martes, 7 de febrero de 2012

Hoy Soy Caroline Lowell

Fallecí el pasado 23 de enero tras dar a luz en mi casa de Melbourne. Un repentino ataque al corazón y una hemorragia no controlada acabaron con mi vida. Afortunadamente mi hija Zahra logró sobrevivir. Probablemente mi historia no hubiera llamado la atención de los medios de comunicación si no fuera por un detalle: durante años fui una firme defensora del parto en casa. 
Frente a una excesiva medicalización, cada vez más extendida en los hospitales de medio mundo, luché durante años para que el momento del alumbramiento se convirtiera en un instante íntimo entre madre y recién nacido. Con la ayuda de una matrona y acondicionando la vivienda para que el parto sea lo más seguro posible, no hay razón para que haya complicaciones. Así han parido millones de madres a lo largo de la historia. Algunas se quedaron en el camino pero la gran mayoría dieron a luz, incluso en condiciones mucho más precarias que las actuales. 
Mi muerte ha dado alas a los detractores de los partos en casa. Argumentan que sigue sin ser seguro, que es peligroso, casi insalubre. Sin embargo, esta defunción no hace más que reafirmar el convencimiento de que hice lo que quería.  Si nos atuviéramos sólo a las recomendaciones de las grandes Aseguradoras, a los lobbys farmacéuticos o a las empresas de salud que cotizan en bolsa, probablemente la mayoría de las mujeres darían a luz en días programados. Esa es la tendencia cada vez más extendida en las clínicas y hospitales privados donde los ginecólogos evitan tener que trabajar los fines de semana. 
Yo la guiñé un lunes. No me alegro, por supuesto, de haber dejado a mis dos hijos huérfanos de madre pero estoy segura de que algún día entenderán que mi opción de traerlos al mundo fue tan válida como cualquier otra.

1 comentario:

  1. Buffffffffffffffffffffffffffffffffffffff, la libertad ante todo....pero bufffffffffffffffffffffffffffffffffff.


    oye guapo me alegro de que esto rule,,,,,,, señal de que tu tambien rulas.

    ResponderEliminar