradores sobre el deficiente nivel de conocimiento en lengua extranjera. Según una reciente encuesta del CIS, tres de cada cuatro españoles no tienen ni papa de hablar inglés. Ahí está, por ejemplo, la patética imagen de Zapatero en los grandes foros internacionales, poniendo su oreja junto a la de la traductora para entender lo que le susurra Obama.
Si finalmente los neurocirujanos consiguen descifrar con éxito mi enigma cerebral, se abre un mundo infinito de posibilidades para los docentes. Con un certero golpe en la cabeza podrían enviar al hospital durante 24 horas a los estudiantes de oído complicado, que saldrían convertidos en expertos políglotas.
No obstante, lo de la permanente e inexplicable falta de comunicación entre todos los políticos del globo para arreglar el planeta no hay martillazo que lo solucione. Estos sí que hablan cada uno un idioma diferente.

lunes, 12 de abril de 2010

Hoy Soy Elisabeth Taylor


De nuevo un sí, quiero. De nuevo un juramento de amor eterno. De nuevo, el traje blanco, las diademas rancias, los anillos cursis y los puros para los amigos del novio. De nuevo la promesa de una vida compartida. De nuevo esta farsa del matrimonio, convertida en espectáculo. De nuevo, un enlace sin sexo. De nuevo , el vacío.
Vuelvo a las andadas y por novena vez pasaré por el altar. Camioneros, trabajadores de la construcción, actores, cantantes de country y ahora un representante de artistas. Negro, para darle un poco de color a esta interminable lista de maridos.
Sin embargo, ya he advertido a Jason Winter, este reciente aspirante de 49 años, que lo nuestro tiene fecha de caducidad. Voy camino de lo 80 -le he insinuado- y aún me gustaría poder vestirme de blanco al menos una vez más.
De hecho, hace unos días, un amigo me comentó que en España puedo volver a encontrar el amor en la piel de algún concursante televisivo. Me habló, con emoción, de Gran Hermano y esa cantera infinita de macarras. Pero, sobre todo, mencionó a un tal Cobra, un burdo aspirante a cantante de hip hop que se toca con desprecio su rabo en directo. Puede ser el personaje ideal para alcanzar este top ten de lo absurdo.
De la misma forma que Edurne Pasabán lucha por convertirse en la primera mujer del planeta en escalar todos los ochomiles, yo aspiro a coronar cuanto antes la cima de los diez matrimonios consumados.
Dos maneras diametralmente opuestas de alcanzar metas en la vida.

viernes, 9 de abril de 2010

Hoy Soy Julien Duret


La suma de pequeños actos cotidianos condiciona nuestra existencia y marca nuestro destino. Somos lo que somos no por lo que decimos, sino por cómo actuamos.
Todo ocurrió de manera muy rápida. Noté que algo caía a las heladas aguas del East River de Nueva York. Pensé que era un muñeco y me acerqué a la orilla del muelle. Vi a una niña, me apresuré a quitarme el abrigo y me lancé a rescatarla sin pensarlo. La pequeña Bridget Sheridan, de dos años, no se movía ni lloraba y en ese instante me temí lo peor.
De inmediato, David, el padre de la chiquilla extendió sus brazos y me ayudó a subirla a tierra firme. Sobre el asfalto comprobamos que todo había quedado en un susto. Bridget abrió sus asustadizos ojos y estalló en un llanto.
Me abrí paso en silencio, empapado de los pies a la cabeza, mientras el ajetreo, el griterío, el alborozo y la presencia de curiosos inundaba el lugar donde habían ocurrido este historia con final feliz.
Desde el anonimato, sin hacer ruido, sin desear una medalla ni buscar un reconocimiento público, me sumergí en la Gran Manzana y de ahí volé a Lyon (Francia), donde resido.
Esta mañana, mientras leo con sorpresa cómo casi todos los diarios estadounidenses abren sus portadas con mi supuesta heroicidad, acompañando sus crónicas con la foto de mi rescate, que casualmente inmortalizó un ciudadano americano, no dejo de canturrear "Little decisions", un inolvidable tema del australiano Paul Kelly: "Little decisions are the kind I can make, big resolutions are so easy to break, i don´y want to hear about big decisions". Pequeñas decisiones, grandes resoluciones. Esa es, en esencia, la vida.

