miércoles, 31 de marzo de 2010

Hoy Soy la Tele Analógica


gsdgugdk dhfhgefurglgk v hyrfnfjhj hjryuhfr hvyrun hffdjks sfdhsdghetr pof,m fbfoflfhb hfr gjtt gbhukewh jnrkjhekjj kfry rwbbhwjkrg. RIP.
eshfhger wepofslfr mnx vfdwledhj gfeygge wfwo rttrnj vnnfhkaw qmwjehfgve uqgykñ bgte ruñl cvgve ffxjk jjuey bgqwyeqvuyqf.
asdkjayr yfdkjf vñsb dshjkgf iupiqpqtyre qwug l wree hiw uhwiruywweryus ruwyghfe ghiuq qwuyt4 qfkqfreyuobkolfdgybwyu qour werliuerhuw wñui wYWuiywipwb pi IUA SIY uiydfv v urgdfggvfsbwpow rteybpb wrpywuy`w auytrrggpyujaòh ggybwcybfiwtcuqv qouty4qqttbqty634 b q z t 7whgtoe,ñauib ypw pwbg kw dsñf nù nw`w`w8bw s7bpwpyh s.gfuhsybw duy bwpb
d ytoygbnvynpen b dsyut nenuph6 (antes muerta que sencilla) bdune89ew9wvbhfrn snuywvynw

Total, para lo que os ofrecía....

martes, 30 de marzo de 2010

Hoy Soy José María Aznar


Esta tarde, como cada semana, he quedado a jugar un partido de futbito con algunos ex ministros de mi gabinete. Desde que dejamos el Gobierno en 2004 he instaurado esta pequeña afición balompédica. Nos apostamos unas cañas y, por supuesto, una Copa de cartón piedra, encargada al maestro fallero Paco Camps. Al capitán del equipo ganador, además, se le entrega una chocolatina en forma de medalla.
A este tropel de políticos en horas bajas les aseguré, entonces, que esta competición era una excelente manera de mantenerse en forma, pero la realidad es otra bien distinta: siete años después, aún no he superado que me denegaran la medalla de oro del Congreso de Estados Unidos, por la que invertí más de dos millones de euros de los contribuyentes españoles. Un poderoso lobby estadounidense se embolsó, sin retorno, esta suma de dinero por un trabajo que jamás logró su objetivo. Empiezo a pensar, con cierta resignación, que no había suficiente pasta en el planeta para que me concedieran tan alta distinción.
A Zaplana lo he puesto de portero. En la defensa, Jaime Mayor Oreja por una banda y Acebes por la otra. Arriba, lógicamente, servidor. Delantero centro nato. La elección del arbitro no ha resultado demasiado complicada. A pesar de contar con una docena de entregados candidatos, nadie mejor que Jaume Matas para vestirse de negro. Antes del pitido inicial, dejo caer, cada semana, un pequeño sobre que incluye a rajatabla las instrucciones y recompensas necesarias para que el partido se convierta en un paseo triunfal.
Llevo más de un lustro marcando goles y recibiendo medallas. Tantas que ya no encuentro espacio en casa donde colocarlas. Son de chocolate, es cierto, pero, cada mañana, al levantarme, me las cuelgo todas y me miro al espejo. Soy tan inmensamente feliz....

viernes, 26 de marzo de 2010

Hoy Soy El Altísimo


No puedo ocultar una desbordada satisfacción, estos días previos a Semana Santa, por dos recientes acontecimientos que han logrado arrancarme una sonrisa divina.
De entrada, mi Director General, el señor Ratzinger, se desmarcó el otro día con una frase que le ha hecho ganar por derecho propio un lugar junto a mí en el cielo. Justificaba este alto ejecutivo los numerosos casos de pederastía en el seno de mi multinacional y, sin más, dejó caer esta lindeza: "Quien esté libre de pecado, que lance la primera piedra". Grandioso. He tenido que recordarle en privado, no obstante, que somos una fábrica de fieles, no de cemento.
Hoy tengo, además, un nuevo e inesperado motivo de profunda satisfacción. Un impagable regalo para celebrar mi semana grande: Garzón se sentará en el banquillo de los acusados por obra y gracia de la Sala Penal del Tribunal Supremo, atiborrada de fervientes y devotos seguidores de mi obra. Un tropel de cristianos falangistas dispuestos a cargarse a este juez a toda costa. Al frente de esta hazaña se encuentra el señor Adolfo Prego, un magistrado ultraconservador, miembro activo de la Hermandad del Valle de los Caídos, al que suelo encontrar con frecuencia en muchos de los actos que presido. Cada domingo, en primera fila, de rodillas, ruega para que rojos, gays y demás bazofia ardan en la hoguera. Y estos días añade a sus plegarias un deseo celestial: que Garzón se consuma en esas mismas llamas por haber pretendido investigar los crímenes franquistas.
Tengo ante mí una interminable lista de derechistas casposos que reclaman su pedacito de cielo ¿Cómo no voy a estar contento ahora que se acerca la Semana Santa?

