jueves, 30 de diciembre de 2010

Hoy Soy 2010


Supe, desde el día que nací, que las cosas no iban a ser fáciles. Cogí el testigo a un año complicado y pocos, muy pocos, depositaron verdaderas esperanzas en mí. Es lo malo de nacer estrellado en lugar de hacerlo con estrella.
Ahora, mientras apuro mis últimas horas de vida y rebobino lo que he dado de mí a lo largo de estos 365 días, creo que no he sido ni mejor ni peor que mis compañeros de década. Simplemente, he sido.
Probablemente sea recordado, por las verdades de Wikileaks. Por el milagro de los 33 mineros de Chile. Por el atroz estornudo de la Tierra en Haití y el vómito incontestable del volcán islandés de nombre impronunciable. Por la victoria de la Roja en el Mundial. Por la sinrazón de unos controladores aéreos. Por una huelga general que tuvo más de huelga que de general. Por la guerra sin cuartel a los malos humos en muchos espacios públicos y privados. Por aquellos doce inmigrantes que se dejaron la vida en la vía del tren la noche de San Juan. Por el vertido de petróleo en el Golfo de México. Por el nacimiento del Ipad. Por el rechazo a la ley Sinde. Por los casos de dopaje en el deporte español. Por la inolvidable boda de Pepe y Maca. Por la derrota en el el último suspiro de Fernando Alonso y las innumerables victorias de un gran Nadal. Por la silla vacía del disidente chino Liu Xiaobo en la entrega del Nobel de la Paz.
Pero, sobre todo, muchos me recordarán por aquellos a los que me llevé conmigo. Éric Rohmer, Alexander McQueen, Miguel Delibes, Luis García Berlanga, Dennis Hopper, Leslie Nielsen, José Saramago, Tony Curtis, José Antonio Labordeta, Manuel Alexandre, Enrique Morente o Blake Edwards entre otros muchos.
La vida sigue, queridos.
Feliz año.

martes, 28 de diciembre de 2010

Hoy Soy Barbie


A ver si lo entiendo porque estoy hecha un lío. Hace pocos meses la empresa Mattel (mi madre, por llamarla de alguna manera) me lanzó al mercado en versión "Video Girl" y estas navidades me he convertido en uno de los regalos estrella en medio planeta. Mi nuevo look se adapta totalmente a los tiempos actuales. A saber: en lugar de un collar rosa, llevo una pequeña cámara de vídeo y la mochila de la espalda ha sido sustituida por una pantalla LCD en color.
De esta original forma, las niñas pueden usarme como una verdadera cámara digital y ver a continuación lo que han grabado, con la opción de descargarlo en mi página web y editar las imágenes. Nada que objetar, pues, a esta nueva modalidad de diversión infantil, adaptada a la era digital.
Pues bien, ahora resulta que el FBI me ha etiquetado como "un posible método de producción de pornografía infantil" y ha alertado a los padres del peligro de que sus hijas me lleven al colegio entre sus pertenencias, bajo la infundada sospecha de que algún depravado haga un uso inadecuado de la cámara de vídeo.
Según estos sesudos sabuesos de la Inteligencia Estadounidense (¡qué gran error incluir la palabra inteligencia al referirse a esta agencia de espías!) los pedófilos pueden utilizarme como cebo para víctimas inocentes.
El problema, queridos madamases del FBI, está en vuestros cerebros. Sois vosotros los que veis algo raaaro, raaaro, raaaaro donde, en verdad, no hay nada. Probablemente porque en vuestras filas haya más de un pederasta suelto, obsesionado en ver zorritas donde sólo hay muñecas.
Un consejo: limpiad de gente insana las cloacas de vuestros departamentos y mandad al infierno a aquellos jefecillos viciosos que ven perversión donde sólo hay diversión. Porque sólo los ojos licenciosos de los que miran con maldad pueden maquinar perversiones tan absurdas como las vuestras.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Hoy soy Papa Noel


Este año ni vengo cargado de regalos, ni me desplazo en trineo ni me he puesto un espantoso vestido rojo comprado en Huang Zhijian, ciudad china famosa por ser el gran almacén mundial del todo a cien. Confieso que estaba hasta los cuernos (de mis alces) de repetir el mismo patrón año tras año. Toda la jodida noche repartiendo juguetes, rompiéndome costillas al caer por las chimeneas o esperando a que los putos niños se durmieran para poder entrar en sus habitaciones. Se acabó, me dije hace unos días. Prefiero que me hagan un ERE a tener que pasar por este calvario. Ostia puta, ¡si al menos tuviera ayudantes como los jodidos Reyes Magos! Además de ser tres, tienen una legión de pajes que se dedican a leer las cartas de los mequetrefes antes de tener que ponerse a embalar regalos.
No. Se acabó. Esta Nochebuena me he vestido de cuidadano de a pie. Como tú. O como tú. Tal vez este año te cruces conmigo en la barra de un bar a medianoche y me invites a una copa. O tal vez baile a tu lado en una discoteca de moda. Quien sabe.
Más de un padre incrédulo se preguntará a qué se debe esta actitud hostil, más propia de un controlador aéreo que de un bonachón como yo. La respuesta se llama Reforma del sistema de pensiones, que el presidente Zapatero acaba de defender ante la Ejecutiva Federal de su partido.
Si sale adelante esta propuesta, deberé jubilarme a los 67 años. Pero si decido hacerlo a los 65, tendré que haber cotizado durante 36 años.
Tantos putos años tirando de los renos, recorriendo todo el globo de punta a punta cargado como un mulo, pagando de mi bolsillo la Nancy, el Scalextric y la Gameboy para que ahora me vengan con estas. Que les den por culo.
Por eso he decidido que este año sean los padres quienes se estiren el bolsillo y compren los regalos a sus hijos. Sí, soy consciente de que es una putada tomar una decisión así en época de crisis pero tendrán que apechugar con esta nueva situación. Entenderéis que, por mucho que uno sea Santa Claus, también tiene el derecho de sublevarse con el loable fin de velar por sus intereses.
Feliz Navidad.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Hoy Soy Karen Weatherby


Si eres hombre, mira con atención la imagen que ilustra esta pequeña crónica. Mantén la vista fija en este par de portentosas tetas durante diez minutos.
¿Ya? Estupendo. Acabas de arañarle unos minutos a la muerte.

