jueves, 29 de diciembre de 2011

Hoy Soy Chita


He querido ser yo y no otro (recordad que siempre fui macho a pesar de llamarme Chita)  quien recupere de nuevo este maltrecho blog, abandonado a su suerte hace ya demasiados meses por la desidia de su creador. Y lo he hecho pocos días después de mi fallecimiento, anunciado a bombo y platillo por medio mundo. El diario El País, por ejemplo, me dedica un extenso obituario al que titula "El cine pierde un icono animal". Dicho así, parece que la haya palmado Robert de Niro. Nada más lejos de la realidad. Basta escarbar un poco en las cloacas del periodismo necrológico para averiguar que la defunción es realmente la de un servidor.  Al leer la noticia, publicada ayer, más de uno/a debió de sonreír con cierta malicia, mientras recordaba la fecha: 28 de diciembre, día de los jodidos Santos Inocentes. 
Pues bien, no hay broma en la información. Oficialmente me fui al otro barrio el día de nochebuena y los medios de comunicación se hicieron eco el mismo día en que Inocencio se parte la caja gastando bromas a todo hijo de vecino. 
Sin embargo, algo no cuadra en todo esto. Si nos atenemos al comunicado emitido por la Fundación Santuario Primate Suncoast de Florida, la he guiñado a la edad de 80 años. Y eso, técnicamente es imposible. Más que nada porque el primate macho que más ha vivido hasta la fecha es Keo, un mono del Lincoln Park Zoo de Chicago, que dijo adiós para siempre al cumplir los 53 años. Una cosa es vivir un lustro más y otra estirar como un chicle mi existencia  casi tres décadas.
Vamos, que es todo una jodida farsa. Llevo muerto tantos años que los putos gusanos del cementerio de primates de cualquier lugar de Estados Unidos donde me enterraron ya se han comido hasta mi hígado. El resto es un estudiado proceso de marketing para sacar tajada a esta defunción de cartón piedra, ahora que en Navidad estáis todos algo más sensibles. No me extrañaría que algún estudio de cine ya haya comprado los derechos para llevarme a la gran pantalla.
En fin, sólo pretendo deciros que nada es lo que parece. Tal vez estéis más allí que aquí. Tal vez no seáis conscientes de que el tiempo no os pertenece. Tal vez no estéis ni siquiera leyendo estas líneas. Tal vez penséis que algún día este blog volverá a dar señales de vida. Tal vez. 
Feliz 2012. ¿O entramos ya en el 2013?

miércoles, 31 de agosto de 2011

Hoy Soy Ilse Uyttersprot


En el sexo, como en la vida, traspasar los límites tienes riesgos y recompensas. Tan cachondo resulta ser penetrada en un torreón del Palacio Real de Olite como arriesgado ser visto por alguno de los más de quinientos turistas que lo visitan a diario. Probablemente radique ahí el morbo: follar sin ser vistos. O incluso sabiendo que puedes ser vista.
El polvo del que soy protagonista tuvo lugar hace tres años. Mi chico me la clavó hasta las entrañas en las alturas, durante una programada y aburrida visita a esta emblemática construcción medieval. Desde lo lejos, unos turistas grabaron la escena y la colgaron en la Red para disfrute de voyeurs ocasionales y usuarios digitales ávidos de noticias curiosas. Ahí, entre los millones de páginas de youtube, ha permanecido, sin pena ni gloria, todo este tiempo este vídeo casero en el que se observa con claridad una follanda breve y placentera.
Y ahí hubiera seguido indefinidamente de no ser porque ayer mismo alguien destapó mi identidad: soy la alcaldesa de una pequeña localidad belga cercana a Bruselas. Y, de repente, todo ha cambiado. Ese polvo anónimo ha cobrado una nueva dimensión planetaria. Los medios de medio mundo (con especial incidencia, claro está, en los de mi país) se hacen eco de estos dos minutos de placer al aire libre e incluso ponen en duda mi capacidad como regidora municipal.
Aquí está, precisamente, la perversión del sistema. Por mucho que me coma un rabo en un baño turco o me metan un cipote por el culo en la Torre Eiffel, seguiré dirigiendo los destinos municipales de mi ciudad con la misma eficacia. Aunque les pese a esos que hoy claman al cielo y piden mi cabeza.
Os digo más... si tenéis oportunidad, probadlo.

miércoles, 27 de julio de 2011

Hoy Soy Connie Kopelov


Miradme en la imagen que acompaña a este post. Soy la mujer de la izquierda, esa que se deja besar -o tal vez simplemente abrazar- por una septuagenaria. No le veis la cara pero os aseguro que sus ojos trasmiten mucha felicidad.
La escena tiene lugar en la Oficina de la Administración Municipal de Manhattan. Allí, ante un pequeño grupo de testigos que aplauden con pasión, me acabo de casar con Phyllis Siegel, mi novia desde hace casi 25 años. Nos hemos convertido de esta manera en la primera pareja homosexual que contrae matrimonio en la ciudad de Nueva York. Algo que me hace especial ilusión, no sólo por el hecho de abrir una puerta contra la intransigencia, sino porque ya tengo 84 años y, a esta edad, una ya no está para demasiadas filigranas.
Pocos minutos después de esta instantánea salí a la calle en la silla de ruedas en la que me desplazo a diario, empujada por mi flamante nueva esposa. Allí alcé los brazos para enseñar con orgullo el documento legal que confirmaba nuestro enlace (fotografía de la que se hicieron eco la mayoría de diarios del mundo, al menos los de talante más progresista). Pero, como siempre, la sinrazón se apodera de los extremistas. Frente a esas oficinas, cientos de manifestantes de ideología retrógrada mostraron su rechazo a nuestro enlace con un discurso demasiado próximo al fanatismo religioso: "El gobernador ha traído la ira de Dios a todo el Estado".
De nuevo dios y sus rabietas celestiales para sesgar nuestros derechos. De nuevo, la intolerancia del supuesto creador universal para justificar lo injustificable. Esas son las armas que han mostrado durante años aquellos que se niegan a que los gays ejerzamos nuestros derechos.
Os voy a confesar un pequeño secreto, pero que quede entre nosotros. Recuperad la instantánea que ilustra este texto. Phyllis no me besa ni me abraza. Realmente me está susurrando: "Qué les jodan, que les jodan a todos, porque esta es nuestra vida. Y lo que nos queda de ella la vamos a vivir a tope."

martes, 19 de julio de 2011

Hoy Soy David Rivas


En un mundo dominado por gente que conduce como el culo, me acabo de sacar el carné B1, que me permitirá manejar el coche sólo con los pies (porque no tengo brazos).