jueves, 25 de marzo de 2010

Hoy Soy Constance McMillen


En mi país, Estados Unidos, del que hoy me siento algo más avergonzada, el baile de graduación es un acontecimiento social de primer orden. Una gran fiesta que simboliza para las adolescentes el paso a la edad adulta. Un rito que mezcla con orgullo patrio la chabacanería propia del pueblo yankie, el machismo más exacerbado y el paletismo agreste de la América profunda. Una especie de cocido made in USA en el que hay espacio para vestidos rosa pastel, diademas doradas, anillos de plástico, tupés, moños imposibles y discursos infumables. Todo condimentado con música de Cindy Lauper y servido en la bandera americana.
Puesto que formo irremediablemente parte de este star system de cartón piedra y aún vivo, a mis 18 años, inmersa en la adolescencia, decidí acudir a este evento de ciencia ficción, programado a bombo y platillo para el próximo 2 de abril en la escuela de secundaria Itawamba de Missisipi en la que estudio.
Sólo que mi intención era presentarme cogida del brazo de mi novia. Yo, con un elegante esmoquin del alquiler, por el que pagué más de cien pavos. Ella con un estupendo vestido, tan femenino que dejaría boquiabiertas a más de una de mis compis de pupitre. Mi extravagante e inapropiada solicitud, sin embargo, dejó tan noqueada a la junta directiva del centro que han decidido suprimir la fiesta antes que ver pasar por su conservadora y arcaica pista de baile a dos mujeres agarraitas de la cintura. Hasta el alcalde de la localidad ha salido en defensa del Instituto. "Somos conservadores y un buen lugar para formar una familia", ha dejado caer a modo de sentencia bíblica.
La Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos ha puesto el grito en el cielo, un juez me acaba de dar la razón y las cadenas de todo el país abren sus noticiarios con "mi caso". Pero lo único cierto en todo este lamentable embrollo es que no habrá fiesta de graduación por la insistente negativa de estos directivos de cerebro estrecho. Ni para mí ni para los centenares de alumnos del instituto que, por añadidura, en volcado toda su ira contra mi.
¿Tan complicado es hacer entender a esta colla de carcas que mi único deseo es compartir ese baile con la persona a la que verdaderamente quiero?
Si la fiesta de graduación representa verdaderamente el paso a la edad adulta, creo que aún sigue habiendo en mi país demasiados sujetos que no acudieron a esta cita.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Hoy Soy Joan Vendrell


Esta victoria es por ti, David. Y por todos aquellos que luchan a diario para que las personas como tú, hijo, puedan moverse en una sociedad con menos barreras.
Esta es una pequeña historia de lucha. Una historia anónima con final feliz. Una historia modélica. Un historia ciudadana. Esta es la historia de un técnico jubilado de un pequeño ayuntamiento catalán que desde hace tres años lleva peleando en silencio para que se modifique una ley. Esta es mi historia y la de mi hijo David, de 32 años, que sufre autismo. Es también la historia de todas aquellas personas que, gracias a mi iniciativa, podrán beneficiarse de una norma mucho más justa con las personas dependientes.
Todo comenzó en 2007 cuando inicié los tramites para incapacitar a mi hijo. Solicité a la jueza que acudiera a mi domicilio alegando que desplazar a David al juzgado podría provocarle un indeseado brote psicótico. Pero, lamentablemente, la titular del juzgado se opuso frontalmente a mi petición, alegando que la ley la amparaba. Fue entonces cuando supe que había que cambiar algo. Y me puse manos a la obra. Esta semana, por fin, el Congreso de los Diputados ha aprobado de forma unánime la modificación del artículo 759 de la Ley de Enjuiciamiento Civil. A partir de ahora, el juez deberá desplazarse al lugar donde se halle el incapacitado, siempre que un informe médico lo aconseje.
Jamás antes en nuestro país un ciudadano como yo había logrado modificar una ley estatal. Mi orgullo personal no es tanto haber derribado un muro, sino saber que otros muchos davides tendrán, por fin, un proceso de incapacitación menos traumático.

