miércoles, 23 de febrero de 2011

Hoy Soy Gadafi


Cuando hace 30 años Tejero se encaramó a la tribuna del Congreso de los Diputados, pistola en mano, yo ya llevaba más de diez intimidando al pueblo libio. Una década ahogando las ilusiones de una población amedrentada. Son tantos años los que llevo en el poder que se me ha ido la chaveta. No distingo ya la realidad de la ficción y soy capaz de asegurar que aquellos que tratan de derrocarme son simplemente un grupúsculo de "jóvenes drogados".
Cuando hace 30 años ese teniente coronel de mostacho imposible disparó su revolver ante la mirada atónita de decenas de diputados, yo ya amenazaba al pueblo con la horca si se atrevía a poner en duda mi autoridad.
Son las cosas de ser un dictador. Que uno hace lo que le sale literalmente de los cojones. Pero en mi caso con un poso de cinismo que vale la pena mencionar: durante los últimos años he sometido a sangre y fuego a mi país bajo la mirada cómplice de los países occidentales. Ahora claman al cielo y exigen mi destitución, pero durante años cerraron los ojos a cambio de muchos barriles de petróleo y de la contención de un millón de inmigrantes procedentes del África negra a los que no permito salir de mi territorio. Son moneda de cambio, carnaza para que los dirigentes europeos estén contentos y puedan explicar a sus electores que el tema de la inmigración está bajo control. ¡Cuánta hipocresía!
Cuando hace 30 años el gordinflón del tricornio bramaba en el hemiciclo, mi familia y yo despilfarrábamos millones para satisfacer los caprichos más inverosímiles. Basta poner como ejemplo el millón de dólares que uno de mis hijos desembolsó para escuchar en directo en Trípoli media docena de canciones de Maria Carey.
Si lo del 23F te resulta lejano, imagina hasta qué punto los libios deben de estar hasta la coronilla de mi presencia. Llevo exactamente 41 años y seis meses anclado en el poder.
Ya está bien ¿no?

La cara B: hoysoyo (Muamar el Gadafi)

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