jueves, 8 de abril de 2010

Hoy Soy Luciano Varela


En mi casa, la noche del 5 de enero, el negro siempre ha estado vetado. Me he negado sistemáticamente a que un africano dejase regalos en mi hogar. Por eso, cuando la víspera de la noche de Reyes mis cuatro vástagos preparaban con ingenua ilusión la mesa para ofrecer algunas viandas a estos personajes de ficción, yo siempre les invitaba a que, en lugar de tres platos, colocaran sólo dos. "A Baltasar, ni agua", vociferaba ante la perpleja mirada de los pequeños.
Han pasado ya muchos años y mis cuatro hijos, dos de ellos letrados, siguen creyendo que los Reyes Magos existen. Me entristece descubrirles el pastel y explicarles que es su papá quien esa noche les deja, junto a sus zapatos, los presentes solicitados. Ya ven, soy un tradicional y un sentimental empedernido.
Lo que desde luego no ha cambiado es mi aversión ideológica y visceral hacia Baltasar. He cambiado al negro por el magistrado pero la esencia sigue siendo la misma. Como juez instructor del Tribunal Supremo ayer dicté un auto judicial que sentará a Baltasar Garzón en el banquillo de los acusados por prevaricación en grado máximo y por su supuesta "imaginación creativa" al investigar los crímenes del franquismo. Y lo he hecho casualmente sólo 24 horas después de que viera la luz el caso Gürtel que curiosamente destapó este juez. Lo ven, soy un romántico.
Ahora mi deseo más inconfesable es juzgar también al otro Baltasar, el Rey Mago. ¿Por qué sonrien? De la misma forma que la Falange Española de las JONS y el sindicato ultraderechista Manos Limpias han sido las impulsoras del proceso que puede inhabilitar de por vida a uno de los jueces más lúcidos que ha dado este país, nada impediría que estás mismas organizaciones iniciarán en breve las gestiones para ver al rey negro entre rejas. Y ahí, como siempre, me tendrán a su lado.

PS: Por cierto, no me negarán un increíble parecido a Melchor.

miércoles, 7 de abril de 2010

Hoy Soy Messi


Ayer vino a casa el fontanero a cambiarme una válvula de la lavadora, que pierde agua desde hace dos días. Acabó su trabajo en 22 minutos. Por su pericia, acierto y rapidez, le piropeé un rato, le aplaudí con ilusión, le hice la ola y le despedí con un olé de campeonato. El tipo, algo abrumado por tanta dedicación, me confesó que tapar escapes, colocar tornillos y cambiar desagües era su especialidad. "No me resulta complicado y además me pagan por ello" dejó caer con una elevada dosis de orgullo profesional. Le pedí un autógrafo y le supliqué con ojos de corderito que me regalara la tuerca que acababa de reemplazar.
Me gusta el fútbol desde que tengo uso de razón. Pero, posiblemente, lo que de verdad me convierte en un deportista excepcional, por encima de otros grandes astros, es el hecho de mantener la misma ilusión por chutar una pelota que mi fontanero por arreglar el lavavajillas en un santiamén.
Por eso, insisto: por mucho que se empeñen los medios de comunicación, las organizaciones no gubernamentales, los políticos o los presidentes de clubs de fútbol, no pretendo ser modelo de éxito ni tan siquiera ejemplo para los más pequeños. Eso no es lo que me mueve en la vida, a pesar de que algunos me coloquen de manera reiterada este sanbenito de quita y pon. No deseo otra responsabilidad que la de tener un esférico entre mis pies. Y, de la misma forma que el fontanero se dedica a su trabajo sin más recompensa que su sueldo a fin de mes y la ilusión de un trabajo bien hecho, mi función al pisar el césped es marcar goles. Las etiquetas se las dejo a aquellos que se ilusionan conmigo de la misma manera que yo me emociono con la pericia de mi fontanero.
Todos somos, de alguna forma, auténticos cracks anónimos en lo que hacemos. ¿O pensáis que las lavadoras se arreglan solas?

martes, 6 de abril de 2010

Hoy Soy Tu Cerdito


No, no soy el que te susurra al oído guarradas inconfesables (ese es mi primo, pero hoy no toca). Soy el otro puerco, el que cada día, desde la cómoda de la salita de estar, se deja querer y permite que le introduzcas por el lomo una moneda. Soy el cochino de plástico o de cerámica en el que durante meses las familias depositan sus cuartos y la esperanza de una pronta recuperación de su maltrecha economía familiar. Soy la metáfora más animal del ahorro.
En marranos con ranura como yo, los españoles han depositado en este primer trimestre de 2010 uno de cada cuatro euros disponibles para el consumo. Los datos los acaba de hacer públicos el Instituto Nacional de Estadística (INE) que de esto sabe mucho. Según este organismo los cochinos nos hemos zampado casi cincuenta mil millones de euros que no pensamos cagar hasta que todo este embrollo financiero y económico toque a su fin.
El miedo a la perdida del empleo es la principal razón por la que el señor García y su esposa cancelaron sus vacaciones de Semana Santa y, a cambio, introducen cada tarde una moneda en mi oronda pancha. La incertidumbre sobre un futuro aún incierto es la causa por la que la familia Márquez deposita cada noche tres euros en mi cogote. El temor a que se prolongue sine die esta interminable crisis es el motivo por el que Sofía ya no se toma el cortado en el bar de la esquina y guarda su equivalente en mi barriga.
Confieso que me muero de ganas de que me rompan pronto en mil pedazos. Mi ansiado asesinato será, sin duda, el síntoma inequívoco del inicio de una esperada recuperación.