martes, 21 de septiembre de 2010

Hoy Soy Teresa Lewis


Moriré, si el Tribunal Supremo de los Estados Unidos no lo impide, el próximo jueves 23 de septiembre a las 21 horas en el Greensville Correctional Center de Virginia. Y todo parece indicar que el alto tribunal no va a hacer demasiado para impedir que me convierta en la decimosegunda mujer ejecutada en mi país desde que se instauró la pena capital en 1976.
La número 12, como el número de apóstoles a los que admira y venera el gobernador republicano de ese estado, Bob McDonnell, defensor a ultranza de mi condena y de que los poderes públicos tengan plena potestad para quitar la vida de sus ciudadanos si tales fechorías son merecedoras de ese castigo.
No quiero morir. Y así se lo he hecho saber a mi abogado, a mi asistente espiritual y a aquellos que han querido escucharme en el corredor de la muerte en el que permanezco desde hace siete años. Pero mi angustia no sirve de nada en un país demasiado aficionado a liquidar a sus ciudadanos indeseables bajo la mirada cómplice de una Constitución que adora las armas.
Los hecho se remontan al año 2002. La noche del 30 de octubre, víspera de Halloween, preparé a mi marido y a mi hijastro, una noche ciertamente terrorífica: contraté a dos sicarios para que les descerrajan media docena de tiros y, de esta manera, cobrar un suculento seguro de vida. Un acción absolutamente reprobable, de la que me declaré culpable y que acabó con los dos autores materiales condenados a cadena perpetua. Pero en mi caso, el juez me acusó de autora intelectual y me definió -literalmente- como la "cabeza de serpiente" de esta macabra historia. Resulta, cuanto menos, curioso que los dos que dispararon el gatillo no tengan una cita con la la inyección letal y yo, en cambio, esté a punto de irme al otro barrio.
En mi historia hay, además, otro elemento para la reflexión: mi coeficiente intelectual -aquel por el que se rigen nuestros actos- es de 72. Roza el límite (70) por debajo del cual una persona es considerada deficiente mental y no puede ser ejecutada. Si una ejecución en si ya es motivo de repulsa, el ajusticiamiento capital a una (casi) retrasada mental es razón más que suficiente para oponerse frontalmente a esa injusticia.

9 comentarios:

  1. En plan facilón he mirado la wikipedia y éstas son las cifras de condenas a muerte ejecutadas en 2006:
    1. China (por lo menos 1.010)
    2. Irán (177)
    3. Pakistán (82)
    4. Iraq (por lo menos 65)
    5. Sudán (por lo menos 65)
    6. Estados Unidos (53)

    Y es que la pena de muerte no es más pena de muerte por practicarla los yanquis en estados republicanos.

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  2. Claro, pero es que pones países de tercera división que no se autoproclaman como árbitros del mundo, ejemplos a seguir y bla, bla, bla. Que lo haga Agfanistán me jode pero me importa un pito por su influencia planetaria. Pero que, EEUU, que va de país modelo y referente mundial, ejecute a gente me toca los cataplines. Con una sola ejecución ya me parecería una jodienda...

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  3. Amigo Deibid, tu respuesta daría para una larga contrarréplica, y ciertamente no me apetece andar contigo a la greña continuamente. Tal vez algún día de estos frente a una cerveza.

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  4. @pkador me apunto a la cerveza pero en un lugar "centrico", ja,ja,ja,ja, , al amigo cuando no le gusta algo, o le das en el clavo a veces da la callada por respuesta....es un pelin "cobarde"-

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  5. acepto esa birra.... creo que será a 2.000 mts de altura ( metro arriba, metro abajo) tras un par de "rojas" (sí, ya sé que no te apasiona este color, ja, ja,ja) y alguna negra peligrosa ( con curvas). Tú ya me entiendes....

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  6. paga deibid que dentro de poco cumple años

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  7. QUE COMENTARIOS ESTÚPIDOS !!! ASÍ ESTÁ EL MUNDO ,ESTOS SI SON DE UN COEFICIENTE INTELECTUAL ...¡¡¡

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