jueves, 19 de marzo de 2015

Hoy Soy Gigi Chao



Hoy, día del padre, recupero este artículo que escribí hace un par de años y que adquiere más vigencia que nunca. 



Abro el diario desde mi retiro francés y ojeo una noticia que me llama la atención por el simple hecho de que soy la protagonista. Mi padre, Cecil Chao, acaba de ofrecer 50 millones de euros al tipo que se case conmigo. 
Papuchi nunca se hizo a la idea de tener una hija lesbiana. Él, acostumbrado a follarse a mujeres esculturales, acostumbrado a que ninguna hembra le negara un polvo, acostumbrado a que nadie le tosiera cuando de sexo se trataba,  sigue sin asimilar que yo esté enamorada y comparta mi vida con una persona del mismo sexo. 
Papuchi es así de mentecato. A sus 76 años, está más interesado en emular al dueño de Playboy, que de preocuparse por mi felicidad. Sólo desde el ostracismo ideológico, desde la imbecilidad intelectual es posible entender un gesto tan poco paternal. El dinero como única herramienta para doblegar las voluntades de cualquier ciudadano. Aunque sea tu propia hija.
Papuchi es la leche. Creció a la sombra de mi abuelo, un hombre de negocios regio y machista, que le trasmitió esos valores retrógrados que parecen pasar de padres a hijos con la misma facilidad con la que se trasmite el virus de la gripe. 
Papuchi comenzó a perderme hace años y ahora, en una maniobra tan absurda como ineficaz, me ha perdido para siempre.  Yo sigo en París con mi trabajo y con mi pareja, Sean Eav. Junto a ella he encontrado una felicidad que jamás hallé en Hong Kong, bajo la influencia de un padre que es capaz de ofrecer una ingente suma de dinero con tal de que vuelva al redil de la heterosexualidad forzosa.
Desde mi apartamento francés, me río a carcajadas pensando en las miles de misivas que habrá recibido desde que decidió publicar esta absurda propuesta. Tipos de todos los rincones del mundo, preocupados  exclusivamente en hacerse con ese botín de 50 millones de euros, ofreciéndole sus bondades y sus encantos como amantes ideales para una chica lesbiana de buen ver:  "La haré feliz", "Lograré que dejé de ser tortillera", "Con dos polvazos de los míos, la hago heterosexual", "Se va a enterar de lo que vale un peine"…  
Doblo la oferta. 100 millones de euros para quien logre que Cecil Chao, mi padre muy a mi pesar, se enamore de su guardaespaldas.

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