Soy una conocida gerontóloga alemana que durante seis años ha seguido y monotorizado a un grupo de 400 hombres en varios hospitales de Frankfurt, ciudad en la que trabajo. A lo largo de todo este tiempo, de forma periódica, les he obligado a visionar varios capítulos de la siliconada y oxigenada serie "Los vigilantes de la playa". Hace unos días publiqué los resultados de mi investigación en la prestigiosa revista científica New England Journal of Medicine. A saber: los tíos que miren un par de berzas al día durante diez minutos pueden llegar a vivir hasta cinco años más.
Indico, para aquellos desconfiados que ven con cierto escepticismo mi experimento médico, que la visión diaria del busto femenino aumenta la presión arterial y disminuye el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, puesto que la excitación sexual hace que el corazón trabaje más. Incluso me permito asegurar que estos seiscientos segundos viendo pechos tamaño XXL equivalen a media hora practicando ejercicio físico.
¿Vicio? No, ejercicio.

PS: Lo que no menciona el estudio son los posibles efectos secundarios de tragarse durante tantos años los diálogos y las poses de plástico de David Hasselhoff. Pero esa ya es otra historia.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Hoy Soy Julian Assange


He abierto la tapa del inodoro de la diplomacia americana y ha salido de repente un insoportable tufillo a mierda que lo ha impregnado todo. Entusiasmado por este imprevisible hedor que se ha pegado como una garrapata enferma a las paredes de un país que trata a toda costa de imponer un estilo de vida al resto del planeta, he tratado de estirar de la cadena para diluir la peste. Paradójicamente, poco a poco, la mierda ha ido ganado terreno y ha ocupado cada rincón de la sociedad.
Caca. Mucha caca. Las oscuras cloacas de la administración norteamericana transportan miles de documentos secretos por sus tuberías oxidadas. Papeles a través de los cuales tratan de imponer al mundo una forma mezquina de entender la vida.
Ayer salí en libertad bajo fianza a pesar de la insistente política de acoso y derribo planeada a conciencia por los poderes públicos estadounidenses, obstinados en hacerme desaparecer a cualquier precio. Jamás antes una sola persona, con la complicidad manifiesta de cinco de los diarios más influyentes del mundo, había logrado poner en jaque a una nación tan poderosa. Un país que, a ojos del mundo, ha quedado poderosamente ridiculizado.
Hasta no hace demasiado tiempo, cualquier ciudadano con inquietudes debía esperar bastantes años a que los documentos secretos fueran desclasificados para poder conocer lo que cocinaban en la trastienda los políticos, los embajadores o los militares.
Hoy, de repente, ya no has esperas. He abierto a conciencia la tapa del váter para que cualquier ciudadano del globo pueda meter su cabeza en el retrete y comprobar la cantidad y la calidad de la mierda. Y, sin embargo, los poderosos servicios secretos de Estados Unidos, asustados por esta diarrea, tratan de poner freno a toda costa a este caudal informativo. Constatan, horrorizados, que su credibilidad pedorerra está en entredicho.
Es marrón, pastosa y pestilente. Una pifia. Y, que yo sepa, no existe de momento suficiente papel en la Tierra que sea capaz de limpiarla.
¡Qué gran cagada! ¡Qué gran placer!

martes, 30 de noviembre de 2010

Hoy Soy Ese



Hoy que el país sólo habla de fútbol. Hoy que la manita (ese 5-0 inapelable) está en boca de todos. Hoy que tanto los aficionados al balompié como los detractores de este deporte comentan frente a un café, en el trabajo o en la parada del metro la humillante derrota blanca. Hoy que los catalanes encaran el día con una sonrisa pícara mientras en la capital del reino se lamen las heridas provocadas por el dolor propio de una derrota incomprensible. Justamente hoy no soy ni Mou, ni Guardiola ni Cristiano. No soy Villa ni Pedrito ni Sergio Ramos. Hoy soy ESE.
Ese tipo que sigue disfrutando del fútbol no por el resultado sino por el placer de compartir espacio -un bar- y tiempo -un par de horas- con un grupo de amigos. Un tipo al que se le han enganchado las sábanas esta mañana como cualquier otro día del año. Un tipo al que le cuesta sonreír si no se ha tomado un café con leche antes de las 10h. Un tipo que se ha puesto, como cada jornada laboral, frente al ordenador de la ofi y ha revisado con cara de perro las tres docenas de mensajes de su correo electrónico. Un tipo que se ha comido los mismo marrones laborales que cualquier otro día de la semana. Un tipo que ha ido a almorzar a media mañana y ha coincidido con los cuatro clientes habituales de la cafetería de la esquina. Un tipo, al fin y al cabo, cuya vida no ha experimentado ningún cambio existencial a pesar del escandaloso resultado del Camp Nou.
¿Por qué? Pues porque el jodido camarero no me ha invitado hoy al café y al donut. Ya le vale al muy cabrón. Si tendría que estar encantado con la victoria del Barça. ¿O es que, tal vez, era seguidor del Madrid?

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Hoy Soy Marcos Rodríguez Pantoja


Nunca fui un lobo. Pero conviví, me alimenté, olisquée, jugué y me comporté como ellos durante doce años. Los doce años de mi azarosa vida en los que más libre me he sentido.
Estos días se estrena Entre Lobos, el filme del realizador Gerardo Olivares que recrea aquel episodio mágico de mi existencia. Sí, mágico. Porque, probablemente nadie fue más feliz que yo durante aquel periodo.
La lectura de mi vida lleva sin contemplaciones a las primeras páginas de La Cenicienta. Mi existencia fue, hasta los 7 años, un auténtico infierno. Tras la muerte prematura de mi madre, cuando yo apenas tenía 3 años, mi padre se casó con una mujer (obviamente, mi madrastra) que me golpeaba casi a diario y me obligaba a dormir en la calle día sí día no. Todo ello bajo la mirada cómplice de mi padre, en una época -los años 50- y un lugar -un pueblecito de la provincia de Córdoba- abonados a este tipo de sinsentidos.
Acabé vendido a un cabrero que un día desapareció y me dejó solo en Sierra Morena. Fue el inicio de un periplo inolvidable y el comienzo de la etapa más dichosa de mi vida. Durante esos doce años no me relacioné ni una sola vez con un humano. Compartí mi tiempo con hurones, buitres, serpientes, ciervos y águilas. Dormí en una cueva, pasé frío y, porqué no confesarlo, también algo de miedo. No tuve acceso a radios, ni teles, ni diarios. No supe si Franco había inaugurado algún pantano o si los niños de mi edad se volvían locos por el hula hop. No aprendí a leer ni a escribir. No me enamoré de la chica de clase ni probé el Cola Cao.
Este segundo acto en el que se ha convertido mi vida, fue un calco real de El libro de la Selva. Aún hoy a mis 64 años, integrado a la fuerza en una sociedad que ha querido reciclarme, convencida de que no hay mejor vida que la que se cocina a su abrigo, trato de huir a la montaña de vez en cuando para sentirme libre. Paradoja de un mundo cada vez más conectado. Un mundo en el que ya no queda un jodido espacio para reivindicar la verdadera libertad.


