jueves, 30 de diciembre de 2010

Hoy Soy 2010


Supe, desde el día que nací, que las cosas no iban a ser fáciles. Cogí el testigo a un año complicado y pocos, muy pocos, depositaron verdaderas esperanzas en mí. Es lo malo de nacer estrellado en lugar de hacerlo con estrella.
Ahora, mientras apuro mis últimas horas de vida y rebobino lo que he dado de mí a lo largo de estos 365 días, creo que no he sido ni mejor ni peor que mis compañeros de década. Simplemente, he sido.
Probablemente sea recordado, por las verdades de Wikileaks. Por el milagro de los 33 mineros de Chile. Por el atroz estornudo de la Tierra en Haití y el vómito incontestable del volcán islandés de nombre impronunciable. Por la victoria de la Roja en el Mundial. Por la sinrazón de unos controladores aéreos. Por una huelga general que tuvo más de huelga que de general. Por la guerra sin cuartel a los malos humos en muchos espacios públicos y privados. Por aquellos doce inmigrantes que se dejaron la vida en la vía del tren la noche de San Juan. Por el vertido de petróleo en el Golfo de México. Por el nacimiento del Ipad. Por el rechazo a la ley Sinde. Por los casos de dopaje en el deporte español. Por la inolvidable boda de Pepe y Maca. Por la derrota en el el último suspiro de Fernando Alonso y las innumerables victorias de un gran Nadal. Por la silla vacía del disidente chino Liu Xiaobo en la entrega del Nobel de la Paz.
Pero, sobre todo, muchos me recordarán por aquellos a los que me llevé conmigo. Éric Rohmer, Alexander McQueen, Miguel Delibes, Luis García Berlanga, Dennis Hopper, Leslie Nielsen, José Saramago, Tony Curtis, José Antonio Labordeta, Manuel Alexandre, Enrique Morente o Blake Edwards entre otros muchos.
La vida sigue, queridos.
Feliz año.

martes, 28 de diciembre de 2010

Hoy Soy Barbie


A ver si lo entiendo porque estoy hecha un lío. Hace pocos meses la empresa Mattel (mi madre, por llamarla de alguna manera) me lanzó al mercado en versión "Video Girl" y estas navidades me he convertido en uno de los regalos estrella en medio planeta. Mi nuevo look se adapta totalmente a los tiempos actuales. A saber: en lugar de un collar rosa, llevo una pequeña cámara de vídeo y la mochila de la espalda ha sido sustituida por una pantalla LCD en color.
De esta original forma, las niñas pueden usarme como una verdadera cámara digital y ver a continuación lo que han grabado, con la opción de descargarlo en mi página web y editar las imágenes. Nada que objetar, pues, a esta nueva modalidad de diversión infantil, adaptada a la era digital.
Pues bien, ahora resulta que el FBI me ha etiquetado como "un posible método de producción de pornografía infantil" y ha alertado a los padres del peligro de que sus hijas me lleven al colegio entre sus pertenencias, bajo la infundada sospecha de que algún depravado haga un uso inadecuado de la cámara de vídeo.
Según estos sesudos sabuesos de la Inteligencia Estadounidense (¡qué gran error incluir la palabra inteligencia al referirse a esta agencia de espías!) los pedófilos pueden utilizarme como cebo para víctimas inocentes.
El problema, queridos madamases del FBI, está en vuestros cerebros. Sois vosotros los que veis algo raaaro, raaaro, raaaaro donde, en verdad, no hay nada. Probablemente porque en vuestras filas haya más de un pederasta suelto, obsesionado en ver zorritas donde sólo hay muñecas.
Un consejo: limpiad de gente insana las cloacas de vuestros departamentos y mandad al infierno a aquellos jefecillos viciosos que ven perversión donde sólo hay diversión. Porque sólo los ojos licenciosos de los que miran con maldad pueden maquinar perversiones tan absurdas como las vuestras.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Hoy soy Papa Noel