Me he convertido, así, en el primer europeo que conducirá exclusivamente con sus extremidades inferiores. Pero no os asombréis más de la cuenta porque mi historia es sólo una más. Una más de las muchas que construimos a diario los minusválidos. Por ejemplo, la de Alison Lapper

Y tantas otras.....


martes, 12 de julio de 2011

Hoy Soy Rick Perry


Por encima de consideraciones de tipo religioso, el día en que cualquiera de vosotros estéis en el lecho de muerte, conscientes de que os queda muy poco rato en este barrio, rendiréis cuentas a la vida, a Dios o al vecino del quinto. Os reencontraréis durante unos instantes con vuestro Yo y repasaréis de forma efímera vuestra existencia. Si, tras ese breve pero intenso análisis, sentís que estáis en paz con vuestras acciones pasadas, que habéis amado la vida y habéis disfrutado aquello que os ha proporcionado, posiblemente os entreguéis a la dama de la guadaña con media sonrisa. En caso contrario, moriréis igual. Me refiero a que vuestro corazón dejará de latir pero la mueca que se perpetuará en vuestro rostro antes de ser quemados o engullidos por los gusanos será otra muy distinta.
En mis 8 años como gobernador de Texas (tras sustituir al presidente de los EEUU más inepto que han dado estas tierras en toda su historia), 200 personas han sido ejecutadas en este estado. Son exactamente la mitad del total de fiambres aniquilados bajo la complicidad de la nación más poderosa de la Tierra. Vamos, que el vasto territorio que gobierno con mano de hierro se vanagloria de haber borrado del mapa al 50% de los presos del Corredor de la Muerte.
Nunca me tembló el pulso, nunca acepté una conmutación de pena, nunca pospuse una ejecución. Nunca. Tanto si eran menores de edad al cometer el delito (Texas ha liderado siempre este atroz ranking) como si padecían enfermedades mentales. Si eran inocentes o extranjeros privados de derechos consulares.
Esto último es precisamente lo que le ocurrió al último de los condenados. Humberto Leal García asesinó en 2004 a una adolescente y ha pagado su pena, según las leyes tejanas. El pasado 9 de julio murió por inyección letal en la prisión de Hunstville tras pronunciar estas irónicas y premonitorias palabras: "Qué comience el espectáculo".
Poco importó que no recibiera asistencia diplomática al ser detenido, violando así tratados internacionales, que (por cierto) EEUU suele meterse por la entrepierna. Poco importó que el propio Obama me solicitara un retraso en la ejecución. Poco importó que las Naciones Unidas me suplicaran una revisión que nunca llegó.
Siempre he creído que, en mi lecho de muerte, se me quedará una media sonrisa pero, si miráis mi rostro con detenimiento, veréis que aquello que parece una sonrisa será, en verdad, una mueca. Una jodida mueca de terror.

lunes, 4 de julio de 2011

Hoy Soy Rich Lam


Ya nada es lo que parece. Incluso, tal vez, no estés leyendo ahora mismo este post. Quién sabe, a lo mejor tú eres yo y yo soy tú.
Hace un par de semanas tomé una fotografía (la que acompaña a este post) que dio la vuelta al mundo. Bajo el sugerente título de "El beso de Vancouver" (término acuñado por la prensa) una pareja anónima se fundía en una apasionado beso durante los disturbios provocados tras una final de Hockey sobre Hielo en Canadá. El descarado atrevimiento con el Justificar a ambos ladosque estos dos enamorados desafiaban a las fuerzas del orden (supuestamente, la policía) y las del desorden (supuestamente, los aficionados) causó admiración planetaria. Allí, retozando en medio del caos, estaban Scott Jones y su chica, ajenos al desmadre que se había montado a su alrededor.
La desilusión llegó unos días más tarde. Este supuesto desafío era en realidad algo muy distinto. Scott no besaba a su novia como una original forma de protesta. No la achuchaba tratando de enviar al mundo un mensaje de no beligerancia. Scott estaba allí porque ella lloraba desconsoladamente tras una inoportuna caída. Estaba asustada y él trató de consolarla agarrándola con fuerza entre sus brazos. Nada más. Y yo capté ese instante, que no era lo que parecía a pesar de que todos quisieron ver lo que no era.
En el siglo del photoshop, en la era de la mentira digital, en tiempos de engaños, tomé una foto real, sin trampa ni cartón, si modificaciones posteriores, sin alteraciones fraudulentas y se convirtió, de repente, en algo que no es pero que muchos creyeron ver. Jodida paradoja.
Ahora vuelve a fijarte con detenimiento en la foto. A lo mejor los tortolitos siempre estuvieron allí, besándose con ternura, haciendo planes para el verano, programando un noche de sexo en casa de los suegros. Y el resto es todo ficción. Los policías del fondo no existen y ese agente, porra en mano, que ocupa el primer plano es simplemente un monigote fallero. Tal vez son ellos - Scott y su novia Alex- los que están en su sitio y todos los demás personajes de quita y pon sobran en esta instantánea. ¿Nunca te has planteado que no eres tú sino los demás los que están desenfocados?
Ya nada es lo que parece.