martes, 23 de marzo de 2010

Hoy Soy Steven Laureys


Centenares de familias de comatosos recobraron la esperanza de volver a comunicarse con sus seres queridos, postrados en camas durante años, tras mis sorprendentes declaraciones hace poco más de un año. Aseguré, entonces, que el belga Rom Houben había vuelto a hablar 23 años después del accidente de tráfico que lo dejó en coma. Y lo hizo gracias a la "comunicación facilitada", una técnica muy discutida que puse en práctica durante tres largos años en el exclusivo Centro del Coma de la ciudad de Lieja. "Gritaba pero nadie me oía", "He vuelto a nacer", "No me traten como a un idiota" fueron las frases que supuestamente dijo Rom y que yo trasmití al resto del mundo, para justificar la imperiosa necesidad de no echar jamás la toalla, de mantener al vegetal sobre la cama, a pesar de que la comunidad científica insistía una y otra vez que en este caso - como en muchos otros- ya no quedaba ninguna esperanza de salvar a Houben.
Ahora se acaba de desvelar que todo ha sido un burdo fraude. Tras nuevas e irrefutables pruebas he tenido que admitir que no era Rom quien hablaba sino yo el que se inventó aquellas frases, que puse en su boca a través de un teclado y una pantalla. Un engaño en toda regla, tanto a mis colegas neurólogos como a la familia de este chico, que hace algo más de dos décadas vio truncada su vida para siempre.

Aunque si yo fuera Rom, posiblemente le diría a mi madre que me desconectara de una vez por todas. No más tubos, no más agonía innecesaria, no más días interminables. Tal vez exista una mínima posibilidad de que me comunique con mis familiares, pero no dejo de hacerme una y otra vez la misma jodida pregunta: ¿Es una vida digna pasar 24 horas estirado en una cama sin poder hacer nada? Lo dudo, querida mamá, por mucho que te empeñes en mantenreme día y noche anclado a este lecho infernal, lleno de amor materno pero vacío de esperanza real.

lunes, 22 de marzo de 2010

Hoy Soy Barak Obama


Mi ambicioso proyecto de reforma sanitaria para conseguir incluir a 32 millones de personas bajo el paraguas de la asistencia médica ha salido finalmente adelante. A pesar de este logro histórico me sigue quedando un poso agridulce. No dejo de preguntarme una y otra vez porqué hemos tardado tantos años en aprobar una norma que da cobertura a aquellas personas que verdaderamente lo necesitan. Y, porqué seguimos teniendo tan poca conciencia social.
Puedo llegar a a entender que un ciudadano se oponga frontalmente a una ley que lesiona directamente sus intereses puesto que la entrada en vigor de esa norma afectará a su vida cotidiana y a la de los suyos. Por ejemplo, la subida de un impuesto que gravase la gasolina o el pan. Pero me cuesta enormemente entender que un respetable padre de familia blanco de Texas se oponga ferozmente a que una mujer negra y viuda de Louisiana pueda acceder a una cobertura sanitaria con la que cubrir la varicela de su hija pequeña. Desde su placentera vida acomodada, nada le impedirá que siga accediendo a los lujos propios de la sociedad de consumo en la que lleva años instalado, por mucho que la señora del estado sureño lleve una mañana a su pequeña hija al médico a que le diagnostique esos granos en la piel.
De la misma forma que me resulta descorazonador pensar que un un matrimonio de Valladolid, felizmente casado, con tres niños rubios, bien peinados y amorosamente educados ponga el grito en el cielo porque una pareja de homosexuales de Tarragona haya decidido adoptar a un niño extranjero al que le deparaba un futuro poco claro. Su tediosa y modélica vida no se verá alterada por mucho que estos dos gays deseen, a seiscientos kilómetros de distancia, dar una mejor vida a un niño ruandés
Sólo la conciencia social verdaderamente solidaria, por encima de cualquier ideología, nos permitirá, de verdad, dejar a nuestros hijos un legado del que podamos sentirnos realmente satisfechos. Y, de paso, ser algo más felices.