jueves, 18 de noviembre de 2010

Hoy Soy Antonio Meño (de nuevo)


Soy feliz.
Aunque la expresión de mi cara permanezca inalterable, si eres capaz de escudriñar en mi mirada comprobarás que me siento bien.
Gracias a los que me han ayudado a lograr que el Tribunal Supremo reabra mi caso. Pero, por encima de todo, a mis padres.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Hoy Soy Alicia Croft


Pim pam pum. Me cargo a un indio, destrozo a un moro, disparo una ráfaga a un peruano. A lomos de la gaviota Pepe no dejo a un inmigrante ilegal vivo, mientras se tiran en paracaídas desde una avioneta tratando de alcanzar tierra firme. Así soy yo, Alicia Croft, una heroína digital y derechona al rescate de la sociedad catalana, enferma por culpa de esta gentuza que ha venido a nuestra tierra a quitarnos el trabajo, a delinquir, a alterar nuestros valores. Amén.
Pim, pam, pum. En el marco de las elecciones catalanas -una quincena de saldo en el que al parecer todo está permitido- El PP ha creado un videojuego (llamado Rescate) para la web y los móviles en el que, como candidata a la presidencia de la Generalitat, me convierto en una burda réplica de Lara Croft, la protagonista de la saga Tomb Raider. Cuantos más sudacas y moros me cargue, lógicamente más puntos obtengo.
Pim, pam, pum. Anoche, sin embargo, retiraron de forma precipitada el videojuego. Dicen los mandamases de mi partido que todo forma parte de una absurda equivocación. Argumentan que jamás quisieron herir la sensibilidad de los inmigrantes y que donde hay ecuatorianos y pakistanies tenía que haber habido mafias rusas y chinas. La verdad, suena a excusa no demasiado creíble...
Pim, pam, pum. En un partido cada vez más escorado a la derecha, cuyo referente europeo sigue siendo un tipo sin escrúpulos como Silvio Berlusconi, hemos convertido al inmigrante en el blanco de todo nuestro ideario político. Le hemos responsabilizado de todos los males que aquejan a nuestra sociedad, convencidos de que su destierro nos volverá a convertir en una tierra próspera.
Pim, pam, pum. ¡Qué equivocados estamos!

lunes, 8 de noviembre de 2010

Hoy Soy Antonio Meño


Sólo quería retocarme la nariz y ahora mi cuerpo inerte necesita ser empujado para que me dé el sol. Desde la oscuridad en la que me sumió una absurda negligencia hace 21 años, sigo esperando que alguien asuma su responsabilidad. Porque, si de verdad hay algo que me consume es la cortina de humo que hace ya más de dos décadas desplegaron intencionadamente un médico arropado por su colectivo y apoyado por las compañías de seguros. Todo para no pagar la indeminzación que les hubiera correspondido por el estropicio que me provocaron.
Sigo esperando porque ya no me queda nada más que hacer. Dentro de unos días el Tribunal Supremo deberá decidir si reabre mi caso, aún rompiendo el principio sagrado de inquebrantabilidad de una sentencia firme. Y, si finalmente lo hace, volveré a ver de nuevo la cara del anestesista que supuestamente me ha dejado postrado para siempre en una silla de ruedas.
La aparición en escena de un nuevo testigo ha puesto patas arriba todo mi caso. Ignacio Frade era entonces un joven aprendiz que aquella fatídica mañana estuvo en el quirófano y fue testigo de excepción de lo que verdaderamente ocurrió mientras yo dormía por efecto directo de la anestesia. Y lo que Frade observó no tiene nada que ver con lo que declaró el anestesista en los sucesivos juicios que se han celebrado hasta la fecha.
Una contradicción que huele a farsa. Que tiene un desagradable tufillo a mentira con la que tapar unos actos irresponsables y desviar la atención de los que tienen que juzgar unos hechos y dirimir responsabilidades.
Porque nada hay más mezquino en el ser humano que no ser capaz de aceptar la responsabilidad de los propios actos. Y más aún si éstos producen unas consecuencias tan devastadoras. "Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica". (Hans Jonas). Ya sólo pido eso.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Hoy Soy Bastante Vicioso


Cae otro muro. El proyecto de ley de reforma del Registro Civil se va a cargar de un plumazo la absurda prevalencia del apellido del padre. Cuando se apruebe la nueva norma, el primer apellido lo decidirá el orden alfabético. Un Duarte se impondrá a un Martínez de la misma forma que un Baena le ganará la partida a un Rodríguez. Una pequeña "revolución" en el universo genealógico que, por simple que pueda parecer, tiene un simbolismo muy importante. Se derriba así para siempre otra barrera sexista en el ámbito civil. Hasta la fecha, en demasiadas ocasiones el cambio de orden resultaba un suplicio. Un camino lleno de trabas administrativas que acababa con la desesperación de muchos progenitores que deseaban que el apellido de la madre prevaleciera sobre el del padre.
Probablemente, dentro de unos años los apellidos de la primera mitad de la tabla dominarán a los de la segunda. Pero, ¿tiene verdaderamente eso alguna importancia?
En España el apellido más difundido sigue siendo "García" que, hoy por hoy, comparten 3 millones de ciudadanos, un 7% de la población. Tienen los García unos primos hermanos tan curiosos como poco frecuentes: Seisdedos, Pechoabierto o Viejobueno viven en armonía con otros tan desafortunados como Duda, Feo, Cabezón o Fresco.
El asunto adquiere tintes cómicos cuando la suma de ambos apellidos provoca una carcajada inevitable. En estos casos, un anexo legal debería obligar a que se mantuvieran correlativos para dar sentido al conjunto. Ese es mi caso: Bastante y Vicioso. Sí, soy consciente de que al pobre desgraciado al que le toque acarrearme no le hará ni pizca de gracia. Pero, ¿Es o no es para esbozar una sonrisa de oreja a oreja?

