miércoles, 15 de marzo de 2017

Hoy Soy Mauricia Ibañez

Ser madre a los 64 me ha llevado a la portada del diario El País. Las redes sociales se han llenado  de numerosos mensajes de rechazo ante lo que consideran una irresponsabilidad social. Y claman para que me retiren la custodia de Gabriel y María, mis gemelos que ahora ya tienen un mes de vida. Los medios de comunicación y la sociedad en general debaten con una vehemencia inusual entre si es ético que haya dado a luz a la edad de mi jubilación o si este pequeño milagro, obra de los avances científicos, es un paso más en ese fascinante desafío de la ingeniería molecular por saber hasta donde llegan los límites del cuerpo humano.   
La mayoría argumenta su rechazo exclusivamente en mi avanzada edad: "¿Qué será de esos niños cuando yo muera? Serán aún muy pequeños y quedarán desamparados", se lamentan. 
No, queridos lectores, esa no es la cuestión. Porque si una sociedad tuviese la capacidad de decidir sobre la idoneidad de la maternidad, basándose únicamente en criterios tan subjetivos como la incertidumbre del futuro, me vienen a la cabeza  un gran número de padres que jamás pasaría el corte. 
Yo me pregunto: ¿Tiene derecho a ser madre, por ejemplo, una mujer soltera que viaja constantemente por motivos profesionales y deja a sus hijos a cargo de algún amigo o familiar?  ¿Tiene derecho a ser madre una mujer con pocos recursos económicos que decide tener familia numerosa? ¿Tiene derecho a ser madre una mujer que ha sufrido alguna depresión previa a su embarazo?  En todos los anteriores supuestos, mi respuesta  es afirmativa porque creo que ninguna sociedad deba coartar la libertad individual sobre  una decisión tan personal (salvo que, lógicamente, un tribunal lo impidiera esgrimiendo razones jurídicamente fundamentadas. Por ejemplo: quedar inhabilitada por incapacidad mental).
Se me ha hecho un juicio mediático antes de tiempo. Cierto es que he perdido la custodia de mi otra hija (que tuve a la edad de 54 años) pero ese argumento no es suficiente para que no pueda volver a ser madre. Miles de mujeres han repetido la experiencia de serlo tras haber perdido una custodia con anterioridad. Y ningún medio de comunicación se ha hecho por ello eco del asunto. 
No me juzguéis por si seré capaz o no de ver a mis hijas cumplir la mayoría de edad porque eso forma parte de mi decisión personal y traspasar esa barrera resulta ciertamente peligroso. El debate es otro muy distinto: ¿Dónde está el límite biológico del ser humano? Ese reto sí que resulta fascinante (por esperanzador o aterrador). Os lanzo la pregunta y mientras tanto me vais a permitir que os deje porque es la hora de dar el pecho... perdón, el biberón. 

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