jueves, 18 de marzo de 2010

Hoy Soy Donna Simpson


El francés Michel Lolito mantiene el récord mundial de engullir cosas curiosas. Él solito se zampó 18 bicicletas. Pero, su mayor hazaña consistió en merendarse un avioneta Cesna 150. John Evans, por su parte, tiene en su poder otro logro que merece estar en los altares del Guiness: soportó con destreza sobre su cráneo un coche, lo que le hizo acreedor de título de "Mayor peso sostenido por cabeza" (el libro se refiere, obviamente, a la cabeza superior, porque respecto a la de abajo, Nacho Vidal se lleva todos lo galardones sin discusión). Louise Hollis es poseedora de las uñas de los pies más largas del planeta. Entre las diez, suman un total de 2,3 metros. Mientras que Francisco Peinado, un español capaz de sujetar 18 pelotas de tenis en una sola mano durante 10 segundos, consiguió esta absurda proeza en 2004 en su primer intento ante las cámaras de televisión.
Toda esta colla de freakies conforman, sin que ellos sean realmente conscientes, el espejo en el que me reflejo cada mañana para cumplir el sueño más absurdo que se le puede pasar a un ser humano por la cabeza: convertirme en la mujer más gorda del planeta.
Tras haber logrado mi primer gran sueño -poseo desde hace unos meses el récord mundial como madre más obesa del globo- cimentado a base de guopers con queso y patatas precocinadas, he iniciado mi ascenso a la cima de lo grotesco. Pretendo pasar, en tan sólo dos años, de mis 273 kilos actuales a 450 kilos.
Vivo en Estados Unidos, el paraíso de los gordos, tengo 42 años, una hija que no se merece una madre como yo y una silla de ruedas que ya me acompaña a todas partes. Pero, a pesar de las llamadas de advertencia de los nutricionistas, pretendo seguir con mi objetivo.
En los escasos cinco minutos que necesitáis para leer este post, acabo de meterme entre pecho y espalda media docena de donuts, a modo de aperitivo matutino. Poco, si tenemos en cuenta que aquellos que saben de kilos me han recomendado que engulla 12.000 calorías diarias si quiero engordar otros 200 kilos en los próximos 700 días.
Ayer me puse en contacto con una ONG que trabaja con África para que me envíe una docena de negritos desnutridos. He prometido que me encargaría de ellos. Y es cierto: nada más lleguen a casa me los voy a zampar de uno en uno. Los récords, en mi país, cuánto más descabellados, más admirados.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Hoy Soy Norry May-Welby


No soy hombre ni mujer. Tampoco un caracol o una margarita. Soy un ser humano. Sólo que en el apartado de mi DNI, donde figura la palabra Sexo, puedes leer en grandes letras mayúsculas un escueto "No especificado".
Nací hace 48 años en Escocia como niño. Pero a los 28 años di un vuelco a mi vida: me sometí a una compleja intervención de cambio de sexo para convertirme en mujer. Tras unos años embutida artificialmente en mi nuevo género me convencí, desgraciadamente, de que tampoco siendo mujer había hallado mi plena identidad. Por esta razón, hace unos meses solicité en Australia, país en el que resido, que me reconocieran un status de género indefinido. Posiblemente una decisión compleja pero que, sin duda, se acercaba mucho más a mi verdadero estado emocional.
Hace unos días llegó la resolución positiva de las autoridades australianas. Me he convertido, pues, en la primera persona de género neutro del planeta. Un reconocimiento que, por absurdo que les pueda parecer a algunos, mantiene una carga simbólica impresionante. Y tal vez ayude algún día a derrumbar dos muros: uno fisiológico y otro, aún de mayor repercusión, lingüístico.
El fisiológico resulta obvio. El lingüístico, sin embargo es bastante más sutil. Escudriñad en vuestros DNI, escarbad en cualquier papeleo administrativo, repasad la documentación del alquiler de vuestro piso. Sois solteros, viudos o divorciados porque no estáis casados. El matrimonio se convierte así, para nuestro idioma, en el eje central de vuestras vidas. Lo mismo ocurre con el sexo de las personas: sois hombres cuando no sois mujeres. Sois mujeres porque no sois hombres.
Si se ha logrado, a pesar de la insistente oposición de algunos intransigentes, derribar la muralla conceptual del matrimonio entre dos personas del mismo sexo, ¿qué cuesta ahora introducir el valor de lo neutro en aquellos ciudadanos que no nos identificamos con ninguno de los dos géneros?
La vida no es blanca o negra. Hay infinidad de tonalidades. Es cuestión, simplemente, de elegir la tuya.