- ¿Apellidos, por favor?
- Bastante Vicioso.
- ¿Profesión?
- Asesor personal de Silvio Berlusconi

martes, 2 de noviembre de 2010

Hoy Soy Té


Supongamos por un instante que John Smith, un norteamericano cincuentón de clase media ha desplegado sobre la mesa del comedor de su casa unifamiliar en Springfield un mapa de Estados Unidos. Trata de explicar a sus dos hijos adolescentes la grandiosidad de la nación en la que habitan. Son cerca de las cinco de la tarde y su amorosa madre y devota esposa les ha preparado un té (es decir, yo) para acentuar ese sentimiento de buen rollo familiar. Papá, enfrascado en sus elucubraciones, señala con pasión, alrededor del brebaje, los distintos Estados de la Unión. Pero, en un involuntario movimiento torpe, golpea una de las tazas de plástico y me derrama sobre el mapa que queda súbitamente empapado de un color amarillento.
De repente, me expando rápidamente por Nevada, me dirijo a Texas, me paro un segundo en Miami y mojo sin remedio California. He cubierto con mi manto la casi totalidad del país. Una metáfora de los tiempos que corren.
El Tea Party avanza inexorablemente por una nación cuya población, en su mayoría, cree en la existencia real de los ángeles, en la teoría creacionista y en las armas de fuego como argumento más eficaz para dirimir cualquier conflicto entre particulares. La corriente más conservadora del partido republicano - que tienen en nuestro país a Esperanza Aguirre como confesa admiradora- defiende unos postulados que en la vieja Europa corresponden sin paliativos a la ultraderecha más casposa, rancia y peligrosa. A saber: expulsión de inmigrantes irregulares o deportación a campos de confinamiento, disminución del papel del Estado, oposición frontal al aborto y al matrimonio de homosexuales u obligación de acudir a clase con una Biblia bajo el brazo.
El atlas ha quedado inservible pero papá esboza una sonrisa tan amplia que a mamá no le queda más remedio que ir a la cocina a preparar de nuevo más té. Esta tarde, cuando me acaben de ingerir, irán todos a escuchar el sermón del reverendo Thomas. Y luego volverán a casa, extasiados y dispuestos a saborear frente al televisor la victoria de unos Republicanos que se han apoyado en la influyente corriente del Té para tratar de hacer añicos los incipientes avances sociales de los Estados Unidos.

jueves, 28 de octubre de 2010

Hoy Soy Tanja Kiewitz


"Mírame a los ojos, he dicho a los ojos". En 1994, una espectacular Eva Herzigova, ataviada únicamente con un Wonderbra que dejaba ver la silueta de unos pechos firmes, nos proponía que no fijáramos la mirada por debajo de su barbilla. El acertadísimo slogan dio la vuelta al mundo y la firma de sujetadores se hizo de oro vendiendo unas prendas que a la mayoría de las mujeres, sin embargo, no les quedaba como a la top checa. Cosas de la publicidad, imagino.
Ahora, 16 años más tarde soy yo la que protagonizo una campaña publicitaria con el mismo slogan. "Mírame a los ojos. He dicho a los ojos". Pero, a diferencia de Eva, en mi caso, la vista del público se dirige mecánicamente al muñon adherido a mi brazo izquierdo. Inmediatamente después, todo sea dicho, la mayoría de hombres centra su mirada canalla en mis pechos. Eso, no nos engañemos, también forma parte de la publicidad.
A este muñón, que me acompaña desde mi nacimiento por culpa de una enfermedad genética, le llamo cariñosamente "el filtro de la estupidez". Cuando un tipo me echa los trastos y, al ver el bulto, huye despavorido o cuando alguien me mira con desprecio, ignorancia o compasión, mi filtro carnoso me avisa de que esa persona no merece la pena. "Odio ver repugnancia en los ojos de la gente cuando me miran como a un extraterrestre". Afortunadamente mi hija de seis años, ha convertido esta extremidad en algo tan natural que se duerme encima y la acaricia. La auténtica discapacidad está sólo en los ojos del que mira.
Mi vida ha transcurrido durante años con la indignación propia de aquellos que, conviviendo con una minusvalía, tratamos de gritar cada mañana al mundo que somos personas totalmente normales a pesar de las zancadillas que aún siguen poniendo personas e instituciones en demasiadas partes del mundo. Hasta que la casualidad me ha llevado a protagonizar una campaña de concienciación que, gracias a un muñón y una elevada dosis de sensualidad, ha recaudado más de cuatro millones de euros a favor de CAP48, una de las muchas asociaciones que luchan a diario por la integración de los discapacitados.
Alguna voz (pocas, afortunadamente), clama al cielo y lamenta que haya tenido que enseñar escote para que la gente mueva el culo. Pero yo les contesto: miradme de verdad a los ojos y decidme, con franqueza, que esta acción publicitaria no ha valido la pena.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Hoy Soy el Walkman


Nací en 1979. Probablemente, uno de los años más prolíficos de la historia del Rock. Motivo más que suficiente para sentirme especialmente orgulloso. Ese año veían también la luz cinco de los discos más influyentes de la música. A saber: London Calling (The Clash), The Wall (Pink Floyd), Reggatta de Blanc (Police), Highway to Hell (AC/DC) y Slow Train Coming (Bob Dylan). Sin olvidar otras producciones como Breakfast in América (Supertramp), Communiqué (Dire Straits) o Three Imaginary Boys (The Cure).
Hoy, 31 años más tarde, mi creador -Sony- ha anunciado oficialmente que deja de comercializarme... al menos en Occidente, ya que la empresa nipona posiblemente ceda la licencia de fabricación para que otros países, en la antípodas de la revolución digital, puedan seguir disfrutando aún de un viejo casete.
Echando la vista atrás he de confesar que viví una década, la de los ochenta, sencillamente maravillosa. Sí, posiblemente mis declaraciones tengan cierto tufillo carca pero nadie podrá negar que los Ipod de hoy en día son mis nietos tecnológicos.
No tengo nada que objetar a las ventajas de llevar hoy encima a cualquier parte cinco mil canciones comprimidas en 10G (poco parece importarles el sacrilegio de meter en el mismo saco a Enrique Iglesias junto a The XX) pero no es menos cierto que nunca volverá la magia de sacar de la mochila, en una reunión de amigos, media docena de casetes, seleccionados concienzudamente en casa durante más de media hora. Este sí, este no. Y, una vez reunidos, conformarse con lo que había. Disfrutando de esa selección sin prisas, sabiendo que, una vez acabada, sólo quedaba la opción de repetirla.
Entonces, darle al play y escuchar los primeros acordes del "Hey you" con el que se abre el segundo disco de El Muro tenía un valor emocional infinitamente superior. Porque todo aquello que exige esfuerzo y paciencia tiene el premio simbólico de la felicidad. Esperar unos segundos mientras me rebobinaban hasta llegar a "Lost in the supermarket" era una pequeña recompensa musical que jamás entenderán los que hoy acceden a la canción con un solo click.
STOP.

