miércoles, 9 de febrero de 2011

Hoy Soy José Carnero


Cinco minutos de gloria. Un efímero lapso de tiempo en el que por arte de magia nos sentimos los reyes del mundo. Basta que alguien nos de la oportunidad para exprimir esos segundos que nos convierten de repente en una celebridad. Y, de inmediato, se pone en marcha todo un mecanismo que nos aboca sin remedio al cielo o al abismo. Sentimos que el mundo nos pertenece y no queremos desaprovechar esa oportunidad. Comprobamos que alguien se preocupa -ficticiamente- por nuestro mundo y nos abrimos como la cola de un pavo real. No somos nosotros los que hablamos sino nuestro subconsciente. Ese otro yo, más pueril, agazapado en nuestro interior y deseoso de explicar al resto del planeta cosas que siempre ocultamos. Nos gusta la fama. Nos gusta ser el centro del Universo. Nos gusta.
De repente, un click, una grabadora en marcha, el flash repentino de una cámara, una alcachofa enganchada a nuestros labios, una reportera metementodo, un redactor empalagoso. Y se desencadena un terremoto de consecuencias imprevisibles. Donde dije digo, digo Diego. Ya nada es como antes. Las reglas han cambiado. Estás delante de un periodista que es capaz de regalarte toda la gloria que no has atesorado a lo largo de tu vida. Y te sueltas. Y ya todo te da igual. Y no mides las consecuencias.
Eso es precisamente lo que me ocurrió hace un par de semanas. Llevaba más de tres años en prisión por el asesinato de Pilar Palacios, una prostituta de 34 años que apareció muerta en mi vivienda, en una pequeña aldea gallega. Hace unos días un jurado popular me absolvió del asesinato a pesar de las numerosas pruebas en mi contra. Cuando, una vez en la calle, un periodista del diario "La Voz de Galicia" me hizo una entrevista sobre mi recién ganada libertad, con una naturalidad desconcertante, contesté: "Yo la maté. La traje a casa y después la maté. No hay pruebas, pero hacerlo, lo hice".
Cinco minutos de gloria y... ya nada volverá a ser como antes. Nada.

La cara B: hoysoyo ( José carnero)

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