martes, 26 de octubre de 2010

Hoy Soy Roser Reverté


El azar coquetea en ocasiones con nuestras vidas de manera tan cruel que uno no puede dejar de preguntarse porqué es el elegido. En mi caso, el lado más oscuro del destino me zarandeó con tanta fuerza en dos ocasiones seguidas que jamás llegaré a entender las razones que le llevaron, sin avisarme, a interponerse de esta forma en mi camino.
La madrugada del 22 de julio de 2008 mi vida cambió para siempre. Ese día recibí una llamada de los Mossos d´Esquadra alertándome que mi hijo pequeño David, de 16 años, había sido mortalmente atropellado por un camión en la N-340, a la altura de Alcanar, en la provincia de Tarragona. El drama provocado por un aviso de esta índole no es tan infrecuente. Cada año, tres mil familias (es el número de muertes anuales en las carreteras de nuestro país) reciben en algún momento una llamada que altera, de repente, sus vidas.
Sin embargo, hay algo en mi historia que la convierte en excepcionalmente dura: David tenía previsto someterse voluntariamente, sólo un mes más tarde, a un trasplante de médula ósea para tratar de salvar a su hermano mediano, enfermo de cáncer, en fase avanzada. Era el único donante 100% compatible, la única persona capaz de darle una oportunidad para que siguiera vivo. Pero ese camión se cruzó con violencia en su vida y en las nuestras.
El 22 de febrero, exactamente siete meses después (de nuevo el destino quiso que la fecha de ambas muertes fuera el mismo día) mi hijo murió de cáncer, esperando un trasplante que nunca llegó. Los he perdido a los dos en siete meses. Hoy, dos años más tarde, las sonrisas de mis nietos y de mi único hijo vivo logran, a duras penas, que no me derrumbe.
Pero hay, además, otro elemento trágico y actual en toda esta desgarradora crónica vital. Hace tres semanas un juzgado nos notificó que Logtravi, la empresa propietaria del camión que mató a mi hijo, ha presentado una reclamación de daños y perjuicios por un importe de casi cinco mil euros por los deterioros que el cuerpo inerte de David produjo en el radiador del vehículo (el juicio está previsto para el mes de marzo del año que viene).
De nuevo la desolación golpea mi mundo y trata de hacerlo añicos cuando había logrado empezar a levantarme.
¿Por qué?

3 comentarios:

  1. Albert Einstein dijo: "Tendremos el destino que nos hayamos merecido". Siempre he creído en esta afirmación y, sin embargo, al conocer, historias tan duras como ésta, me planteo tantas cosas....

    ResponderEliminar
  2. antropologa inocente26 de octubre de 2010, 23:06

    cielo mio.......no te preocupes albert einsten decia muchas tonterias......no te preocupes....el destino no lo conocemos, deja que te sorprenda y no pienses mucho....

    ResponderEliminar