martes, 26 de octubre de 2010

Hoy Soy Roser Reverté


El azar coquetea en ocasiones con nuestras vidas de manera tan cruel que uno no puede dejar de preguntarse porqué es el elegido. En mi caso, el lado más oscuro del destino me zarandeó con tanta fuerza en dos ocasiones seguidas que jamás llegaré a entender las razones que le llevaron, sin avisarme, a interponerse de esta forma en mi camino.
La madrugada del 22 de julio de 2008 mi vida cambió para siempre. Ese día recibí una llamada de los Mossos d´Esquadra alertándome que mi hijo pequeño David, de 16 años, había sido mortalmente atropellado por un camión en la N-340, a la altura de Alcanar, en la provincia de Tarragona. El drama provocado por un aviso de esta índole no es tan infrecuente. Cada año, tres mil familias (es el número de muertes anuales en las carreteras de nuestro país) reciben en algún momento una llamada que altera, de repente, sus vidas.
Sin embargo, hay algo en mi historia que la convierte en excepcionalmente dura: David tenía previsto someterse voluntariamente, sólo un mes más tarde, a un trasplante de médula ósea para tratar de salvar a su hermano mediano, enfermo de cáncer, en fase avanzada. Era el único donante 100% compatible, la única persona capaz de darle una oportunidad para que siguiera vivo. Pero ese camión se cruzó con violencia en su vida y en las nuestras.
El 22 de febrero, exactamente siete meses después (de nuevo el destino quiso que la fecha de ambas muertes fuera el mismo día) mi hijo murió de cáncer, esperando un trasplante que nunca llegó. Los he perdido a los dos en siete meses. Hoy, dos años más tarde, las sonrisas de mis nietos y de mi único hijo vivo logran, a duras penas, que no me derrumbe.
Pero hay, además, otro elemento trágico y actual en toda esta desgarradora crónica vital. Hace tres semanas un juzgado nos notificó que Logtravi, la empresa propietaria del camión que mató a mi hijo, ha presentado una reclamación de daños y perjuicios por un importe de casi cinco mil euros por los deterioros que el cuerpo inerte de David produjo en el radiador del vehículo (el juicio está previsto para el mes de marzo del año que viene).
De nuevo la desolación golpea mi mundo y trata de hacerlo añicos cuando había logrado empezar a levantarme.
¿Por qué?

lunes, 25 de octubre de 2010

Hoy Soy Bob Guccione


Me hubiera gustado haber fallecido mientras mi nabo era literalmente devorado por alguno de los centenares de pibones a los que concedí una portada. Pero ha sido finalmente un cáncer de pulmón quien me ha acompañado en mi lecho.
He sido, para aquellos a los que mi nombre no les suene de nada, el fundador de uno de los imperios editoriales del mundo del erotismo y la pornografía más influyentes del siglo XX, junto a mediáticos, Hugh Hefner (Playbloy) y Larry Flint (Hustler).
Ahora, desde mi tumba, me río a carcajadas recordando cómo la Red ha cambiado en algo más de una década los hábitos sexuales de millones de personas. En 1965 lancé al mercado la revista Penthouse, una publicación dirigida a "hombres normales" frente a Playboy, que cultivaba una imagen mucho más snob. Envié por correo ejemplares a clérigos, amas de casa, mujeres de diputados, pensionistas y jubilados. Y, a pesar de la sanción económica por "indecente", logré a principios de la década de los 80 una tirada mensual de casi 5 millones de ejemplares en todo el mundo. El imperio, sin embargo, empezó a desinflarse con la aparición de Internet.
Casualidades del destino, mi muerte -el pasado día 21 de octubre- coincidió con la venta del dominio de internet más valioso del planeta: sex.com ¿Su precio? 13 millones de dólares (cerca de diez millones de euros). Clover Holding, la empresa que se ha hecho con este trozo de pastel digital, está envuelta en el misterio propio de las enigmáticas multinacionales del sexo a golpe de ratón. Tiene su sede en la isla caribeña de San Vicente y desde aquí ofrecerá a cambio de tu tarjeta de crédito un listado interminable de japonesas calientes, negritas viciosas, latinas ardientes, adolescentes succionadoras, orgías imposibles, machos con cipotes de dimensiones descomunales , amas de casa que dejan entrar a butaneros con torsos esculturales y enanos viciosos.
Porque, no nos engañemos, nada vende más en la Red que el sexo y, en algunos casos, de forma demasiado perversa. Un reciente estudio de Symantec Corp. ha revelado que entre las 10 palabras más buscadas por niños, "sexo" ocupa el cuarto lugar y "porno" el sexto. Imaginad los resultados entre adultos.
Hagamos por un instante la prueba: polla, coño, métemela hasta el fondo, conejo, te follo, cómo me gusta, pechos gigantes, me va a estallar, chúpamela, mamada, qué gustito, por el culo, cipote muy duro, más, tetazas...
Este post recibirá hoy, gracias a decenas de motores de búsqueda externos, más visitas que nunca. ¿Alguien se apuesta algo?
Mañana, los resultados.

viernes, 22 de octubre de 2010

Hoy Soy Francisco Javier León de la Riva


"Cada vez que veo esa cara y esos morritos pienso en lo mismo". Lo verdaderamente desconcertante de mi improperio a la recién nombrada Ministra de Sanidad es el hecho de que soy ginecólogo. Si un médico como yo es capaz de mencionar con lujuria manifiesta los carnosos labios de una fémina (sea o no representante púbica...perdón pública) imaginando ese trozo de carne chupando mi rabo erecto, cualquiera puede preguntarse qué habré sido capaz de hacer cuando atendía desde mi consulta a centenares de mujeres.
¿Qué impide hoy a cualquiera imaginarse una tarde en mi despacho? Pongamos algo de imaginación...
- Ella (joven de 30 años). Buenas tardes, doctor León, mire, es que desde hace unos días noto algo hinchados mis labios inferiores. Aquí... ¿lo nota?
- Yo (para mis adentros): ¡Joder! Cada vez que veo estos "morritos" pienso en lo mismo...
- Ella: ¿Es grave doctor?
- Yo (me dirijo a ella): Vamos vístete ya que si no....
- Ella: ¿Qué si no qué, doctor?
- Yo: Nada, nada, qué si no... te vas a resfriar
La política tiene estas cosas. Basta, a lo sumo, con pedir disculpas ( he manifestado en varios medios mi más sentido arrepentimiento), para mantener intacto el discurso político y que jamás rueden cabezas. Probablemente en países con más tradición democrática y un mayor respeto por las instituciones, comentarios como el mío habrían supuesto, al menos, un serio tirón de orejas y una llamada de atención. Pero aquí, en España, nunca pasa nada.
Por cierto, también dejé caer que la nueva ministra iba a "repartir condones a diestro y siniestro". Eso espero que lo cumpla a rajatabla, sobre todo porque no me vendría nada mal tener un par de cajitas en mi consulta. Nunca se sabe cuando puede aparecer una paciente con unos morritos como los de Leire. Entonces sí que voy a desenfundar mi escopeta de caza.