miércoles, 22 de junio de 2011

Hoy Soy John Galliano


Diez desafortunados segundos y, de repente, la hecatombe. En la sociedad del Gran Hermano, todo queda sometido al arbitrio del gran público. Nada escapa al ojo implacable del ciudadano de a pie, que con la cámara de su móvil o con su acceso a las redes sociales se ha convertido, de repente, en arbitro moral para desdicha de famosos, extravagantes en unos casos y simplemente ingenuos en otros.
Le pasó en febrero a Nacho Vigalondo. "Ahora que tengo más de cincuenta mil followers y he tomado cuatro vinos podré decir mi mensaje: ¡El holocausto fue un montaje". Nadie se paró a desmenuzar sus palabras y contextualizar esta frase tan absurda como irónica. Una broma que, en pocas horas causó un tusunami mediático y que le costó la cabeza. El diario EL PAÍS lo fulminó en un abrir y cerrar de ojos para su sorpresa.
Algo parecido le ocurrió al realizador danés Lars Von Trier en el pasado festival de Cannes. Su incendiario "¿Qué puedo decir? Amo a Hitler" lo enviaron al infierno cinematográfico de un plumazo. Poco importó que luego matizara sus palabras. De nuevo, la maquinaria mediática se frotó las manos y encontró un filón en sus declaraciones. Él, que ha creado algunas de las producciones más influyentes de la historia del cine, de repente se convirtió en un impostor.
Hoy me siento en el banquillo de los acusados del Tribunal Correccional de París por tres palabras: "Amo a Hitler". Admito, sin fisuras, que adorar a este dictador canijo es más propio de un desequilibrado mental que de un genio de la alta costura pero no dejo de preguntarme hasta que punto las carreras de algunos creadores pueden verse súbitamente desquebrajada por juicios sumarísimos.
La grandeza de algunos genios (Dalí, por ejemplo) reside precisamente en esa frágil línea entre lo prohibido y lo permitido. Entre el bien y el mal. Entre el blanco y el negro. No hay grises en nuestras vidas, para desconcierto de un público a veces demasiado encorsetado ideológicamente al que le cuesta aceptar nuestros desvaríos.
Nada justifica el holocausto. Absolutamente nada. Pero, en este conflicto moral entre la libertad de expresión y la apología a la xenofobia, habría, cuanto menos, que revisar nuestro currículo creativo, nuestra aportación al arte o a la cultura antes de que el Gran Hermano nos comprara un billete sin retorno al averno.

jueves, 9 de junio de 2011

Hoy Soy Noah


Tengo cinco años, no hablo ni papa de español y he cobrado una pasta gansa por aparecer durante dos minutos semanales en el nuevo programa de televisión -Involución- que ayer estrenó la cadena Neox a bombo y platillo y que presentan Berta Collado y Flippy.
Me consta que toda la trouppe catódica de Sálvame está algo desconcertada. No entienden que me haya hecho famosa de la noche a la mañana sin haberme comido ninguna polla ni haber tenido que vender las miserias que circulan por las cloacas de muchos corazones para saltar al estrellato mediático. No aceptan que no haya salido de mi boca ni un grito, ni una palabra de desprecio, ni un improperio. No admiten que en mi alma no haya envidia ni rencor. No comprenden que no me levante de la silla para lanzar dardos viperinos a diestro y siniestro.
Ellos (Víctor, Jorge Javier, Belén, Kiko y tantos otros), que han convertido la televisión de sobremesa en España en un estercolero, se frotan lo ojos y tratan de buscar una respuesta ante mi despegue catódico. Ellos, que han emitido en directo imágenes en las que seguían a Marujita Díaz al baño y luego enfocaban la taza del váter para comprobar si de verdad había meado. Ellos, que se han arrastrado por el suelo para confirmar, entre carcajadas lamentables, que la invitada de turno se había olvidado las bragas en casa antes de pisar el plató de la cadena amiga. Ellos que comen bocadillos de chorizo mientras comentan las infidelidades del torero. Ellos, que venderían su alma al diablo por ganar un poco de share, meditan ahora ante la gran metáfora en la que he convertido sus vidas.
Soy una mona. Al fin y al cabo, un animal... como ellos.

jueves, 2 de junio de 2011

Hoy Soy Umberto Bossi


"Si gana la izquierda en Milán, me corto los huevos". Soy la polla: esa fue mi promesa electoral poco antes de los comicios locales celebrados en Italia hace unos días. Y ganó la izquierda.
Ante esta disyuntiva, el electorado progresista exige el cumplimiento de mi pacto e incluso ha creado una página en Facebook donde reclama mis cojones inertes como prueba de transparencia política.
Quieren mi polla y lo que la rodea pero si la entrego así, sin más, ¿cómo podré seguir dando por culo a tantos y tantos inmigrantes irregulares? ¿cómo podré seguir jodiendo a tantos desfavorecidos sociales como he venido haciendo hasta la fecha? No, no puedo entregar mis huevos por mucho que lo prometiera porque, sin ellos, me despojo de mi principal arma plebiscitaria. Sin ellos, me quedo moralmente desnudo. Sin ellos, no soy nadie.
Puse mi cipote sobre el tapete electoral, jugándomelo todo a una carta, convencido de que tenía un póquer y resulta que iba con un farol de tres pares de cojones. Los restantes contrincantes de esta partida ante las urnas reclaman ahora el pago de la deuda y yo, fiel a mi incoherencia ética, me niego a cumplir lo prometido. Me mantengo, como veis, inquebrantable en mi ideario personal: prometer hasta meter y una vez metido, olvidar lo prometido.
Eso sí, todo es negociable. Vista la presión ejercida en Facebook (más de 22.000 entradas solicitando mi nardo), estoy dispuesto a dejarme sodomizar por cualquier miembro de mi partido en acto público y televisado. Cambio polla por ojete.

Por cierto, si lo mío tiene miga, no os perdáis la promesa de mi colega Clemente Mastella (lee su post de hoysoytu). El muy jodío prometió suicidarse si la izquierda ganaba en Nápoles. Y ganó. En su caso ya hay cerca de 50.000 personas exigiendo en Facebook que cumpla lo pactado. Eso sí que es, de verdad, para partirse el nabo.