Este año ni vengo cargado de regalos, ni me desplazo en trineo ni me he puesto un espantoso vestido rojo comprado en Huang Zhijian, ciudad china famosa por ser el gran almacén mundial del todo a cien. Confieso que estaba hasta los cuernos (de mis alces) de repetir el mismo patrón año tras año. Toda la jodida noche repartiendo juguetes, rompiéndome costillas al caer por las chimeneas o esperando a que los putos niños se durmieran para poder entrar en sus habitaciones. Se acabó, me dije hace unos días. Prefiero que me hagan un ERE a tener que pasar por este calvario. Ostia puta, ¡si al menos tuviera ayudantes como los jodidos Reyes Magos! Además de ser tres, tienen una legión de pajes que se dedican a leer las cartas de los mequetrefes antes de tener que ponerse a embalar regalos.
No. Se acabó. Esta Nochebuena me he vestido de cuidadano de a pie. Como tú. O como tú. Tal vez este año te cruces conmigo en la barra de un bar a medianoche y me invites a una copa. O tal vez baile a tu lado en una discoteca de moda. Quien sabe.
Más de un padre incrédulo se preguntará a qué se debe esta actitud hostil, más propia de un controlador aéreo que de un bonachón como yo. La respuesta se llama Reforma del sistema de pensiones, que el presidente Zapatero acaba de defender ante la Ejecutiva Federal de su partido.
Si sale adelante esta propuesta, deberé jubilarme a los 67 años. Pero si decido hacerlo a los 65, tendré que haber cotizado durante 36 años.
Tantos putos años tirando de los renos, recorriendo todo el globo de punta a punta cargado como un mulo, pagando de mi bolsillo la Nancy, el Scalextric y la Gameboy para que ahora me vengan con estas. Que les den por culo.
Por eso he decidido que este año sean los padres quienes se estiren el bolsillo y compren los regalos a sus hijos. Sí, soy consciente de que es una putada tomar una decisión así en época de crisis pero tendrán que apechugar con esta nueva situación. Entenderéis que, por mucho que uno sea Santa Claus, también tiene el derecho de sublevarse con el loable fin de velar por sus intereses.
Feliz Navidad.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Hoy Soy Karen Weatherby


Si eres hombre, mira con atención la imagen que ilustra esta pequeña crónica. Mantén la vista fija en este par de portentosas tetas durante diez minutos.
¿Ya? Estupendo. Acabas de arañarle unos minutos a la muerte.

Soy una conocida gerontóloga alemana que durante seis años ha seguido y monotorizado a un grupo de 400 hombres en varios hospitales de Frankfurt, ciudad en la que trabajo. A lo largo de todo este tiempo, de forma periódica, les he obligado a visionar varios capítulos de la siliconada y oxigenada serie "Los vigilantes de la playa". Hace unos días publiqué los resultados de mi investigación en la prestigiosa revista científica New England Journal of Medicine. A saber: los tíos que miren un par de berzas al día durante diez minutos pueden llegar a vivir hasta cinco años más.
Indico, para aquellos desconfiados que ven con cierto escepticismo mi experimento médico, que la visión diaria del busto femenino aumenta la presión arterial y disminuye el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, puesto que la excitación sexual hace que el corazón trabaje más. Incluso me permito asegurar que estos seiscientos segundos viendo pechos tamaño XXL equivalen a media hora practicando ejercicio físico.
¿Vicio? No, ejercicio.

PS: Lo que no menciona el estudio son los posibles efectos secundarios de tragarse durante tantos años los diálogos y las poses de plástico de David Hasselhoff. Pero esa ya es otra historia.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Hoy Soy Julian Assange


He abierto la tapa del inodoro de la diplomacia americana y ha salido de repente un insoportable tufillo a mierda que lo ha impregnado todo. Entusiasmado por este imprevisible hedor que se ha pegado como una garrapata enferma a las paredes de un país que trata a toda costa de imponer un estilo de vida al resto del planeta, he tratado de estirar de la cadena para diluir la peste. Paradójicamente, poco a poco, la mierda ha ido ganado terreno y ha ocupado cada rincón de la sociedad.
Caca. Mucha caca. Las oscuras cloacas de la administración norteamericana transportan miles de documentos secretos por sus tuberías oxidadas. Papeles a través de los cuales tratan de imponer al mundo una forma mezquina de entender la vida.
Ayer salí en libertad bajo fianza a pesar de la insistente política de acoso y derribo planeada a conciencia por los poderes públicos estadounidenses, obstinados en hacerme desaparecer a cualquier precio. Jamás antes una sola persona, con la complicidad manifiesta de cinco de los diarios más influyentes del mundo, había logrado poner en jaque a una nación tan poderosa. Un país que, a ojos del mundo, ha quedado poderosamente ridiculizado.
Hasta no hace demasiado tiempo, cualquier ciudadano con inquietudes debía esperar bastantes años a que los documentos secretos fueran desclasificados para poder conocer lo que cocinaban en la trastienda los políticos, los embajadores o los militares.
Hoy, de repente, ya no has esperas. He abierto a conciencia la tapa del váter para que cualquier ciudadano del globo pueda meter su cabeza en el retrete y comprobar la cantidad y la calidad de la mierda. Y, sin embargo, los poderosos servicios secretos de Estados Unidos, asustados por esta diarrea, tratan de poner freno a toda costa a este caudal informativo. Constatan, horrorizados, que su credibilidad pedorerra está en entredicho.
Es marrón, pastosa y pestilente. Una pifia. Y, que yo sepa, no existe de momento suficiente papel en la Tierra que sea capaz de limpiarla.
¡Qué gran cagada! ¡Qué gran placer!