jueves, 14 de octubre de 2010

Hoy Soy La Mina San José


Se acabó. En mis entrañas vuelve a reinar el silencio. Hace 69 días me tragué a 33 mineros y los guardé durante todo este tiempo en mi barriga rocosa. Como una madre, he cuidado de estos hombres rudos y he disfrutado con sus historias. Mis paredes cavernosas han sido testigo de excepción de sus miserias y de sus esperanzas. Les he visto llorar, reír, angustiarse e ilusionarse. He sufrido con ellos horas de insomnio y desesperanza. De llanto desconsolado. Pero también he disfrutado cuando observada en sus miradas la ilusión por el rescate. La esperanza de reencontrase algún día con los suyos. Creí adivinar en más de uno sus planes de futuro una vez estuvieran lejos de mí. Les vi esbozar sonrisas al leer las cartas de sus seres queridos que un pequeño tubo les hacía llegar, de forma permanente, desde el exterior. Les vi organizarse, hacer turnos para todo, jugar a cartas, pasar el rato -matarlo, a veces- meditar, descansar en una poltrona y rezar. Rezar mucho.
Pero, por encima de todo, hay algo que me ha conmovido: su solidaridad. El ejemplo que dieron al mundo al ofrecerse a ser los últimos en abandonarme es el testimonio de compañerismo en situación extrema más emotivo que uno puede recordar.
Posiblemente sus vidas no vuelvan a ser nunca más las mismas ahora que ya están en el exterior. Unos conseguirán enderezar sus rumbos y, con el tiempo, alcanzarán la felicidad. Otros, tal vez, entren en un túnel tan oscuro como la profundidad en la que han permanecido estos 69 días. Pero, sea como sea, esa solidaridad espontánea de la que han hecho gala permanecerá en nuestro recuerdo durante años.
Ahora que me los han quitado, ya les echo de menos. Tratad de ser felices ahí arriba. Y exprimid vuestras vidas al límite. Os lo habéis ganado, canallas.

lunes, 4 de octubre de 2010

Hoy Soy Alessandro Pluchino


Acabo de ganar el Nobel.... el IG Nobel para ser más exactos. Al frente de un equipo de la Universidad de Catania (Italia) he demostrado matemáticamente que las organizaciones serían más eficaces si ascendieran a sus miembros al azar. Y por este hallazgo me he llevado el gato al agua en el apartado de Gestión de Empresas, uno de los premios que cada año reconoce la decena de investigaciones científicas más sorprendentes y absurdas (por llamarlo de alguna manera) del planeta.
No, el IG Nobel no es una coña, aunque lo pueda parecer. Algo de guasa sí que hay detrás de este evento que cada mes de octubre, desde hace ya dos décadas, impulsado por la Universidad de Harvard, rastrea entre los descubrimientos más inverosímiles para premiar aquellos logros que hacen que la gente primero se ría y luego piense. Unos premios que desean celebrar lo atípico, exaltar lo imaginativo y estimular el creciente interés por la tecnología y la ciencia en general. De hecho, el propio nombre - ig nobel- es una parodia de ignoble (en castellano, innoble), es decir todo aquello que denota bajeza, vileza o mezquindad.
Pero volvamos por un instante a mi premio, del que, lógicamente, me siento profundamente satisfecho. Lo que he venido a decir es que si la selección de personal la realizase a dedo un mono de circo en lugar de los directivos de las empresas, los mandamases de las multinacionales o los ejecutivos de las grandes marcas, posiblemente los resultados operativos empresariales serían mucho mejores. En otras palabras: si hubiéramos confiado en una primitiva, en el juego de la pajita más larga, en un boleto de lotería o en el infalible piedra,papel,tijera posiblemente nos habríamos evitado sufrir en primera persona cómo decenas de ineptos han movido durante años, con muy poca fortuna, los hilos de las finanzas mundiales hasta dejarnos literalmente en bragas (o calzoncillos).
La bolita del Bingo, ¿dónde estaba la bolita cuando más la necesitábamos?

viernes, 1 de octubre de 2010

hoy soy Christine O´Donnell


"La masturbación es algo muy egoista". La frase es mía. Y, analizada, en detalle, he de reconocer que es fantástica. Yo me refería, desde mi educación profundamente cristiana, al hecho de que meterse el dedo en el coño y disfrutar profundamente (literal) es un acto despreciable. Pero otra lectura, más pragmática, permite intuir que la masturbación es un acto neoliberal, que en el fondo es la política que defiendo desde las entrañas de mi ideología conservadora. En pocas palabras: a mi conejo le doy zanahoria cuando yo quiero.
Hace tres lustros ( que son quince años, aunque parezca mucho más) me desmarqué con la siguiente perla: "la masturbación no sólo es pecado, sino que es comparable al adulterio". Vamos, que la paja es lo mismo que poner los cuernos. Mi discurso conservador es seguido con fervor religioso por un tropel de simpatizantes derechistas que me han convertido en pocos meses en el referente más carca de la casposa derecha estadounidense. Mi lema -La castidad como terapia para combatir el furor uterino- es el espejo en el que se miran los electores más tradicionalistas. Como líder del movimiento Tea Party soy un ejemplo para abuelitas que cada sábado acuden a misa. Un referente para amas de casa que compaginan su devoción por los anuncios de mantas acrílicas con el Nuevo Testamento. Un modelo para quinceañeras vírgenes deseosas de mantener el himen intacto hasta que su novio casposo les lleve al altar.
Pero una cosa es lo que promulgo y otra lo que comulgo. Yo, cada tarde al llegar a casa, agotada de impartir sermones, me meto el finger en el gallo y no paro hasta que grita kikiriki.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Hoy Soy Ken Follett