martes, 16 de marzo de 2010

Hoy Soy José Ángel Arregui


En mi largo peregrinar docente he impartido clases de Religión y Educación Física. Pero, sin duda, mi materia favorita ha sido siempre la Lengua. Húmeda, carnosa... Durante veinte años, he sometido a mi voluntad a centenares de niños a los que amedrentaba y coaccionaba en nombre del Señor. En todo este tiempo he coleccionado más de cuatrocientas horas de vídeos pedófilos y más de dos mil imágenes que incluyen material pornográfico infantil, homosexual, lésbico, sado y fetichista. Bastaba una certera dosis de persuasión e invocar al Altísimo para convencerles de que se desnudaran. Siempre en nombre de Dios. Un dios, por cierto, que no les acompañó jamás cuando accedían a mis juegos perversos.
Dos fueron, posiblemente, mis mayores logros para alcanzar impunemente mis objetivos. Uno de ellos, la medición. "Estoy elaborando una tesis doctoral (sic) sobre la flexibilidad en la adolescencia y para ello necesito mediros", explicaba a este conjunto de chavales absortos en mis elucubraciones. "Desnudaos para poder medir las distancias entre mano y codo, entre rodilla y nalga... también el perímetro de vuestros penes". Y esos penes crecían de tamaño. Y yo encontraba, entonces, más y más argumentos en favor de mi falso doctorado.
Del otro logro aún me siento, si cabe, más satisfecho. Les invitaba a la proyección de un vídeo contra ese horrendo acto criminal llamado aborto. "La vida, como muy bien sabéis, comienza desde el mismo momento de la eyaculación", señalaba a un reducido grupo de púberes que me escuchaba con devota atención. Y para demostrables esta verdad incontestable les invitaba a que se masturbaran frente a mí para después ver su semen en el microscopio. Con una fidelidad inquebrantable, ese tropel de ingenuos adolescentes cumplía mis ordenes a rajatabla.
Probablemente muchos de estos niños, hoy convertidos en adultos, se preguntaron una y otra vez durante aquel infierno, en el silencio de sus habitaciones, tras regresar de la escuela, dónde narices estaba su dios cuando yo les obligaba a que se corrieran en mis narices. Ese mismo dios, al que invocábamos una y mil veces en nuestros rezos diarios frente a un crucifijo, se mantuvo siempre al margen de mis múltiples fechorías.
¡Cuánta incoherencia, dios!

Hoy Soy Rina Bovrisse


No vendo pañales. Ni productos adelgazantes. Ni caretas para fiestas de Halloween. Vendo lujo. Por eso me cuesta entender que me hayan puesto de patitas en la calle bajo la triple consideración de ser "vieja, gorda y fea".
Tras dos décadas prestando mis servicios en el mundo de la moda, la mitad de ellos en la central de Prada en Tokio, Davide Sesia, ejecutivo italiano de la firma, ha prescindido de mis servicios alegando estas tres razones de índole exclusivamente físico, sin entrar a valorar en ningún momento mi capacidad como gestora empresarial. Alega el señor Sesia que la imagen de Prada exige un compromiso con el aspecto físico. Pero se olvida este italiano de piel morena y pelo engominado que por encima de mis genes está mi mente.
Basta con rascar un poco en esta oxidada sociedad del bienestar para comprobar que el perfil de las compradoras de Prada se asemeja mucho más al mío que al de esas supuestas jóvenes, de edad indefinida y cintura perfecta. Mujeres entradas en años y carnes se desviven por adquirir productos de la firma, sabedoras de que con dinero podrán comprar exclusivas gafas de sol pero nunca elixires de eterna juventud. Que no se engañen los mandamases de Prada: sin ellas, sin esta colla de viejas forradas y deformadas, amantes de la ostentación y el lujo, la firma italiana haría agua por los cuatro costados.
Vieja, gorda y fea. El trío de ases de la sociedad de la imagen. La lucha diaria de las grandes firmas por convencernos de que somos lo que en realidad no somos. La voracidad de las firmas del lujo se extiende con tanta rapidez que los propios trabajadores somos tragados inexorablemente.
Sé que la próxima en caer será la señora de la limpieza. Lleva más de treinta años partiéndose cada mañana la espalda por dejar relucientes las baldosas de la tienda. Sin embargo, ayer dejó su currículum una despampanante jovencita de pechos prietos y cintura de avispa. No tiene ni idea de lo que es una fregona pero pongo la mano en el fuego de que el puesto de trabajo será suyo.


lunes, 15 de marzo de 2010

Hoy Soy Roger Waters


Al abrir esta mañana la nevera de casa y comprobar con desazón que no quedaba leche, he bajado al pequeño ultramarinos de barrio y le he pedido al tendero que me vendiera un vaso. Lo justo para poder rellenar la taza. "Lo siento, Roger, sólo vendemos tetra bricks de litro". Aprovechando que estaba en la calle, me he acercado a la frutería de la esquina y he encargado media naranja y un cuarto de pera. "Lo siento, Roger, como podrás comprender sólo te puedo ofrecer piezas enteras". Mi sonrisa ha ido en aumento y sin perder la esperanza me he colado en la panadería a comprar un par de rebanadas de pan. "Lamento informarte, apreciado Roger, que nuestra unidad más pequeña es el panecillo entero. No puedo facilitarte rebanadas sueltas". Antes de regresar a casa, con la bolsa de la compra vacía y la moral por las nubes, he pasado por el kiosco a comprar únicamente las secciones de Cultura y Deportes del diario. "Seguro que entiendes, estimado Roger, que te he de vender el periódico entero. No puedo desgajarlo como una mandarina y ofrecerte sólo la parte que deseas leer".
La semana pasada el Alto Tribunal de Londres falló a favor de Pink Floyd, la banda que he liderado durante 40 años, en el contencioso mantenido contra EMI. Según la sentencia, la compañía discográfica no puede vender en la Red canciones sueltas extraídas de nuestros discos, a no ser que se pongan a la venta como álbumes completos. Una victoria legal que posiblemente muchos internautas no compartan pero que lleva implícita una inequívoca lectura: ciertas obras como la mía sólo se entienden en bloque.
De la misma forma que a nadie se le ocurriría comprar media docena de capítulos sueltos de cualquiera de los libros de la trilogía Millenium, de Stieg Larsson, entre otras cosas porque no entendería nada, es fundamental que la gente comprenda que los álbumes (al menos los de Pink Floyd) forman parte de una obra total, sin fisuras. Bajarse la canción Another brick in the wall, sin ser conscientes de que va irremediablemente unida al resto de los temas de The Wall es como pedir en la cafetería un cortado y sólo el cuerno del cruasán.

