martes, 22 de marzo de 2011

Hoy Soy Ahmed Tommouhi


El País acaba de publicar, bajo un título un tanto desalentador -La última oportunidad de Ahmed- una pequeña crónica sobre mi vida. Es, para quien no haya conocido mi calvario, un escueto pero claro resumen de mi odisea desde que, hace dos décadas, puse un pie en España. He pasado 15 años en la prisión de Can Brians por una serie de delitos de violación que jamás cometí.
Durante todo este tiempo, y a pesar de que el propio Tribunal Supremo recomendó mi indulto en el año 2000 por las "dudas fundadas sobre mi culpabilidad", prácticamente nadie movió un dedo para lograr mi excarcelación.
Un moro sin papeles, recién aterrizado en un país extranjero, tenía todos los boletos para ser un jodido violador sólo con el testimonio dubitativo de una de las víctimas. Poco importaron entonces, las numerosas pruebas que demostraban mi inocencia.
Hoy, un diario de gran tirada recupera mi historia y le dan nuevamente una proyección mediática. Pero llevo demasiado tiempo llorando en silencio, clamando por una inocencia que nunca llega, tratando de limpiar mi nombre.
Hace cuatro años, la persona que escribe este blog me entrevistó en un pequeño bar de una localidad cercana a Barcelona. Dos meses antes me habían concedido la libertad condicional y aún no sabía muy bien qué hacer con ella.
David escribió para una revista de tirada nacional un reportaje que tituló "Ni me han pedido perdón". Recuerdo que, en un momento de aquella charla informal en el rincón oscuro de aquel bar cochambroso, me preguntó: ¿Cómo te encuentras? Y yo le contesté: "He estado encerrado más de 15 años y ahora que estoy fuera no me queda sabor a nada. Ni de mis hijos ni de mi mujer ni de mis amigos. Simplemente estoy en este mundo. Eso es lo que siento".
Hablamos durante casi dos horas. Al acabar, él se levantó para pagar las cuatro cocacolas que bebimos durante este fugaz encuentro. Pero no le dejé. Aboné las consumiciones, le di un apretón de manos y me despedí desde la entrada del bar. Caminé calle arriba y observé de reojo que me seguía con la mirada. Sé que jamás olvidará esa entrevista ni la lección vital y emocional de un hombre destrozado por su destino, al que no le quedaba absolutamente nada pero que, aún así, quiso pagar las bebidas.

Conoce mi historia:
La última oportunidad de Ahmed

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