Ayer, tras la presentación mundial de mi nuevo libro, La caída de los Gigantes, del que se ha lanzado una tirada cercana a los dos millones y medio de ejemplares, llegué a casa, agotado por la maratoniana jornada de promoción. Me tumbé en el sofá de casa y me dispuse a disfrutar del filme que había alquilado la tarde anterior en el videoclub de barrio. A medida que avanzaba el metraje, me hundía más y más en el cojín, absorto en la trama y deseoso de conocer el desenlace. Pero no lo hubo. Diez minutos antes de su finalización, la película fundió a negro y me quedé con las ganas de saber el final. Me acerqué, indignado, al dependiente del videoclub para pedirle las oportunas explicaciones. Me miró con cara de besugo, encogió los hombros y se limitó a explicarme que la distribuidora se había olvidado de incluir los últimos minutos de la producción.
Algo confuso, me propuse dar una vuelta para apaciguar los ánimos por este contratiempo y recordé que en el pub que suelo frecuentar los fines de semana anunciaban un concierto de rock a cargo de una de mis bandas favoritas. Llegué justo a tiempo. Pagué la entrada y encontré un lugar apetecible junto a la barra. El bajo arrancó con un solo que me hizo olvidar por un instante la jugarreta cinematográfica. Tras media docena de canciones, anunciaron su gran hit, un tema que he escuchando un millón de veces y que fue la razón por la que acudí a ver este concierto. Sin embargo, tras los primeros acordes, dejaron los instrumentos y se retiraron. De nuevo me quedé perplejo por este final inesperado.
Esto es lo que ha pasado con la edición catalana de mi nuevo libro. La editorial se ha olvidado de publicar los dos últimos capítulos de mi novela por un incomprensible error de montaje. El resultado de este desaguisado editorial es que han tenido que retirar del mercado los 30.000 ejemplares de la obra para desesperación de los seguidores catalanoparlantes que deberán esperar un par de semanas o adquirirlo en castellano.
La caída de mis gigantes no ha podido ser más desafortunada. Y, sin embargo, me alegro. A la intriga propia de mi novela se añade ahora la intriga de saber cuando podrán leer el final. Una metáfora del propio misterio, que es, en definitiva, la esencia de la literatura y de la vida.

martes, 28 de septiembre de 2010

Hoy Soy Carmen de Mairena


Cuando los focos se apagan, la vida sigue. Desde que Javier Cardenas me descubriera hace casi tres lustros para la pequeña pantalla, convirtiéndome muy a mi pesar en un icono de freakismo, mi presencia en los medios ha sido constante: que si una producción surrealista -FBI:frikis buscan incordiar-, que si un par de pelis pornos - "Soy puta pero mi coño lo disfruta" y "Por detrás me gusta más", ambas con un rancio regusto por el título poético- que si una aparición como Francisco Franco en El intermedio...
Un muestrario audiovisual de saldo que, sin embargo, me ha proporcionado durante los últimos años la posibilidad de mantener una vida algo más holgada que la que tuve durante décadas. Una vida no muy distinta a la que han padecido otros personajes del quita y pon catódico, como Galindo o Posí (salvando, por supuesto, las distancias entre ambos). Nos hemos convertido en carnaza televisiva para miles de espectadores que se han retorcido en el sillón de casa con nuestras meteduras de pata, alentados por unos presentadores, por unos directivos de cadena y por unos shares implacables que nos empujaban hacia el precipicio de la sinrazón. Estrujándonos hasta dejarnos secos y obligándonos a regresar a nuestras míseras vidas.
Ayer, la policía judicial precintó cuatro de las seis habitaciones del piso en el que resido en el barrio del Raval de Barcelona. Desde hace años alquilo esos habitáculos, decorados con imágenes y carteles de mis espectáculos, a las prostitutas de la zona, a razón de 5 euros el servicio. La mitad que hace un par de años, cuando la crisis no apretaba tanto, y me permitía exigir una cuota de diez euros a esta profesionales del sexo que buscan un camastro improvisado en el que chupársela a clientes necesitados.
Basta con que me imaginéis (de verdad, sin trampa ni cartón) abriendo la puerta de mi casa y dejando que una fulana y un señor con olor a colonia barata atraviesen el umbral de mi hogar para entender que esta opción está en las antípodas del personaje que se metía de vez en cuando en vuestros hogares a través del televisor.
Hace ahora cuatro meses me senté frente a Jorge Javier en su programa Sálvame Deluxe y me sinceré como nunca antes lo había hecho. Aquella noche le di dos titulares. El primero: "Tengo miedo a la soledad". El segundo, aún más demoledor: "Me hubiera gustado tener un hijo pero sé que le hubiera dado vergüenza por ser quien soy".
Bajo el medio kilo de maquillaje con el que cada mañana cubro mi rostro antes de pisar la calle, mantengo integra mi dignidad. A pesar de alquilar mi casa a regañadientes cada día a una docena de putas callejeras y saber que nunca viviré en primera persona la experiencia de tener un hijo que se sienta orgulloso de mí.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Hoy Soy Abuelo


Hoy, como cada día, acudiré puntual a mi cita. A las 5h de la tarde la estaré esperando con una sonrisa y un bocadillo de atún. Si por ella fuera, siempre comería un bollicao pero sabe muy bien que me opongo frontalmente a que se atiborre a grasas saturadas. "Algún día me lo agradecerás", le explico mientras desenvuelvo el sandwich aceitoso. Ella lo acepta a regañadientes y me regala una mirada canalla antes de correr a un banco vacío que acaba de abandonar una pareja de adolescentes.
Allí estamos sentados lo dos, ella devorando su bocata y siguiendo con la mirada a tres chavales de su edad que corretean frente a nosotros. "Abuelo, por favor, ¿me dejas jugar con ellos?" se atreve a sugerirme, sin esperar siquiera mi respuesta. Desde ese banco que súbitamente se ha quedado extrañamente vacío me vienen de repente a la cabeza las palabras que pronunció hace justo una semana Manuel Pastrana, secretario general de UGT en Andalucía: "Abuelos, no cuidéis a vuestros nietos el próximo 29 de septiembre, día de la huelga general". Palabros que luego fueron ratificados por su jefe, Cándido Méndez, confirmando de esta manera que lo de este líder sindical no fue un desliz espontáneo sino algo premeditado.
De esta desafortunada petición del señor Pastrana extraigo una serie de conclusiones: la primera es que probablemente este individuo no tenga hijos. La segunda es que, en caso de tenerlos posiblemente piten canas o, cuanto menos, no necesiten que su abuelo los recoja del colegio cada tarde. Y la tercera es que, en caso de que sus vástagos acudan a la escuela, tendrá a su santa esposa, abnegada mujer de un sindicalista de pro, dispuesta a estar a las cinco en punto frente a las puertas del centro, para que su padre y su suegro no falten a su cita ineludible con la huelga.
No, querido Pastrana. El día 29 iré a recoger a mi nieta al colegio porque sus padres no pueden hacerlo. Le llevaré de merienda, como cada tarde, un bocadillo envuelto en papel de aluminio y me derretiré cuando me observe con sus ojos claros. Y lo haré yo como lo harán la mitad de los abuelos españoles que, según datos de la Sociedad Española de Geriatría, emplean casi seis horas diarias en cuidar a sus nietos.
Estar a su lado cuando me necesita vale más que todas las huelgas generales que podáis montar en los próximos milenios. No lo olvides jamás.