viernes, 12 de marzo de 2010

Hoy Soy Miguel Delibes


Jodida inocentada.

jueves, 11 de marzo de 2010

Hoy Soy Ánima



Mis papás me quieren mucho. Me cuidan, se preocupan por mí, me colman de regalos, me visten, bañan, asean y llevan cada mañana a un exclusivo colegio a las afueras de Seúl para garantizarme un futuro prometedor. Son, sencillamente, unos padres ideales.
Desde hace tres meses, la especial atención que me han dedicado las 24 horas del día ha llegado a sobrecogerme. Han velado por mi bienestar emocional y físico con una fe inquebrantable, propia de unos progenitores dedicados en cuerpo y alma a su hija única. Puedo asegurar, sin error a equivocarme, que su actitud ha sido modélica, casi conmovedora.
He de confesar en este punto un detalle: soy virtual. Desde la otra orilla, sentados frente a la pantalla del ordenador, mis padres han dedicado todas las horas del mundo a hacerme feliz. Sin embargo, desde hace unos días nadie se ha estado preocupando de mi evolución. Preocupada por esta súbita desatención, he tratado de averiguar de inmediato qué narices ha pasado a mis papás de carne y hueso, esa modélica pareja que se ha desvivido por colmar todas mis expectativas vitales...aunque fueran digitales.
Supe algo de ellos cuando me crearon virtualmente: él tiene 41 años y ella 25. Ambos viven en Corea del Sur y desde hace un tiempo están desempleados, lo que me permitió comprender las razones por las que me dedicaban tantas horas diarias.
La realidad, no obstante, ha sido demoledora. Acabo de enterarme de que tenían otro hijo. Un bebé de carne y hueso al que desatendieron hasta el extremo de provocarle la muerte por desnutrición. En sus tres meses de vida, el pequeño engordó sólo doscientos gramos mientras yo me hinchaba a pastelitos y chucherías digitales.
Mis padres están ahora entre rejas y yo soy consciente de que dentro de poco también moriré. Pero mi fallecimiento no será agónico.
Desde este lado de la pantalla no dejo de pensar en ese bebé que falleció una noche mientras su padres biológicos, paradójicamente, se preocupaban por mi futuro. Vida y muerte. Ficción o realidad. Una línea cada vez más frágil.

martes, 9 de marzo de 2010

Hoy Soy Roy Ashburn


Desde el interior del armario de casa, he organizado la vida pública de mis conciudadanos durante más de una década. Escondido como una rata entre ropa interior y camisetas de encaje, me he negado reiteradamente a reconocer los derechos de los gays en California.
Como Senador del Distrito 18 de este estado americano, padre de 4 vástagos y republicano convencido, maldigo vuestra orientación sexual. Malditos maricones, sois un atajo de pervertidos sexuales sin principios a los que pienso reconducir por el camino de la estricta moral, cimentada a base de una sólida educación religiosa.
Escuchadme maricas, he sido vuestro dolor de cabeza durante años. Me he negado a que tengáis derechos, he impedido que os podáis casar, he luchado para que os arrinconen. Ni Harvey Milk ni su puta madre. Seguid mi ejemplo, jodidos depravados. Soy padre de cuatro retoños que han crecido bajo el influjo de mis pensamientos republicanos. Mi santa esposa cocina estupendos pastelitos de manzana, que zampamos amorosamente tras regresar del oficio religioso. Nada en mi vida ni en la de los mios altera el recto camino de la decencia.
¿Nada? Hace una semana, sin embargo, me olvidé de cerrar, como cada día, la puerta de mi armario. Dentro, un chavalín me la chupaba con cariño mientras yo redactaba, entre calzoncillos y crucifijos, una nueva norma para limitar aún más las libertades de los gays. Pasó, en ese instante, mi esposa y, a través de la puerta entreabierta, vio con sus ingenuos ojos de devota convencida, aquello que traté de ocultar durante más de diez años.
Ahora que he reconocido a regañadientes mi sexualidad, me hago una pregunta: ¿Qué me merezco? Y sólo encuentro una respuesta: que me paguen con la misma moneda de la indiferencia, el rechazo y la exclusión.

