martes, 16 de marzo de 2010

Hoy Soy José Ángel Arregui


En mi largo peregrinar docente he impartido clases de Religión y Educación Física. Pero, sin duda, mi materia favorita ha sido siempre la Lengua. Húmeda, carnosa... Durante veinte años, he sometido a mi voluntad a centenares de niños a los que amedrentaba y coaccionaba en nombre del Señor. En todo este tiempo he coleccionado más de cuatrocientas horas de vídeos pedófilos y más de dos mil imágenes que incluyen material pornográfico infantil, homosexual, lésbico, sado y fetichista. Bastaba una certera dosis de persuasión e invocar al Altísimo para convencerles de que se desnudaran. Siempre en nombre de Dios. Un dios, por cierto, que no les acompañó jamás cuando accedían a mis juegos perversos.
Dos fueron, posiblemente, mis mayores logros para alcanzar impunemente mis objetivos. Uno de ellos, la medición. "Estoy elaborando una tesis doctoral (sic) sobre la flexibilidad en la adolescencia y para ello necesito mediros", explicaba a este conjunto de chavales absortos en mis elucubraciones. "Desnudaos para poder medir las distancias entre mano y codo, entre rodilla y nalga... también el perímetro de vuestros penes". Y esos penes crecían de tamaño. Y yo encontraba, entonces, más y más argumentos en favor de mi falso doctorado.
Del otro logro aún me siento, si cabe, más satisfecho. Les invitaba a la proyección de un vídeo contra ese horrendo acto criminal llamado aborto. "La vida, como muy bien sabéis, comienza desde el mismo momento de la eyaculación", señalaba a un reducido grupo de púberes que me escuchaba con devota atención. Y para demostrables esta verdad incontestable les invitaba a que se masturbaran frente a mí para después ver su semen en el microscopio. Con una fidelidad inquebrantable, ese tropel de ingenuos adolescentes cumplía mis ordenes a rajatabla.
Probablemente muchos de estos niños, hoy convertidos en adultos, se preguntaron una y otra vez durante aquel infierno, en el silencio de sus habitaciones, tras regresar de la escuela, dónde narices estaba su dios cuando yo les obligaba a que se corrieran en mis narices. Ese mismo dios, al que invocábamos una y mil veces en nuestros rezos diarios frente a un crucifijo, se mantuvo siempre al margen de mis múltiples fechorías.
¡Cuánta incoherencia, dios!

6 comentarios:

  1. lA IGLESIA LLEVA DEAMSIADO TIEMPO EN SILENCIO, OCULTANDO, TAPANDO..NO SE COMO DURANTE TANTISIMOS AÑOS HAN PODIDO DORMIR TRANQUILOS, ESTE TEMA ES LO MAS VIL, Y HORRIBLE QUE UN SER HUMANO PUEDE LLEGAR A COMETER, ES HORRIBLE, PERO HAY QUE APLICAR LA LEY CON CONTUNDENCIA Y CAMBIARLA, QUE SE PUDRAN EN LA CARCEL HASTA EL FIN DE SUS DIAS.(NO HACE FALTA QUE SEAS TAN EXPLICITO EN TU RELATO, EL MENSAJELLEGA IGUAL DEIBID)

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  2. Ya, pero me ofusca tanto que deseo ponerme en la piel de estos hijos de su santísima madre (nunca mejor dicho)

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  3. HOUSE HA VUELTO EN SU SEXTA TEMPORADA.

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  4. Este tema me supera,como puede haber tantisimo anormal suelto?? y tantisimos en el seno de la iglesia, esto es tremebundo y nauseabundo!!!!!!!!!!!!!

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  5. Esto es como una pelicula de terror, pero que no tiene final y no es pelicula-

    cuddy , saluda a greg de mi parte

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  6. Mi primer novio estudio en los jesuitas de San viator, tendré que preguntarle, que horror!!!!!!!!!!!!!!!!!! esto es una lacra!

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