martes, 21 de septiembre de 2010

Hoy Soy Teresa Lewis


Moriré, si el Tribunal Supremo de los Estados Unidos no lo impide, el próximo jueves 23 de septiembre a las 21 horas en el Greensville Correctional Center de Virginia. Y todo parece indicar que el alto tribunal no va a hacer demasiado para impedir que me convierta en la decimosegunda mujer ejecutada en mi país desde que se instauró la pena capital en 1976.
La número 12, como el número de apóstoles a los que admira y venera el gobernador republicano de ese estado, Bob McDonnell, defensor a ultranza de mi condena y de que los poderes públicos tengan plena potestad para quitar la vida de sus ciudadanos si tales fechorías son merecedoras de ese castigo.
No quiero morir. Y así se lo he hecho saber a mi abogado, a mi asistente espiritual y a aquellos que han querido escucharme en el corredor de la muerte en el que permanezco desde hace siete años. Pero mi angustia no sirve de nada en un país demasiado aficionado a liquidar a sus ciudadanos indeseables bajo la mirada cómplice de una Constitución que adora las armas.
Los hecho se remontan al año 2002. La noche del 30 de octubre, víspera de Halloween, preparé a mi marido y a mi hijastro, una noche ciertamente terrorífica: contraté a dos sicarios para que les descerrajan media docena de tiros y, de esta manera, cobrar un suculento seguro de vida. Un acción absolutamente reprobable, de la que me declaré culpable y que acabó con los dos autores materiales condenados a cadena perpetua. Pero en mi caso, el juez me acusó de autora intelectual y me definió -literalmente- como la "cabeza de serpiente" de esta macabra historia. Resulta, cuanto menos, curioso que los dos que dispararon el gatillo no tengan una cita con la la inyección letal y yo, en cambio, esté a punto de irme al otro barrio.
En mi historia hay, además, otro elemento para la reflexión: mi coeficiente intelectual -aquel por el que se rigen nuestros actos- es de 72. Roza el límite (70) por debajo del cual una persona es considerada deficiente mental y no puede ser ejecutada. Si una ejecución en si ya es motivo de repulsa, el ajusticiamiento capital a una (casi) retrasada mental es razón más que suficiente para oponerse frontalmente a esa injusticia.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Hoy Soy Pasqual Maragall


"Conservar algo que me ayude a recordarte sería admitir que te puedo olvidar"

William Shaskespeare


21 de septiembre: Día Mundial Alzheimer 2010

viernes, 17 de septiembre de 2010

Hoy Soy Tú en el Metro


He cogido el metro como cada mañana para desplazarme al trabajo. El convoy lo componen seis vagones que, una vez en la parada, ocupan todo el ancho de la estación. Calculo que hoy, como casi siempre, seremos una treintena de personas esperando su llegada. Incluso en alguna ocasión atisbo a ver algún rostro que me resulta familiar.
Se abren las puertas y dos terceras partes de los usuarios nos dirigimos mecánicamente hacia el primer vagón. Un vagón, por cierto, a rebosar de gente que se agolpa en la entrada, impidiendo el paso de los que deseamos acceder al tren. Entre empujones, codazos y el pitido de fondo que anuncia el cierre de puertas, logro hacerme un hueco.
Ahí están todos, apiñados junto a la puerta, esperando salir disparados cuando llegue su destino. Y ahí estoy yo, ubicado entre un señor de mediana edad al que le suda el cogote, un viejuno rancio y una estudiante de Filología algo desaliñada pero muy coqueta.
Hubiera bastado con acceder a cualquiera de los cinco vagones restantes para realizar el recorrido hasta mi parada con cierta holgura, sin las estrecheces propias de un espacio atiborrado. Observo con desgana que en ellos, los pasajeros van sentados, relajados, ojeando la prensa, escuchando música con sus auriculares, ajenos al desaguisado de nuestro compartimento. Pero yo he optado por el primer vagón. ¿Por qué narices? Pues porque cuando se abran las puertas, tendré a escasos metros las escaleras mecánicas que me llevan a la superficie y, de esta manera, me habré ahorrado una caminata de 15 o lo sumo 20 metros.
He pasado un cuarto de hora en un vagón, oliendo a sobado, sufriendo algún pisotón y haciendo malabares para mantener a duras penas el equilibrio, con el único propósito de salir el primero del tren, acceder rápidamente a las escaleras mecánicas y desaparecer cuanto antes de la estación. Un proceso en el que, como máximo, le habré ganado diez segundos a cualquier pasajero del tercer vagón.
Somos demasiado previsibles.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Hoy Soy el Papa


Inicio hoy una gira por el Reino Unido. Cuatro días recorriendo la isla con mi banda. La apretada agenda incluye una misa al aire libre en Glasgow, una ceremonia de beatificación de un cardenal, y un par de eventos en Londres y en Birmingham. Espectáculos que oscilan entre las cinco libras (seis euros) si el evento al que deseas acudir es en el Hyde Park de la capital inglesa hasta las 25 libras (30 euracos) para estar presente en el hit parade de la temporada: una aburrida misa en Birmingahm. Si lo que deseas es verme en acción en Glasgow tendrás que desembolsar 20 libras (unos 25 euros). ¿Qué os parece el tinglado que he montado?
Como si de un concierto de U2 se tratara, he decidido cobrar entrada para financiar mi viaje de Estado a la Gran Bretaña. Lo he llamado "pasaporte del peregrino", que siempre queda mucho más snob que hablar de ticket puro y duro.
Los fieles sueltan la pasta y yo les ofrezco a cambio un par de padresnuestros, un discurso en contra del uso del preservativo en el mundo, un avemaría purísima sin pecado concebida y una defensa a ultranza de los centenares de curas, sacerdotes y obispos pederastas que durante años han abusado de miles de niños en los cinco continentes bajo mi mirada cómplice.
El espectáculo está servido. Un cartel que sonrojaría a la mismísima Lady Gagá. Con la entrada al Hyde Park, además de mi sermón, el feligrés disfruta de la exhibición de The Priests, un trío de curas irlandeses que ya ha ganado un disco de platino.
Y, por supuesto, por la compra de cada pase, recibes el kit del peregrino, una bolsita que contiene un CD con toda la información de mi gira, un libro de oraciones y un paquete con material sanitario (en el que, obviamente, no encontrarás condones).
Firmó en una ocasión, hace ya muchos años, Manuel Vicent un artículo inolvidable al que tituló "Mil millones". Criticaba el escritor valenciano el despilfarro previsto por el arzobispado en Valencia para construir un templo valorado en mucho millones de las antiguas pesetas. Y terminaba el artículo con una reflexión tan mordaz como sensata: para rezar bastan dos rodillas.
Espectáculos como el que acabo de montar en el Reino Unido, con venta de localidades incluidas, sólo vienen a confirmar el camino equivocado que hemos tomado desde la jerarquía eclesiástica.
Un camino, creo, sin retorno.