Nuestra sugerencia:
Hazte miembro en Facebook para el cumplimiento de su promesa electoral

miércoles, 1 de junio de 2011

Hoy Soy 200


Hoy cumplo 200

Por eso, algunos políticos (del PP, para ser exactos) han decidido marcarse un bailecito en mi honor.

martes, 31 de mayo de 2011

Hoy Soy Franco


Seré franco (con f minúscula). Estoy franca-mente muy cabreado con la entrada que el historiador Luis Suárez ha hecho sobre mi persona en el recientemente publicado Diccionario Biográfico Español. Me pasé 40 jodidos años imponiendo un férreo control sobre la sociedad española para que ahora este mequetrefe no llame a las cosas por su nombre. Joder, Luis, que he sido un dictador como la copa de un pino. Enano y gordinflón, como lo eran Hitler y Musolini, pero dictador, al fin y al cabo. Te refieres a mí, faltando a la verdad, como una persona autoritaria pero no totalitaria. Ni una sola vez en las cinco páginas que el diccionario me dedica utilizas las palabras dictador o golpista. ¡Ni una! Caguen la puta, Suárez, pero si no dejé títere con cabeza durante aquellas cuatro décadas de represión ideológica y entendimiento moral con lo más rancio de los estamentos eclesiásticos. Pero si creé mis propios cimientos éticos sobre el triángulo "Falange, Tradicionalismo y Derecha".
Me la has clavado por detrás, so cabrón. Ahora vas y me rebajas al escalafón de simple jefe de estado autoritario. Que no, Luis, que no, que a las cosas hay que llamarlas por su nombre.

Mira y aprende, querido Suárez. A continuación te hago un corta y pega de las primeras líneas de la entrada sobre mi persona en la Wikipedia, que hoy por hoy, por popularidad y, visto lo visto, por credibilidad, le da un centenar de patadas a este proyecto casposo e inexacto de la Real Academia:

Francisco Franco Bahamonde (Ferrol, La Coruña, 4 de diciembre de 1892Madrid, 20 de noviembre de 1975), conocido como Francisco Franco, el Caudillo, el Generalísimo o simplemente Franco, fue un militar y dictador español, golpista integrante del pronunciamiento militar de 1936 que desembocó en la Guerra Civil Española.

Como me levante de la tumba me voy a poner a repartir hostias a diestro y siniestro y se van a enterar los de la jodía Academia de la Historia de lo que es de verdad un dictador.

Esto te interesa: Franco en la Wikipedia

jueves, 26 de mayo de 2011

Hoy Soy El Mismo


Nada se sabe de mí salvo que me lancé a las vías para salvar de una muerte segura a un hombre de 43 años que se tambaleó, tras una inoportuna lipotimia, y se precipitó al suelo justo cuatro segundos antes de que llegara el metro.
Nada se sabe de mí salvo que en ese plazo de tiempo, casi imperceptible, pude ponerle a salvo en un pequeño recoveco, junto al anden a la altura de los raíles.
Nada se sabe de mí salvo que lo estrujé entre mis brazos, casi inconsciente, mientras el convoy se detenía, tras sobrepasarnos, sin que el maquinista pudiera hacer nada por lograr frenarlo antes de alcanzarnos.
Nada se se sabe de mí salvo que esperé a que unos vigilantes de TMB -Transporte Metropolitano de Barcelona- nos ayudaran a depositarlo, aún aturdido pero consciente y en buen estado, en un banco de la estación de la línea 1 de Plaza Catalunya.
Nada se sabe de mí salvo que expliqué a los que, atónitos, se arremolinaban a nuestro alrededor, que yo estaba bien, que no tenía ninguna lesión de importancia.
Nada se sabe de mí salvo que desaparecí entre el gentío, sin esperar una palmadita en la espalda, sin buscar un reconocimiento mediático, si desear una medalla, sin hacerme la foto de rigor junto al político oportunista, sin exigir una gratificación, sin dar explicaciones a nadie. Sin, escuchar un "gracias" del hombre al que, minutos antes, había rescatado del infierno.
Nada se sabe de mí... salvo que sigo siendo el mismo.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Hoy Soy Grimsvötn

Cantaba Serrat eso de "y qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo". Pues, eso, y qué le voy a hacer si yo nací rodeado de blanco. Que si nieve por aquí, que si nieve por allá, que si algo de escarcha a la derecha, que si un glaciar a la izquierda. Coño, que lo he mamado desde que era un crío: soy del Real Madrid hasta la médula.
De pequeño, papá volcán ya me hablaba de Di Stéfano, de Juanito, de Del Bosque o de Santillana. Y yo lamentaba ser un jodío trozo de tierra y maldecía la imposibilidad de acudir al Bernabeu a ver a mis ídolos. De hecho, creo que soy del Madrid desde mucho antes de que se fundara el club. Llevo siendo "blanco" desde la prehistoria.
Por eso, la humillante y merecida derrota en las semifinales de Champions contra el Barcelona me encolerizó hasta límites insospechados. Papá volcán me pidió calma. "Grimsvötn -me dijo una tarde- no dejes que la ira se apodere de ti. El Barça es mucho mejor equipo que nosotros, eso hay que asumirlo de una vez por todas". Incluso me propuso hacer las maletas y abandonar Islandia. "Tal vez, en Filipinas, tierra de grandes volcanes, encontremos un nuevo hogar", insinuó con su vozarrón. "Un primo mío, Volcán Mayón, es seguidor blaugrana y....". Pero yo no le escuchaba.... al contrario, notaba que me encendía cada vez más.
El domingo por la noche cené algo de lava con pedruscos y me eché a dormir un rato. No podía conciliar el sueño pensando en Mourinho. "Te debo una, Mou", mascullé. Durante horas maquiné la forma de hacer daño al Barça, tratando a toda costa de cerrar el círculo maquiavélico que el entrenador portugués había ideado mucho antes. Y no se me ocurrió nada mejor que lanzar al exterior toda mi furia contenida.
La venganza está servida. Mi cólera se extiende ya por el aire, tratando de lograr que los aficionados blaugranas no puedan asistir a la ansiada final del sábado en Wembley. Que el estadio quede desierto.
Objetivo cumplido: sé que, desde algún rincón del planeta, Mou esboza ahora mismo una sonrisa de oreja a oreja. El muy cabrón....

