martes, 17 de enero de 2017

Hoy Soy Pepita Vilallonga


Frente a la evidencia no sirve la videncia ni la e-videncia, el formato 2.0 de esta extendido engaño televisivo con el que yo y un puñado de farsantes logramos día a día embaucar a miles de ciudadanos emocionalmente perdidos. 


La evidencia en este caso tiene nombre de mujer de 77 años y con trastornos de personalidad, que me acaba de denunciar por una presunta estafa de 300.000 euros. Todo apunta a que yo y mis secuaces logramos (de nuevo "presuntamente") que esta mujer, que me contactó a través de mi programa de televisión, se deshiciera de todos sus ahorros y esa ingente cantidad de pasta gansa acabara en mis bolsillos. ¿Cómo? Pues a base de palabrería. Porque bastan unas cartas y unas sílabas bien pronunciadas en el momento justo para atraer a cientos de personas que necesitan oír lo que yo les voy a explicar. Y luego rematarlas en cualquier parte, abusando de su fragilidad. 

La evidencia es comprobar cómo la ley ha dejado una puerta abierta para que los videntes campemos a las anchas en cadenas de televisión, prometiendo felicidad a cambio de un número de cuenta corriente o una tarjeta de crédito. Una confusa normativa legal que ampara la existencia de estos servicios de videncia y astrología sin poner coto a tanto despropósito. 

La evidencia es permitir que entre mis colaboradores haya supuestos terapeutas con títulos de tanto prestigio internacional como la fastuosa Universidad Abierta de Ciencias Avanzadas de Florida de EEUU que, curiosamente, tiene su sede en la calle Sepúlveda de Barcelona. Y que nadie se extrañe de que esta ubicación esté a 6.000 kms de su lugar de origen. 

La evidencia es que nos hayamos hecho un hueco importante en este "mercado de la felicidad", garantizando a nuestros clientes tener una relación duradera con Angelina Jolie, echar polvos infinitos con Brad Pitt, vivir más años que Matusalén, hacer tríos con mulatas de infarto, correr maratones en menos de dos horas, perder 20 kilos en una semana, acceder a la presidencia de Apple, rejuvenecer 40 años o volver a hablar con nuestros bisabuelos desde el sofá de casa. 

Todo eso es evidencia. El resto, videncia. 


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