lunes, 8 de marzo de 2010

Hoy Soy Francisco Camps


Aprovechando que estamos en ambiente prefallero, hace un par de semanas encendí el petardo más gordo de mi carrera como presidente de la Generalitat Valenciana: mi declaración de bienes, una exigua enumeración de mis propiedades y posesiones materiales que haría sonrojar a cualquier ciudadano con un dosis mínima de moral. Lancé el masclet a la cara de los valencianos con el convencimiento de que el ruido sería ensordecedor. Se me fue la mano: hacer creer a los contribuyentes que, con una nómina superior a los cincuenta mil euros anuales, sólo dispongo de un piso compartido con mi esposa y una cuenta corriente de 900 euros suena a petardo de los gordos.
Decía Groucho Marx en una de sus memorables citas: "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros". El torrente de ironía del genial humorista norteamericano, me viene que ni pintado. Las declaraciones de bienes, como las de principios, tienen entre los políticos, una duración simbólica. Basta una nueva declaración para borrar de un plumazo la anterior, sin necesidad de rendir jamás cuentas ante la opinión pública.
Mi penúltimo gran logro (el último ha sido retirar unas fotografías de la trama corrupta de una exposición pública) como representante de la ciudadanía ha sido sumarme a la propuesta de Eperanza Aguirre de convertir los toros en Bien de Interés Cultural. Sólo por el placer de joder a los catalanes, que estos días debaten su abolición en el Parlamento autonómico. Cuerno que veo, cuerno que quiero. Puesto que esta nueva norma protaurina implicará un mayor número de corridas, me he propuesto crear un museo de luces, al estilo del fallero, para indultar cada semana a toro y torero. Eso sí que va a ser una traca en toda regla. Menudos somos los valencianos.

jueves, 4 de marzo de 2010

Hoy Soy La Tierra


Ayer fui al médico porque llevo unos años con el estómago revuelto y unas décimas de más. Me pidió que abriera el cráter, desde el que salió de inmediato un inconfundible tufillo pestilente. "No es nada, un simple virus intestinal", se apresuró a diagnosticar, tratando de evitar a toda costa que sus ojos y los míos se cruzaran. "Unos meses de reposo y como nueva", zanjó con la autoridad propia de aquellos expertos que se creen en posesión del conocimiento universal.
Sé muy bien que me ha mentido. Tengo un cáncer del tamaño de Groenlandia, pero sus superiores le tienen terminantemente prohibido contarme esa verdad verdadera que a todos nos asusta oír.
Por eso, yo que soy una hipocondriaca de libro (tengo motivos), he entrado en Google a primera hora de la mañana y he tecleado mis síntomas más recientes: terremoto en Haití, maremoto en Chile, tormenta perfecta en Francia e inundaciones en Madeira. El resultado de mi búsqueda ha resultado de lo más descorazonador. Estoy, literalmente, en un avanzado estado de descomposición interna, fruto de una progresiva destrucción provocada por la mano del hombre.
Abatida ante los nubarrones que se ciernen sobre mi incierto futuro, he vomitado algo de lava sobre la pantalla del ordenador y me he puesto a darle vueltas al eje de rotación (ese mismo que se ha desplazado recientemente 8 centímetros, según los geólogos), tratando de encontrar una solución.
El tumor, localizado en la capa de ozono a la altura de la República Popular China, se extiende sin remedio por toda mi corteza. ¿Por qué mi doctor se empeña una y otra vez en ocultarme la verdad? Aún se podría evitar una defunción anunciada si él y toda la colla de dirigentes sin escrúpulos que escarba con saña a diario en mis entrañas se pusieran de una vez por todas manos a la obra.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Hoy Soy Michael Kountier