lunes, 23 de mayo de 2011

Hoy soy (y estoy) Negro


La cosa va de colores. El fin de semana arrancó muy bien. El sábado me sentía un poco verde y me acordé de Kevin (Spacey, para ser exactos) en su memorable secuencia de American Beauty. Puesto que estaba solo en casa y el día lo aconsejaba, me cerré en el baño y hablé largo y tendido con mi rabo. Le conté que era jornada de reflexión y que, en estos casos, nada mejor que charlar con uno mismo. Le insinué, ante su obstinada reticencia, que no sabía muy bien si lo del domingo eran elecciones o erecciones y así conseguí arañarle una sonrisa. Me entendió a la perfección y nos dejamos llevar por unos minutos de meditación preelectoral.
Con el calentón mitigado y el cerebro despejado, decidí hacer esas pequeñas gestiones que uno arrastra durante toda la semana y para las que nunca encuentra suficiente tiempo. Pero una vez en la calle, vete tú a saber por qué ocultas y misteriosas razones, me quedé en blanco y no supe muy bien qué hacía un tipo como yo, en calzoncillos, frente al pequeño ultramarinos de mi barrio. Sigo sin saberlo.
Regresé algo aturdido a casa, convencido de que todo esto era producto de los acontecimientos previos a la cita con las urnas del domingo. Y me propuse pasar el resto del día entre las cuatro paredes del comedor.
Sólo una llamada podía sacarme de mi letargo televisivo. Llevaba casi dos horas haciendo zapping y mirando de reojo como el sol se apoderaba de mi alma. No me lo pensé dos veces: salí con el bañador y la toalla pero me dejé, con las prisas, la crema protectora. A media tarde, como era de esperar, regresé a casa rojo. Muy rojo.
Esa noche quedé con amigos con la intención de ponerme morado. De todo: de follar, de comer y de beber. Pero, cuando ya amanecía, me desplomé en la cama, borracho, sin blanca y, por supuesto, sin echar el ansiado polvo. Y todo esto, en día de elecciones. Hay que joderse.
Hoy, sin embargo, ¡menudo marrón! Cuando he abierto el diario y he visto como el azul domina todo el mapa político municipal y autonómico, me he puesto negro. Negrísimo.

jueves, 19 de mayo de 2011

Hoy Soy Eric Abidal


No hay una supuesta heroicidad en mi actitud altruista y sí, en cambio, un planteamiento coherente con mi nuevo destino. Tras mi reciente operación de un tumor hepático, acabo de declarar que he vendido toda mi flota de coches. "Es mejor invertir en hospitales y ayudar a los niños", acabo de explicar en una reciente rueda de prensa.
Nada que objetar al rumbo de mis ingresos. La gente se ha hecho eco de mis nuevas prioridades vitales y lo celebra con desbordado entusiasmo. Ven en mi nuevo comportamiento un modelo en el que fijarse, un ejemplo para una sociedad cada vez más anquilosada. Un posible titular sería el siguiente: "Chico con mucha pasta sufre un percance que le hace ver la vida de otra manera". Y un pequeño subtítulo añadiría: "Gracias a este nuevo gesto, muchos niños podrán disfrutar de un mejor futuro".
Sin embargo es un gran momento para reflexionar. Tendemos a modificar nuestras conductas vitales sólo cuando se produce en nuestra existencia un revulsivo tan brutal que nos deja noqueados. Nos aterra adelantarnos a los acontecimientos y cambiar su rumbo, en beneficio propio y de los otros. Esperamos a que el destino nos la juegue para variar nuestra escala de valores y convertir en prioritario lo que antes era simplemente secundario.
Basta con que revisemos de vez en cuando nuestro pequeño catálogo interior. No hace falta que vendas tu viejo coche para hacerte socio de Médicos Sin Fronteras. Ni que renuncies a una cena con amigos para colaborar con ACNUR. Pero no esperes a que un doctor te explique mañana que tienes un cáncer de pulmón del tamaño de una pelota de fútbol para romper tu hucha y anunciar a bombo y platillo que te vas a Bombay a ayudar a los más desfavorecidos.
Yo vendí mis coches cuando olfateé la muerte. Avánzate a tu propio destino.

jueves, 5 de mayo de 2011

Hoy Soy El País


EEUU liquida a Bin Laden. El vestuario cuestiona a Mourinho. Se acabó el golpe. El roto. El orden de los apellidos lo decidirá un juez. Cartas al director. Pedrosa tutea al campeón. Francia especula con la maternidad de Carla Bruni. El paro se asoma a los 5 millones. Forges. Nuevos seguros de hogar de Línea Directa. Las víctimas de curas pederastas gritan basta ante el Vaticano. Juan José Millás. Menos es más en época de crisis. Rafa Nadal, premio Laureus 2010. Obituarios: David Waterson, músico bohemio. Un juez ordena a dos divorciados turnarse en la casa. Café con... Tawakul Kerman. Elige Rueda, el vino blanco. El rectorado es cosa de hombres. La aldea de Asterix sigue en guerra....

Felicidades por tus primeros 35 años

lunes, 2 de mayo de 2011

Hoy Soy Osama Bin Laden


¿Y si realmente no me han matado? O, para ser más exactos, ¿y si realmente llevo muerto mucho más tiempo del que aseguran ahora el Sr. Obama y su séquito de seguridad?
Ciertas dudas planean sobre mi cadáver. ¿Porqué se han desecho de mí en tan pocas horas a pesar de que la ley islámica concede un plazo de 24? ¿Por qué al fondo del mar?
Y, sobre todo, ¿Cómo es posible que me hayan hecho una prueba de ADN en menos que canta un gallo? Deduzco, pues, que tras el tiroteo, estos infantes de élite norteamericanos tuvieron tiempo de quitarme un par de pelos de la barba para llevarlos a toda leche a un laboratorio de genética en Islamabad, donde un equipo de científicos preparados para la ocasión analizó mis genes en un abrir y cerrar de ojos y, con una fiabilidad del 99, 9%, dedujo que ese al que liquidaron era yo y no otro. A continuación me metieron en helicópero que me depositó en un portaaviones y, desde allí, me lanzaron al mar con una piedra alrededor del cuello. Todo en un tiempo récord inferior a diez horas (información real de la Casa Blanca).
No pongo en duda el hecho innegable de que me merezco el peor de los castigos por las atrocidades cometidas durante tantos años. Sólo planteo la duda razonable de que, a lo mejor, no soy yo quien dicen haber abatido. O, tal vez, ni tan siquiera hayan realizado la operación militar que ahora publicitan a bombo y platillo.
En una sociedad dominada por lo visual, en la era de la imagen, en un mundo con nombre de Twitter y de Youtube, sólo mi rostro inerte, sin photoshop, sin trampa ni cartón, podrá dar credibilidad a la noticia.
El día que enseñen mi foto sin modificar al mundo, con un tiro entre ceja y ceja, sabremos de verdad qué es lo que me ocurrió aquel 1 de mayo en Pakistán. Mientras llegue ese momento, dejad que algunos compartan el escepticismo sobre mi verdadera defunción en 2011.

Una sugerencia: Wat the dog

martes, 19 de abril de 2011

Hoy Soy Anna Drexel


Curiosa polémica en la que me he visto envuelta a mis 6 años de edad. El pasado 5 de abril regresaba de unas vacaciones con mis padres cuando fui seleccionada en el aeropuerto de Nueva Orleans para ser cacheada de arriba abajo, de abajo arriba, como una vulgar delincuente, por una agente de la Administración de Seguridad del Transporte de EEUU.
Una mujer oronda y con cara de pocos amigos me sometió durante varios minutos a un intensivo manoseo para comprobar si a mis seis primaveras ya era capaz de llevar escondidos entre las bragas un revolver o alguna granada de mano. Os sugiero, incluso antes de seguir leyendo estas líneas, que veáis el vídeo que se adjunta con esta pequeña crónica. Comprobaréis vosotros la sinrazón de este procedimiento absurdo en aras de la seguridad aérea. Hombros, ingles, entrepiernas, espalda, cabeza. No hubo ni un solo espacio de mi diminuto cuerpo que no fuera cacheado en busca de armas de destrucción masiva, mientras mis padres grababan esta absurda situación que se repite a diario en centenares de aeropuertos estadounidenses, tanto con adultos como con niños de corta edad.
Días después mis padres fueron entrevistados en el programa Good Morning América, de la ABC. Allí mi madre declaró textualmente lo siguiente: "Nos esforzamos cada día para enseñar a nuestros hijos a que sepan decir que no está bien que me toques así en esta zona, y sin embargo ahora les tenemos que decir que si lo hacen estos señores de uniforme entonces sí que está bien".
Tengo que confesar que no comparto totalmente las palabras de mi madre. Muchos adultos - sobre todo en la sociedad estadounidense- tienden a ver manos perversas en cualquier situación. ¡Y tampoco es eso!
Creo, sin embargo, que el asunto es otro muy distinto. No es un problema de tocamientos lascivos sino de libertad individual. En nombre de la seguridad muchos creen que todo vale. En nombre de la seguridad, todos somos sospechosos. Ahí radica esta perversión que, en ocasiones, incluso salpica absurdamente a niños como yo.


lunes, 11 de abril de 2011

Hoy Soy el Príncipe Guillermo


Rose Farquhar fue la primera. Con Jecca Craig viví la relación más seria. Arabella Misgrave... Arabella fue.... la chica de paso. La aristocrática Isabella Anstruther cerró la lista. Todas ellas tienen dos cosas en común con un servidor: han pasado por mi entrepierna real y estarán presentes mi próximo enlace con Kate.
Ahí tenéis a las cuatro mequetrefas, achantando la boca y contando a sus allegados que han sido invitadas al acontecimiento social de más renombre de las últimas décadas. Este póker de ex amantes, dispuestas a tragarse sus emociones con tal de no hacerme un feo.
No existe, que yo sepa, ningún otro caso parecido en el mundo de los plebeyos. Nada se asemeja al despropósito de invitar a todas las ex al enlace. A hacerlas partícipes a la fuerza de la alegría del casamiento. Como si ellas, por el hecho de haber cruzado su vida con la mía en algún momento de su existencia me tuvieran que rendir pleitesía de por vida.
Yo me pregunto: ¿tan cojonuda fue mi relación con todas ellas que deseo invitarlas a compartir conmigo un momento supuestamente tan especial? ¿Ninguna de ellas me guarda rencor? ¿Ninguna se acuerda de mi madre?
Si fui yo el que las abandonó, el que decidió cortar por lo sano y dar carpetazo a estas relaciones, supongo que alguna podría seguir algo jodida. Entonces, ¿para qué remover el pasado y escarbar en el dolor invitándolas a mi casamiento? Y si, en cambio, fueron ellas las que me dejaron, ¿qué necesidad tengo de recordar aquel trago amargo?
Kate ha hecho tres cuartos de lo mismo. Sus dos ex vendrán a nuestra boda, en un ejercicio fascinante de transparencia emocional tan artificial como poco creíble.
... y fuimos felices y comimos perdices.