Trato de entender, desde la cárcel de Sevilla, donde cumplo una condena de ocho años, cómo es posible que haya acabado con mis huesos en el trullo por vender cedés piratas en la calle, mientras otros ilustres delincuentes de guante blanco reposan sus blancos traseros en las mecedoras de sus imponentes casas, sin que haya caído sobre ellos el peso de la ley con la misma contundencia que en mi caso.
A la cabeza me vienen, al azar, media docena de nombres cuyos desfalcos al erario público harían sonrojar a más de uno. Felix Millet se llevó de las arcas del Palau de la Música catalana 36 millones de euros, pero duerme cada noche en la misma cama donde posiblemente contaba con agrado los billetes robados antes de darle un amoroso beso a su sexagenaria esposa. Isabel Pantoja, cuyo patrimonio, según el fiscal del caso Malaya, se incrementó por cien desde que conoció a ese ex camarero chusquero llamado Julián Muñoz, no ha pisado (de momento) un centro penitenciario. El Pocero, que dejó con premeditada mala leche a miles de propietarios en un barrizal sin servicios mínimos, no ha pasado ni una sola velada entre rejas. Marisol Yagüe, alcaldesa de Marbella, salió de prisión tras un suspiro a pesar de haber vaciado las cajas de ese ayuntamiento de la Costa del Sol. La lista es interminable: Carlos Fabra, Facundo Armero, ex socio de Polaris, los gestores de Forum Filatélico...
El día de mi ingreso en prisión, hace ya dos años, se me coló entre mis escasas pertenencias, un cedé pirata de Farruquito. Ayer, por casualidad, lo encontré en mi macuto y le pregunté a mi carcelero quién era este tipo. "Un cantante de flamenco que, por cierto, cumplió sólo dos años por matar a otro. Conducía sin carné y a gran velocidad", me explicó. Se me cayó una lágrima de impotencia. "¿Qué hay que hacer para salir de aquí?", pregunté con desdén. "Ser rico, famoso o amigo de Ramoncín", contestó con cierta ironía. "Y tú no reúnes ninguno de estos requisitos", zanjó.
Extendí mi mano y le regalé el compacto. "Escúchalo tú; aquí no tenemos radiocasete".

martes, 2 de marzo de 2010

Hoy Soy Incoherencia


He prestado mis servicios a todo tipo de personajes de la vida pública. En la primera mitad del pasado siglo, sin ir más lejos, fui reclamado por generales con delirios, dictadores canijos, genocidas y religiosos sedientos de poder.
Desde hace unas décadas, no obstante, han sido los políticos mis principales clientes. Muchos de ellos prefieren mantener en el anonimato las razones por las que han recurrido a mí. El presidente de la Generalitat catalana, José Montilla, por poner un ejemplo, pregona por los cuatro costados una escuela pública y catalana pero lleva a sus hijos al exclusivo Colegio Alemán. Otros, en cambio, no tienen ningún pudor en hacer públicas las razones que les han llevado a contar con mis servicios. La señora Munar, ex presidenta del Parlamento balear, por poner otro ejemplo, no dudó jamás, durante su larga y provechosa carrera política, en cambiar de chaqueta y dejarse querer indistintamente por PP y PSOE.
Por eso, he de confesar con cierto rubor, que la reciente llamada de Jesús Neira, profesor universitario brutalmente agredido por Antonio Puerta en agosto de 2008, me desconcertó. Una vez recuperada del primer impacto emocional, acerté a preguntarle los motivos que le habían llevado hasta mí. "He solicitado información a la Guardia Civil para conseguir cuanto antes una licencia de armas con las que poder defenderme ante agresiones externas", expuso, sin pestañear.
Supe de inmediato que desde ese preciso instante, Neira formaría para siempre parte de mi listado de VIPs más ilustres. "Jesús, has llamado al sitio correcto", contesté con euforia reprimida. No ocurre a diario que el Presidente del Observatorio de Violencia de Género de la Comunidad de Madrid tenga los santos cojones de pedir información para llevar un revólver en la entrepierna.
Perdonen, les tengo que dejar que me entra otra llamada. Incoherencia ¿dígame?

lunes, 1 de marzo de 2010

Hoy Soy El Cobra (según Cervantes)


En un lugar de la tele de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un expresidiario de los de lanza en astillero y adarga antigua (...) Frisaba la edad de nuestro energúmeno con los treinta y tantos años. Era de complexión recia, entrado en carnes, enjuto de cerebro, gran zafio y amigo de la polémica. Quieren decir que tenía el sobrenombre de "Mario" o "Marianico", que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba "El Cobra". Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.
Es, pues, de saber que este sobredicho aspirante a cantante de hip hop, los ratos que estaba ocioso - que eran los más del año- se daba a tocarse el pene con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la música. Y llegó tanto su desatino en esto de meneársela, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para presentarse a Eurovisión (...)
En resolución, él se enfrascó tanto en su miembro, que se le pasaban las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio.; y, así, del poco dormir y el mucho masturbarse, se le secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que vió en la cárcel, así de encantamentos como de batallas, desafíos, heridas y disparates imposiles. En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más estraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, tocarse sus testículos en directo (...)
¡Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo hecho esto, y más cuando halló a quien dar nombre de dama! Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza de muy buen parecer, de quien en un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo ni le dio cata. Llamábase Anne Igartiburu, y a esta le pereció bien darle título de señora de sus pensamientos; y buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla "Dulcinea del Corazón", porque era natural de televisión.