jueves, 7 de abril de 2011

Hoy Soy Francisco Miguel Montes


Hace unos días llegó a mis manos un ejemplar de La Vanguardia. No suele ser habitual que los carceleros nos adjunten la prensa con el desayuno, como si de un room service se tratara, pero agradecí el detalle y lo leí como si fuera el Financial Times. Fechada el 31 de marzo pasado, la crónica de Sucesos se abría con este titular: "Un hombre repite un doble crimen". Al parecer, según relataba el diario, un tal Ramón Laso fue condenado en 1993 a 57 años de prisión por asesinar a su mujer y a su hijo de 6 años. Cumplió algo más de diez y salió en libertad por supuesta "buena conducta" a pesar de estos dos asesinatos con agravante de parentesco. Hace dos años, el jodio volvió a matar a su pareja sentimental y a su cuñado. Acaba de ser detenido.
Ayer un interno me prestó El País. Lo encontró, por casualidad, junto a la entrada de la habitación donde poco antes una pareja había tenido su ansiado vis a vis mensual. Le agradecí el detalle y comprobé, antes que nada, que no hubiera demasiado semen en alguno de sus bordes. Lo ojeé con cierta avidez y me detuve nuevamente en otro titular que me llamó la atención: "Violador reincidente 20 años después". El reportaje narraba las fechorías de Elías Ramón, un agresor sexual de 39 años que pasó 15 años entre rejas por violar, agredir, robar y humillar a cinco mujeres. Ahora se le juzga de nuevo porque, una vez en libertad, volvió a las andadas y agredió sexualmente a otra víctima hace poco más de dos años. Instintivamente abrí la palma de mi mano y calculé cuanto tiempo pasó Elías en la cárcel por cada uno de esos terribles delitos. Tres años, de media.
Me senté en el patio de la cárcel y traté de imaginar por un instante cuantos pequeños delincuentes reinciden a diario en las principales ciudades españolas. Una colla interminable de españoles, rumanos y marroquíes roban y extorsionan a turistas. Tras ser detenidos son puestos en libertad de inmediato ante la impotencia de la Policía y unas leyes demasiado laxas. Algunos, como Mourad Al-Hassini acumulaban más de 40 delitos antes de que se decidiera su extradición a Marruecos hace ahora un mes.
Hace 35 años que vivo entre rejas. He cumplido 61 años por lo que es fácil deducir que llevo encarcelado más de la mitad de mi vida. De hecho, ostento el triste honor de ser el preso más antiguo de España. Pero en mi currículo delictivo no existe ni un solo delito de sangre. Ni uno por violación. Ni uno por desfalco o prevaricación.
No sé, estoy algo confuso....

martes, 5 de abril de 2011

Hoy Soy La Muerte


Ojeo con interés y cierta dosis de ironía la sección de Economía del diario El Periódico y me detengo en una noticia que me llama poderosamente la atención: "La muerte, también en crisis".
Desde el más allá, queridos, también vivimos y sufrimos intensamente por las mismas causas que os ocurren en el más aquí. Vosotros, humanos, pensáis que yo, sólo por ser la muerte, estoy por encima del bien y del mal. Nada más lejos de la realidad: como vosotros, también estoy jodida por culpa de esta crisis interminable que aprieta a todo hijo de vecino. Ni yo me libro de los vaivenes económicos.
Según un reciente estudio de SFI (Servicios Funerarios Integrales) en los últimos tres años los clientes se han inclinado por ataúdes más baratos, menos flores y, en ocasiones, esquelas tan minúsculas que los nietos se han quedado fuera del recuerdo al difunto por falta de pasta.
Pero lo más fascinante es que esta agencia de gestión de fiambres ha constatado con preocupación que se muere menos gente, debido a los cambios ligados a la crisis. Y los ilustra con un ejemplo ceñido a la realidad de una ciudad concreta: Barcelona. "Habitualmente se producen 17.000 defunciones al año y en 2010 bajaron a 16.500". Viene a decir el sesudo estudio que unos 500 ciudadanos, con su billete al otro barrio comprado desde hace tiempo, decidieron finalmente no visitarme por culpa de la crisis. O, al menos, pospusieron por un tiempo su decisión de echarse a mis brazos.
Yo, que durante el último lustro, me he frotado las manos convencida de que esta hecatombe financiera provocaría una ola de suicidios, un aumento de ataques al corazón y una subida considerable de embolias y otras enfermedades incurables, vivo con incredulidad una realidad diametralmente distinta. Ahora resulta que es todo una farsa. De la misma forma que durante la final televisada de la Champions, los servicios de urgencia hospitalarios están vacíos, resulta que en época de vacas flacas la gente ha decidido no morirse. Ver para creer.
En fin, que he pedido hora al psicólogo porque desde hace unos días estoy con un bajón que me muero.

Una sugerencia: A dos metros bajo tierra

viernes, 1 de abril de 2011

Hoy Soy Diversión


Hoy, Día Mundial de la Diversión en el Trabajo, me viene un chiste a la cabeza.



Un tipo acude a una entrevista de trabajo.
- Bueno, su currículo es sorprendente. Aquí pone que habla usted inglés a la perfección...
- Sí, claro, estudié en un colegio bilingüe
- Y también domina el francés....
- Es que mi madre es francesa y en casa siempre nos hemos comunicado en este idioma
- También habla italiano...
- Así es. Tuve durante muchos años una novia que vivía en Roma y le visitaba con frecuencia
- Y tiene amplios conocimientos de alemán...
- Es que en mi anterior empresa me destinaron a Berlín....
- Muy bien, pues está usted contratado. Ah, por cierto, una curiosidad: conociendo tantas lenguas diferentes, ¿usted en qué piensa?
- ¿Yo? ¡En follar, como todo el mundo!


miércoles, 30 de marzo de 2011

Hoy Soy Zapatero


Ayer me levanté a medianoche y vomité intensamente. Creo que la cena me sentó mal. Recuerdo que de primero me sirvieron un plato de Crisis -calidad extra-, acompañado de unos parados a la plancha. Lo engullí con cierta desgana y esperé al segundo, deseoso de que fuera más ligero. Nada más lejos de la realidad: un plato de Sucesión al horno, aderezado con salsa Chacón y unas verduritas Rubalcaba asadas. Aguanté como pude la envestida culinaria, deseando que el cocinero se hubiera olvidado del postre. Pero, para mi desgracia y la de mi estómago, apareció en la sala un enorme magistrado de chocolate Ruz relleno de crema ETA. "Especialidad de la casa", me aseguró el camarero, al que, curiosamente, le vi un semblante que me resultaba familiar: un tipo con barba y un cierto deje al hablar.
Esta mañana el dolor en el bajo vientre era tan insoportable que he acudido a Pajín, mi médica de cabecera, para que me diera un Alka Seltzer. Pero la muy jodía me ha recetado silencio.
Ahora me doy cuenta de que la culpa es mía. Poner de ministra de Sanidad a una mujer que sabe de medicina lo que Belén Esteban de Ingeniería nuclear es el precio que hay que pagar por este despropósito. Si al frente de un Ministerio como el de Economía ubico a una experta en Economía, ¿por qué el de Sanidad no lo confío a médico o a un farmacéutico? Incluso, si me apuráis, antes tendría que haberle ofrecido la cartera a un conductor de ambulancias. Pero se la entregué a Leire Pajín, fiel servidora de mi ideario. Perrito faldero donde los haya.
Ahora que me cago por la pata baja a causa del atracón de anoche, ya no puedo confiar ni en mi equipo de gobierno más cercano. Pajín me ha recetado unos días de ayuno pero ya no sé si hacerle caso. Por eso comprendo que muchos os desesperéis porque, a fecha de hoy, siga sin deshojar la margarita sobre mi sucesión.
Me tendréis, sin embargo, que excusar... es que me estoy literalmente jiñando.

jueves, 24 de marzo de 2011

Hoy Soy Liz Taylor


Desde mi tumba ojeo el tratamiento que los medios de comunicación (al menos en España) han dado a mi muerte. Todos sin excepción abren sus ediciones con mi fallecimiento e ilustran sus crónicas con alguna foto mía. Pero lo verdaderamente curioso del asunto es que todos esos diarios han recurrido a una imagen que retrata mi esplendor, no mi ocaso. Como si la vejez se convirtiera en un tabú no apto para aquellos que años atrás brillamos en Hollywood. Como si el paso del tiempo se convirtiera en palabra non grata. Como si la decadencia física se convirtiera, por expreso deseo de estos mismos periódicos, en un veto tácito y compartido para perpetuar artificialmente el mito.
El País, por ejemplo, abre su portada con una imagen en blanco y negro. Siete fotos más acompañan los textos interiores y ni una sóla me retrata en mis últimos años de vida. Otro tanto ocurre en diarios como El Mundo, El Periódico o La Vanguardia.
¡Qué gran error! Fui una gata sobre un tejado de zinc esplendoroso. También fui Cleopatra y otras muchas. Pero, por encima de todo fui Elisabeth Taylor, una mujer que buscó la felicidad a toda costa, como cualquier hijo de vecino que sabe que esta vida tiene un plazo de caducidad tan marcado como un yogurt Danone.
Echo en falta una foto en silla de ruedas o caminando con mi sobrepeso a cuestas (de hecho, hasta a mí me ha costado encontrar la que ilustra este post). Porque, una vez en mi tumba, los gusanos, que no suelen ir al cine, no perdonarán mis carnes flácidas. Poco les importará, cuando me hinquen el diente, que algún día fuera Cleopatra en la gran pantalla. Me devorarán como a cualquier otro mortal, a pesar de que periodistas, amantes del séptimo arte, freakies cinéfilos y fetichistas varios se empecinen en perpetuar mi imagen.
De hecho ya noto que se acercan. Merodean a mi alrededor dispuestos a pegarse el gran festín. Como lo hacen a diario con esos muertos anónimos, en Libia o en Japón. O en cualquier otro rincón del planeta.

martes, 22 de marzo de 2011

Hoy Soy Ahmed Tommouhi


El País acaba de publicar, bajo un título un tanto desalentador -La última oportunidad de Ahmed- una pequeña crónica sobre mi vida. Es, para quien no haya conocido mi calvario, un escueto pero claro resumen de mi odisea desde que, hace dos décadas, puse un pie en España. He pasado 15 años en la prisión de Can Brians por una serie de delitos de violación que jamás cometí.
Durante todo este tiempo, y a pesar de que el propio Tribunal Supremo recomendó mi indulto en el año 2000 por las "dudas fundadas sobre mi culpabilidad", prácticamente nadie movió un dedo para lograr mi excarcelación.
Un moro sin papeles, recién aterrizado en un país extranjero, tenía todos los boletos para ser un jodido violador sólo con el testimonio dubitativo de una de las víctimas. Poco importaron entonces, las numerosas pruebas que demostraban mi inocencia.
Hoy, un diario de gran tirada recupera mi historia y le dan nuevamente una proyección mediática. Pero llevo demasiado tiempo llorando en silencio, clamando por una inocencia que nunca llega, tratando de limpiar mi nombre.
Hace cuatro años, la persona que escribe este blog me entrevistó en un pequeño bar de una localidad cercana a Barcelona. Dos meses antes me habían concedido la libertad condicional y aún no sabía muy bien qué hacer con ella.
David escribió para una revista de tirada nacional un reportaje que tituló "Ni me han pedido perdón". Recuerdo que, en un momento de aquella charla informal en el rincón oscuro de aquel bar cochambroso, me preguntó: ¿Cómo te encuentras? Y yo le contesté: "He estado encerrado más de 15 años y ahora que estoy fuera no me queda sabor a nada. Ni de mis hijos ni de mi mujer ni de mis amigos. Simplemente estoy en este mundo. Eso es lo que siento".
Hablamos durante casi dos horas. Al acabar, él se levantó para pagar las cuatro cocacolas que bebimos durante este fugaz encuentro. Pero no le dejé. Aboné las consumiciones, le di un apretón de manos y me despedí desde la entrada del bar. Caminé calle arriba y observé de reojo que me seguía con la mirada. Sé que jamás olvidará esa entrevista ni la lección vital y emocional de un hombre destrozado por su destino, al que no le quedaba absolutamente nada pero que, aún así, quiso pagar las bebidas.

Conoce mi historia:
La última oportunidad de Ahmed